ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Misuko, representante de la trovadora Liuba María Hevia, colorea personajes infantiles con las ancianas de la Casa de Abuelos Vilma Espín. Foto: Verónica Núñez

Una mañana, a la Casa de Abuelos Vilma Espín, en el habanero municipio de Playa, llegó la chelista Isabel Paula García Rodríguez, y allí, conversó con las ancianas y afinó su instrumento, mientras esperaba a Yeney González Misuko, la representante de la trovadora cubana Liuba María Hevia.

Cuando Misuko llegó, organizaron el salón con sillas, mesas, crayolas y lápices de colores, para compartir con las adultas mayores un rato. Colorearon dibujos con los personajes de las canciones de Liuba, escuchando de fondo sus dulces melodías.

Colorear produjo varios efectos secundarios: las ancianas, concentradas en su tarea, devolvían el gesto de las artistas con anécdotas de su niñez y se dejaban asistir por ellas cuando sus vistas no podían detallar partes de los dibujos.

Al finalizar, se movieron hacia el salón contiguo para disfrutar de una detallada explicación sobre la historia del violonchelo, fundamentada con ilustraciones y partituras puestas sobre el atril, por parte de la instrumentista, quien también les dio la oportunidad a ellas de tocar.

En las casas de abuelos cubanas llegan diariamente adultos mayores a compartir la mañana y la tarde, y realizan actividades terapéuticas, culturales y recreativas para mejorar la calidad de vida, mientras sus familias trabajan.

La visita de Isabel Paula y Misuko no fue una decisión deliberada. Misuko articula los proyectos sociales de Liuba María Hevia, nombrada en 2012 Embajadora de Buena Voluntad del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) en Cuba. Isabel es una colaboradora constante.

Hevia honra su título con un arduo trabajo con la infancia y la tercera edad, en distintos escenarios a lo largo de todo el país. Cada presentación suya guarda un mensaje de derechos, cuidado y esperanza.

A lo largo de su carrera, ha convertido sus giras, conciertos y viajes en oportunidades para hacer trabajo social. Esta faceta la sitúa en sintonía con sus dos proyectos sociales: Mi niña imaginada y Ángel y Habanera, con un centro común: la sensibilidad humana.

Ambos proyectos reflejan un compromiso con la promoción de valores humanos, la sensibilidad artística y la construcción de espacios de participación comunitaria, en los cuales la música y la creación se convierten en herramientas para fomentar la inclusión, la identidad cultural y el desarrollo social.

Para Yeney González Misuko, como representante de Liuba, gestionar estos proyectos la conecta con lo esencial a nivel personal, y le ha marcado una manera de hacer gestión cultural desde lo profesional.

Junto a la responsabilidad de representar a Liuba en todo lo que realiza en Cuba, esta labor es una de las partes más importantes de mi trabajo y de mi vida. No los separo, explicó.

¡LA INFANCIA MERECE ARTE, AMOR Y MAGIA!

El Proyecto Social Mi niña imaginada comenzó en los años 80 del pasado siglo, dirigido por Liuba María Hevía y Ada Elba Pérez, compositora de la mayoría de las canciones del disco Travesía Mágica, un clásico en la discografía infantil cubana y el más editado en su género.

El primer nombre del proyecto fue Señor Arcoíris y tras el inesperado fallecimiento de Ada Elba, Liuba decide sostenerlo, pero lo titula Travesía Mágica, afirmó Misuko.

Los integrantes de este comenzaron su labor en hospitales pediátricos, especialmente en las salas de oncología y se extendió luego a barrios populares y escuelas especiales. Al mismo tiempo, realizaban conciertos en los más diversos teatros del país.

Mi niña imaginada busca aproximar la infancia al arte cubano y a la obra de Liuba, mediante experiencias vivas que estimulen la creatividad, la lectura, la expresión artística y la construcción de valores, garantizándoles el acceso cultural para todos, sin excepción en cuanto a contexto social, económico o geográfico.

LA OBRA DE LIUBA TAMBIÉN LLEGA A LOS ADULTOS MAYORES

El proyecto Ángel y Habanera tiene su sede en el municipio Habana Vieja. Está dedicado a la ancianidad, toma su nombre de un tema musical emblemático de la obra de Liuba, y es, además, defensor de uno de los géneros más cubanos y universales: la Habanera.

Tiene como objetivos preservar y promover el legado del repertorio para adultos de la cantante, difundir su catálogo de más de 20 discos, resaltar su aporte a la canción cubana contemporánea y acercar su quehacer a públicos diversos en todo el país.

La trovadora y su equipo insisten en crear espacios de acompañamiento emocional y cultural, llevando su música a hogares de abuelos, centros de personas con discapacidad, instituciones comunitarias y escenarios donde la canción pueda sostener, acompañar y transformar la vida de estos.

Trabajamos en transformar las acciones actuales, pequeñas pero profundas, en un programa estructurado y creciente, presente en provincias, comunidades rurales, instituciones culturales y eventos, hasta consolidar Ángel y Habanera como un Proyecto Social y Artístico de alcance nacional, manifestó la representante de Liuba.

El valor social es inmenso. Nosotros trabajamos desde lo emocional, lo humano, creando espacios donde las personas puedan sentirse acompañadas, destacó Misuko.

Además, son proyectos que ayudan a construir comunidad, a generar vínculos en lugares donde muchas veces hay carencias afectivas importantes. Nosotros creemos que el arte tiene que llegar a todos, pero sobre todo a quienes más lo necesitan, insistió.

Mi niña imaginada y Ángel y Habanera han contado con el apoyo de artistas y colaboradores, entre ellos la cantautora colombiana Marta Gómez, durante una visita a Cuba. Sus organizadores integran otras manifestaciones como la danza y las artes plásticas, con representantes conocidos y anónimos.

Misuko e Isabel se fueron de la Casa de Abuelos Vilma Espín con la promesa de volver en próximas ocasiones. En el salón, las ancianas ya no coloreaban, pero, cumpliendo el sueño y motivación principal de Liuba y sus proyectos, encontraron, durante un par de horas, cobijo en la música.

Loli, de 90 años, juega a tocar el violonchelo durante la visita del proyecto Ángel y Habanera. Foto: Verónica Núñez
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