ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
No era una niña cualquiera, «niña prodigio», la llamaron. Foto: Internet

«Ámame!... tu ternura me hace falta

Para aceptar el fardo de la vida».

Juana Borrero

Dicen que cuando cayó en combate en la manigua, el mambí llevaba en su camisa una hoja de papel en la que estaba escrito el último poema que dictara su novia; y en el reverso, unas líneas añadidas por él.

Carlos Pío Uhrbach tenía solo 25 años en aquel momento aciago, pero para entonces ya sabía lo que eran el dolor y la desesperación. Hasta Estados Unidos había ido, antes de sumarse a la guerra, para ver el pedazo de tierra frío bajo el cual enterraran a su amada.

«¡Carlos Carlos! ¡Mi amor mi dueño, alma mía! ¿¡Sabes cómo te amo!? ¿Lo sospechas siquiera? Eres mío, mío como yo soy tuya... te pertenezco... desde antes de que tú me pertenecieras. Mi ideal supremo es estar siempre a tu lado, cuidarte, consolarte, alentarte, esperarte, be... besarte, estar cerca de ti, hacerte dichoso como mi solicitud, con mi ternura... nunca jamás traicionarte con nada ni por nada... y nada más. ¡Piensa!»

Y en ella pensaba, hasta el desasosiego. Tal vez su nombre fuera el último fogonazo de luz, antes de la nada: ¡Juana! ¡Juana Borrero!

***

La casa del doctor, literato y patriota Esteban Borrero, en Puentes Grandes, no solo fue el hogar de su familia, en la que convergían las estirpes del conquistador Francisco Pizarro, por un lado, y de Gertrudis Gómez de Avellaneda, por el otro; sino también del modernismo incipiente en la Isla.

En aquellas reuniones conoció su hija Juana Borrero –nacida en 1877– a mucho de lo que valía y brillaba de las artes de su tiempo; los otros también la conocieron a ella. No era una niña cualquiera, «niña prodigio», la llamaron: a los siete años escribió el primer poema; a los nueve ya era alumna de San Alejandro.

Daba la impresión de que lo había leído todo. En pintura no se quedaba atrás, Armando Menocal confesó que después de unas cuantas lecciones ya no había tenido nada esencial que enseñarle. Parecía especialmente dotaba para capturar las almas ajenas y para hurgar en la suya propia.

Fue en su casa donde conoció a Julián del Casal; la imantación era mutua, pero se mantuvo en los lindes de lo amistoso e idílico: En ti veo la tristeza / de los seres que deben morir temprano, escribió él. No obstante, se marchó antes Casal, en 1893, y su presencia siguió acompañándola hasta el fin.

***

Excelente sonetista –para unos críticos romántica tardía y para otros, modernista– Juana despertaba el asombro entre sus contemporáneos. A los 14 años, versaba en Apolo: Contra su pecho inmóvil, apretada / Adoré su belleza indiferente, / Y al quererla animar, desesperada, // Llevada por mi amante desvarío, / Dejé mil besos de ternura ardiente /Allí apagados sobre el mármol frío.

Varias publicaciones seriadas acogieron sus textos. En 1892 viajó a Nueva York con su padre, donde estudió pintura. Según apuntó Cira Romero en la antología poética Mi desposado, el Viento: «aunque no ha podido ser verificado históricamente, se dice que José Martí ofreció una velada literaria en su honor en Chickering Hall». Rubén Darío manifestó también interés por ella.

La fascinación por su obra la sobreviviría. Para Lezama sus poemas eran tersos y acabados, y la calificó como una figura enigmática única en nuestra poesía. Sobre la obra Pilluelos (1896), que se conserva en el Museo Nacional de Bellas Artes, apunta el autor de Paradiso:

«La primera fascinación que provocan es el mantener tanto tiempo su sonrisa frente al pincel. Han logrado una especie de continuo de la sonrisa (…) Las vivencias profundas que produce la contemplación (…) son semejantes a las que produce La Gioconda. No creáis que deliro».

Max Henríquez Ureña agrega: «Su corta producción, en su mayor parte fruto de la adolescencia, basta para consagrar su nombre entre los poetas de más fina y honda sensibilidad con que cuenta la literatura cubana».

***

Al regresar a Cuba, en 1893, conoce al poeta Carlos Pío Uhrbach. El amor se revela tormentoso. En una época en que la virginidad era el mayor valor de una mujer, y pese a las libertades intelectuales que le brindara su familia, las palabras de Juana nacen atravesadas por el conflicto entre erotismo y castidad.

