ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
La voz de Omara Portuondo ha contribuido a mantener viva Convergencia. Foto: Yander Zamora

Siempre he profesado el mayor respeto por todo aquel compositor que ha conseguido entregar, para la eternidad, al menos una de las obras de su legado. Se trata de un muy difícil empeño en cualquier circunstancia, puesto que no son muchos los que poseen el privilegiado don de la creatividad.

Por eso es preciso honrar, en el aniversario 125 de su natalicio, a Bienvenido Julián Gutiérrez, una de esas personalidades indescifrables de nuestro enriquecedor patrimonio musical. Se afirma que no sabía escribir música y que tampoco tocaba ningún instrumento, no se conserva grabación alguna de su voz, y es sumamente difícil conseguir una foto suya.

Pero a este poeta bohemio, de quien se dice que vestía como un indigente, nuestra Cuba profunda sí lo conoce y, además, lo venera. Nada más escuchar composiciones suyas de la primera mitad del siglo pasado como La ruñidera, identificamos que se trata de algo con un sabor muy criollo; mientras que, en el caso de El huerfanito, vale la pena preguntarnos a qué adulto no le resulta familiar el estribillo de Yo no tengo padre / yo no tengo madre / yo no tengo a nadie que me quiera a mí.

Incluso llegó a poner de moda el popular dicho de «vive como Carmelina», en alusión a la historia contada en su canción Carmelina, no me mortifiques más.

Sin embargo, la obra que automáticamente vinculamos a su nombre es Convergencia, hermoso bolero-son con letra de su propia inspiración y música de Marcelino Guerra, todo un tesoro de la música tradicional cubana.

Aurora de rosa en amanecer, / nota melosa que gimió el violín. / Novelesco insomnio do vivió el amor, / así eres tú mujer: // Principio y fin de la ilusión, / así vas tú en mi corazón / así eres tú de inspiración.

Los historiadores coinciden en que esta composición de 1938 tuvo su primera grabación al año siguiente, en Nueva York, por el Cuarteto Caney; pero no es hasta 20 años después que la asumen Miguelito Cuní y su Septeto, para hacerla ascender hasta la honrosa posición que nada más ocupan las glorias de nuestra música; designio patentizado posteriormente en las versiones del propio Cuní con Pablo Milanés, al igual que las de Ibrahim Ferrer y la de Omara Portuondo.

Madero de nave que naufragó, / piedra rodando, sobre sí misma, / alma doliente vagando a solas / de playas, olas, así soy yo: // La línea recta que convergió / porque la tuya final vivió.

Una distinguida elegancia define la poética de Convergencia; y, asimismo, la desborda la intensa resonancia de la belleza en el amor; fue ese el modo que Bienvenido encontró para preservar el lenguaje de ese sentimiento en el transcurso de los años. Si nada más hubiera sido el letrista de esta canción, ello hubiera bastado para inclinarnos respetuosamente ante uno de nuestros compositores más relevantes.

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Marcel Fidel dijo:

1

23 de marzo de 2025

13:50:19


Excelente artículo. Les escribo desde Venezuela y me gustaría recibir mas historias sobre el son cubano, del cual soy amante. Saludos revolucionarios