ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Granma.–Cada 20 de octubre, Cuba vibra al compás de su Himno. Es el Día de la Cultura Nacional, una fecha que conmemora aquel día de 1868 en que el pueblo de Bayamo, recién liberado por las tropas de Carlos Manuel de Céspedes, cantó por primera vez las estrofas de La Bayamesa, de Perucho Figueredo, devenida Himno Nacional. Pero esta celebración patriótica encontró, con el tiempo, una expresión profunda y festiva: la Fiesta de la Cubanía.

Contrario a lo que podría pensarse, su surgimiento no fue espontáneo. Fue la cristalización de la visión de Armando Hart Dávalos, entonces ministro de Cultura, un hombre al que intelectuales bayameses como Ludín Bernardo Fonseca García, historiador de la ciudad de Bayamo, no duda en calificar de «fundador».

A principios de los años 90 del pasado siglo, el panorama cultural del oriente cubano ya contaba con dos citas imprescindibles: la Fiesta del Caribe en Santiago de Cuba, que exaltaba las raíces africanas, y la Fiesta de Iberoamérica en Holguín, que celebraba el legado hispano. Armando Hart, tras participar en la Fiesta del Caribe, hizo una pregunta crucial: «¿Y dónde queda lo cubano?».

«Faltaba una festividad que simbolizara la fusión de ambos elementos. Hart planteó la idea de crear la Fiesta de la Cubanía como reflejo de ese proceso de surgimiento del cubano. Era el eslabón que faltaba para representar el “ajiaco” cultural que definió Fernando Ortiz», apunta Fonseca García.

 

EL LEGADO INSTITUCIONAL DE HART

Durante su gestión nacieron varias instituciones de relevancia cultural para el país. «Se creó la sala teatro, la Casa de la Nacionalidad Cubana y prácticamente todo el sistema institucional que existe hoy en Cuba, los museos municipales, las galerías, las diez instituciones básicas del sistema de Cultura. Todo ello debe su surgimiento al pensamiento de Hart.

«Para mí, no resulta extraño que Hart fuera el ideólogo de la Fiesta; que, además, asumió como un proyecto suyo. Ahí están las memorias; venía prácticamente todos los años a la celebración del 20 de octubre. Él fue el promotor de que se firmara el Decreto que instituía el Día de la Cultura Cubana», corrobora Fonseca García.

«La Cubanía tiene mucho de sedimentación y maduración del pensamiento orgánico de Hart», criterio que secunda el investigador e historiador Carlos Rodríguez Lora, en ese entonces director de la Casa de la Nacionalidad Cubana.

Rebeca Brull, en aquel momento subdirectora provincial de Cultura, refiriéndose en cierta ocasión al tema, resaltó también el papel de Hart en la concreción de esa idea: «Siempre estuvo comprometido con Bayamo, no hubo cosa que se le pidiera en la que no hiciera un sacrificio. Siempre tuvo esa voluntad de impulsar y darle un matiz cubano a la Fiesta».

Con el tiempo, el evento enaltecería otras dimensiones de la cubanía, una especie de crisol de culturas en el que confluían muchas tendencias, elementos y corrientes nacionales, religiosas, étnicas y culturales.

 

PARTES DE UN TODO

La máster en Ciencias Altagracia Muñoz Maceo asumía, en septiembre de 1993, la Dirección Provincial de Cultura en Granma, y, apenas llegada al cargo, fue puesta al tanto de la decisión de celebrar en Bayamo la Fiesta de la Cubanía.

De inmediato gestionó información con el Ministerio de Cultura. El viceministro Rubén del Valle acudió personalmente a Bayamo para explicar la intención. Poco después, coincidió allí Miguel Torres, antiguo alumno suyo y entonces director de Cultura en Holguín, con experiencia en la organización de la Fiesta Iberoamericana, quien la asesoró en la naciente idea.

«Holguín tenía estructuras más sólidas: organización, respaldo financiero e incluso un aporte de la población por medio de un recargo a la cerveza, lo que favorecía la autofinanciación. Granma, en contraste, debía arrancar desde cero», refirió Muñoz Maceo en entrevista hace unos años.

La década del 90 fue especialmente dura para Cuba. Las empresas comenzaban a autofinanciarse y en el ámbito cultural no había una entidad definida. Los recursos eran mínimos: solo se aseguraba el pago de la gala, el sonido desde La Habana y un guion elaborado en la provincia.