Ella está, además, enferma: Canta, oh bardo! Tus cantos evocan / en mi pecho enfermo profundas tristezas, / y se puebla mi frente ardorosa / de febriles, fugaces quimeras / cuando escucho tus cantos que evocan / en mi pecho enfermo profunda tristeza. (Vibraciones)

El padre se opone al noviazgo, pero cientos de páginas en cartas sostienen y acrecientan la pasión. En 1895 la familia Borrero emigra a Cayo Hueso huyendo de la represión española. Allí, la tuberculosis acabaría de minar los pulmones de Juana.

Entre la debilidad y los desvaríos de la fiebre, dictó a una de sus hermanas: Yo he soñado en mis lúgubres noches, / en mis noches tristes de penas y lágrimas, / con un beso de amor imposible / sin sed y sin fuego, sin fiebre y sin ansias… Esos últimos versos serían el postrer consuelo para la viudez del novio.

***

Hace 130 años que murió la muchacha de 18 años. Desde entonces ha seguido seduciendo por el talento y por la tragedia de su breve existencia.

Ha continuado el mito; uno repleto de esencias, «altivo, refulgente y bello», no marmóreo, siempre vivo.

ÚLTIMA RIMA

Yo he soñado en mis lúgubres noches,
en mis noches tristes de penas y lágrimas,
con un beso de amor imposible
sin sed y sin fuego, sin fiebre y sin ansias.

Yo no quiero el deleite que enerva,
el deleite jadeante que abrasa,
y me causan hastío infinito
los labios sensuales que besan y manchan.

¡Oh, mi amado!, ¡mi amado imposible!
Mi novio soñado de dulce mirada,
cuando tú con tus labios me beses,
bésame sin fuego, sin fiebre y sin ansias.

Dame el beso soñado en mis noches,
en mis noches tristes de penas y lágrimas,
que me deje una estrella en los labios
y un tenue perfume de nardo en el alma.

APOLO

Marmóreo, altivo, refulgente y bello,

corona de su rostro la dulzura,

cayendo en torno de su frente pura

en ondulados rizos el cabello.

Al enlazar mis brazos a su cuello

y al estrechar su espléndida hermosura,

anhelante de dicha y de ventura

la blanca frente con mis labios sello.

Contra su pecho inmóvil, apretada,

adoré su belleza indiferente,

y al quererla animar desesperada,

llevada por mi amante desvarío,

dejé mil besos de ternura ardiente

allí apagados sobre el mármol frío.

EL IDEAL

¡Yo lo siento en mi alma!…

él me reanima

y me presta el calor del entusiasmo,

él me muestra a lo lejos, siempre verde

laurel inmarcesible y codiciado!

El inspiró los cánticos fugaces

do rimé mis primeros desengaños,

él me conduce ahora sonriente

por la senda difícil del trabajo

Cuando a veces me postra el desaliento

o la nostalgia ardiente del pasado,

él me ilumina un porvenir glorioso

con el fulgor benéfico de un astro.

Donde quiera me lleve he de seguirle

y aunque deba morir en suelo extraño

yo cruzaré tras él siempre serena

la inmensidad grandiosa del océano.

¡Oh patria! Si la muerte inexorable

no me detiene con su helada mano

en mitad de la senda peligrosa

a donde en pos de mi ideal me lanzo,

Tu recuerdo que siempre irá conmigo

me dará nuevo ardor ante el obstáculo.

¡Yo salvaré mi nombre del olvido!

¡Yo lucharé por conquistarte un lauro!

NOSTALGIA

Ya perdió para siempre el espíritu

la quietud de sus días de calma

como pierde su lumbre una estrella,

como pierde una flor su fragancia.

En mi pecho se alberga el fastidio

y me agobia profunda nostalgia;

la belleza inmortal de natura,

el engaño feliz de la infancia,

la memoria de días tranquilos,

el recuerdo de dichas pasadas,

no han podido llenar un instante

el vacío que siento en el alma.

A los siete escribió el primer poema; a los nueve ya era alumna de San Alejandro. Foto: Internet
Juana Borrero, Pilluelos, 1896, Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba Foto: Museo Nacional de Bellas Artes
Armando Menocal confesaba que después de unas cuantas lecciones ya no había tenido nada esencial que enseñarle. Foto: Internet
Parecía especialmente dotaba para capturar las almas ajenas y para hurgar en la suya propia. Foto: Internet

       

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