ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Unidos desde siempre por sentimientos sagrados. Foto: Arnaldo Santos

Fue la estrella elegida la que hizo más fuerte aún la natural hermandad de Fidel y Raúl. Más que la confluencia propia del hogar común, más que la que garantiza la amada ascendencia familiar, más que la que siembran para el futuro la infancia y la adolescencia compartida.

Aunque diferentes, unidos desde siempre por sentimientos sagrados: los del hermano que siendo 5 años mayor, cree que puede contribuir a encauzar la vida del otro; los del adolescente que admira a su hermano Fidel, y sin pensarlo dos veces, dejará Birán, y lo seguirá a La Habana. 

Formarlo llevaría, sin dudas, exigirle largas horas de lectura. «El primero que le dio a leer fue El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, de Engels, y luego otros en lo que significó una trascendente influencia en el joven, cuyo pensamiento se radicalizó casi a la velocidad de la luz», refiere la periodista Katiuska Blanco, en su Biografía de Fidel.

No hubo que forzar nada. El entorno hostil y abusivo que se vivía en la Isla resultó harto elocuente para Raúl, y comprendió que su vida estaría dedicada a cambiar esa realidad. Pronto se convirtió en un activista en contra del poder opresivo. Su llama política sería Fidel.  

Juntos compartirán los sueños de justicia; juntos estarán en los afanes para cambiar el rumbo lamentable de Cuba; juntos, con los jóvenes que, alentados por la FEU, marcharon la víspera de aquel 28 de enero de 1953, con antorchas encendidas hasta la Fragua Martiana, para honrar al Apóstol en el año de su Centenario; juntos, gritando, en la noche iluminada –¡Revolución!

Junto a Fidel, Raúl participó en los preparativos para el Asalto al Cuartel Moncada. En la gesta tuvo su misión, que cumplió audazmente.

Con Fidel y los moncadistas, sufrió prisión; con Fidel y un grupo de extraordinarios revolucionarios, preparará en México todo lo concerniente al futuro desembarco del Granma, y con él llegará nuevamente a la Isla;  con Fidel se encontrará en Cinco Palmas, después de días angustiosos; a Fidel le escuchará decir entonces, ante un grupo de ocho hombres con siete fusiles:  –Ahora sí ganamos la guerra.

Estos y muchos otros ejemplos dan muestra de la entereza de Raúl Castro, hombre de confianza del Jefe de la triunfante Revolución Cubana, y él mismo también líder de ella.

Por eso, cuando en diciembre de 1975 sesionó en La Habana el Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba, y resultó electo Segundo Secretario de la organización, fue ovasionado Fidel, al esgrimir los argumentos sostenidos:

«Se sabe que en nuestro Partido y en nuestra Revolución no puede existir, ni existirá jamás, el familiarismo; ¡se sabe eso! A veces dos cuadros se juntan: el caso de Raúl y de Vilma, y son familia. Y así otros casos de otros compañeros. Pero en nuestro Partido, donde el mérito tiene que prevalecer siempre, ni la amistad ni la familia son, ni serán jamás, factores a considerar.

«(…) En el caso del compañero Raúl, en realidad es para mí un privilegio que, además de un extraordinario cuadro revolucionario, sea un hermano. Esos méritos los ganó en la lucha y desde los primeros tiempos. La relación familiar sirvió para que lo enrolara en el proceso revolucionario, lo invitara al Moncada. ¡Ah!, pero cuando allí, en la Audiencia de Santiago de Cuba llega una patrulla y los hace prisioneros, si Raúl no hace lo que hizo en ese instante, hace mucho tiempo que no existiría Raúl, que fue quitarle la pistola al jefe de la patrulla y hacer prisionera a la patrulla que los había hecho prisioneros a ellos. Si no hace eso, a todos ellos los habrían asesinado algunas horas después en el Moncada. Y ese fue el comienzo. Y la prisión, y el exilio, y la expedición del Granma, y los momentos difíciles, y el Segundo Frente, y el trabajo desplegado durante estos años.

«Lo digo y lo recalco, porque es necesario expresar hasta qué punto en nuestra Revolución el criterio que se impone y se impondrá siempre es el mérito, y jamás ninguna consideración de tipo de amistad o de familia. Los cubanos comprendemos bien todo esto, pero también es necesario que se comprenda fuera de nuestro país», explicó entonces Fidel.

Raúl, el que fue elegido, por la Asamblea Nacional del Poder Popular, en 2008, presidente de los Consejos de Estado y de Ministros; el que sucedió a Fidel como Primer Secretario del Comité Central del Partido; el que leyó, profundamente conmovido, la noticia de la muerte física de Fidel, aquel 25 de noviembre, cuando un pueblo a lo largo y ancho de la Isla lloró al Comandante en Jefe, es el mismo querido Raúl que este viernes, en la Tribuna Antimperialista, fue respaldado por el pueblo cubano, consciente de su íntegra hoja de vida, demostrada en su brillante ejecutoria como uno de los artífices de la Revolución Cubana.

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