ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
García Caturla es considerado, junto a Amadeo Roldán, referente clásico de la música culta afrocubana. Foto: Archivo de Granma

Hace 12 años vivo cerca de la Escuela Elemental de Música Alejandro García Caturla, en el municipio habanero de Marianao. Mi recorrido incluye, en ocasiones, bordear su perímetro y permitirme escuchar la práctica instrumental de sus estudiantes.

De niños muchos aspirábamos a alcanzar una plaza en el centro educativo. Todavía no son pocos, y el nombre que porta es uno de los más reconocidos en el país. Caturla fue músico, como se deduce por las características de la escuela, pero su vida y, sobre todo, su muerte, podrían llenar las butacas de las salas de cine.

Se formó como compositor y juez, profesión que finalmente le costaría la vida, por causa de las balas de un Colt calibre 38, en el mismo pueblo donde nació, Remedios, el 7 de marzo de 1906. Allí también tuvo su primer contacto con la manifestación artística de la que sería devoto años más tarde, la música; en especial la afrocubana, por la que sería alabado y criticado de igual manera.

El niño Alejandro comenzó a frecuentar un espacio vedado para los blancos de su clase media: las fiestas rituales de la ciudad. Entre toques de tambor y cantos de raíz yoruba, el muchacho de piel pálida y ojos claros encontró su refugio y su propósito.

Para complacer a su padre, en 1923 ingresó en la Universidad de La Habana, cuya escalinata bajó como abogado, pero también como fundador de la Orquesta Caribe, de jazz band, e integrante de la Orquesta Sinfónica. En 1925 ya formaba parte de la Filarmónica e incluso se formó como barítono en la Academia de Canto de La Filarmónica Italiana.

Caturla regresó a su amado pueblo en 1927. Allí creó la Orquesta de Cámara de Remedios, con una sonoridad renovadora que sorprendió a propios y extraños. Su Obertura cubana obtuvo el primer premio en el Concurso Nacional de Música de 1937 y Suite para Orquesta, mereció Mención Honorífica.

En un corto periodo de tiempo viajó a París, donde estrenó las obras Dos poemas afrocubanos y Bembé; representó a Cuba en la Exposición de Barcelona, y el director británico Leopold Stokowski presentó en Nueva York sus piezas Danzas del tambor y Danzas Lucumí.

Suyas son también Son en fa, Tres Danzas cubanas, La Rumba, y Comparsa, patrimonios sonoros de la isla caribeña. No en vano García Caturla es considerado, junto a Amadeo Roldán, referente clásico de la música culta afrocubana, que representó una renovación cultural en la época.

Mientras, en Remedios, ejercía como juez municipal. Aquella decisión parecía de novela: un hombre con una doble vida, con sentencias en los tribunales y partituras en los escenarios internacionales más prestigiosos. En Cuba, trabajó en pueblos de las regiones central y oriental, alternando su oficio con su vocación.

Si algún adjetivo debe atribuírsele a Caturla, para bien, es el de transgresor. Se casó con una mujer negra, en una época donde era una decisión casi impensable.

La escritura tampoco le fue ajena al renombrado artista, quien se desempeñó como crítico de arte y cronista social, esencialmente en temas de pedagogía musical y justicia.

El pasaje final de la vida de Caturla es tan novelesco como toda su existencia. El 12 de noviembre de 1940, con 34 años, vestido con un saco beige de solapa ancha, lo sorprendió la muerte, por la espalda, y sin tiempo de defensa.

La causa: un acto preventivo. Muerto el juez ¿quién dicta sentencia? El acusado: José Argacha Betancourt, 36 años, velador de la prisión municipal. La acusación: violencia física contra la joven Benedicta Espinosa. La denunciante: Eufemia, hermana de la presunta víctima golpeada.

Argacha abordó a Caturla en la intersección de las calles Maceo e Independencia, en Remedios, pero el segundo se negó a intercambiar palabra alguna sobre el caso y se giró. Sin ojos en la espalda ¿cómo iba a prevenir el disparo a quemarropa que lo mandaría al suelo, donde el acusado infeliz lo remató con un tiro en el pecho? Alejandro García Caturla fue llevado a las seis y media de la tarde al puesto médico. Demasiado tarde.

Argacha fue condenado a 30 años de prisión, y en Remedios, en Cuba y en el mundo de la música flota de vez en cuando la misma interrogante: ¿Qué más podría haber creado Alejandro García Caturla si no hubiera muerto aquella tarde?

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