Entonces, surgió la idea de convocar a los artistas granmenses, bajo el principio de «devolver a la Revolución lo que esta les había dado». Muchos respondieron con entusiasmo, donando su esfuerzo y su música. Entre ellos, La Original de Manzanillo, Cándido Fabré, Yakaré y otras agrupaciones municipales.

«Fue la entrega de los artistas lo que hizo posible la primera Fiesta de la Cubanía», subrayó Muñoz Maceo.

Altagracia se volcó en los preparativos, apoyada por el Gobierno y su equipo de trabajo. Cada centro cultural aportó. Al inicio no existía un programa único, sino que surgieron propuestas independientes en música, coloquios, artes plásticas… que poco a poco conformaron un movimiento cultural en cascada con el propósito de dinamizar la vida artística del territorio.

 

NACE UNA TRADICIÓN

La primera Fiesta de la Cubanía, en 1994, fue el fruto de un esfuerzo colectivo en el cual artistas, trabajadores e instituciones unieron sus voluntades para reafirmar a Bayamo como escenario fundamental de la identidad nacional. Bajo la dirección de la Casa de la Nacionalidad Cubana, la celebración encontró su eje central en el evento teórico Crisol de la Nacionalidad, espacio fundado en 1992 por la historiadora Onoria Céspedes Argote.

A partir de este núcleo académico, corrobora Rodríguez Lora, se construyó una amplia programación cultural que integró todas las manifestaciones artísticas con la activa participación de la comunidad.

«La Fiesta se articula con el Día de la Cultura Cubana, conmemorando los históricos días del 17 al 20 de octubre de 1868. Este periodo evoca la Toma de Bayamo por las tropas de Céspedes, que culminó con la liberación de la ciudad, y la entonación por primera vez de nuestro Himno Nacional. Así, la celebración recuerda el nacimiento de la primera ciudad libre de Cuba y el inicio de la gesta independentista, un llamado que hoy perdura en la memoria de todos los cubanos», enfatiza Rodríguez Lora.

 

EL PALPITAR DE UNA CIUDAD

Por esos días de 1994, Bayamo se vistió de gala. La apertura de la Fiesta de la Cubanía rindió homenaje a la primera obra literaria cubana, Espejo de Paciencia. La programación, un hervidero de actividades, incluyó exposiciones, cine, teatro y bailables populares.

La gala cultural del 20 de octubre en la Plaza del Himno, dedicada a Alejo Carpentier, fue la coronación.

El propio Hart impartió la conferencia magistral, Cuba: una cultura de liberación, sellando con su presencia el profundo vínculo entre el ideólogo y la fiesta.

Lo que nació de la visión de un hombre y del esfuerzo colectivo, ha crecido durante décadas. La Fiesta de la Cubanía es hoy un espacio consolidado en el que el pueblo no solo recuerda su historia, sino que la vive, la canta y la baila. Es el lugar donde, cada octubre, la Cuna de la Nacionalidad Cubana reafirma, con orgullo, el verso que un día se convirtió en Himno.

 

EN ESTA EDICIÓN:

La XXXI Edición de la Fiesta de la Cubanía se propone ampliar su alcance comunitario, e involucra a más de 40 comunidades y 15 centros escolares.

Este año, el encuentro rinde homenaje al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, en el contexto del centenario de su natalicio, así como al dramaturgo Abelardo Estorino López, al revolucionario Julio Antonio Mella y a Armando Hart Dávalos, cuyos 95 años de su natalicio se conmemoran.

Además, el evento celebra el Aniversario 45 del Día de la Cultura Cubana, el 40 de la campaña por la lectura, el 30 del grupo teatral Alas D’ Cuba y el 20 de la creación de las Bandas Municipales de Conciertos, iniciativa que comenzó en Granma bajo la dirección del reconocido músico bayamés Carlos Puig Premión.

Santiago de Cuba es la provincia invitada, coincidiendo con los 510 años de su fundación y los 20 años desde que la Fiesta de la Cubanía le fue dedicada por primera vez.

En la fiesta, diez instituciones culturales de la provincia celebran sus aniversarios, incluyendo la Casa de la Nacionalidad, el Museo Provincial Manuel Muñoz Cedeño, el Teatro Bayamo y la Brigada Artística José Martí.

El barrio El Way, ubicado en el reparto bayamés Camilo Cienfuegos, es uno de los epicentros de esta celebración.

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