ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Lázaro Ros en la inauguración del Jazz Plaza, en 1997. Foto: Juvenal Balán

Se cuenta que cuando el nigeriano Wole Soyinka, premio Nobel de Literatura, llegó a Cuba, Lázaro Ros lo recibió en el aeropuerto con un canto a Oggun, el dios de la guerra y del trabajo, del panteón yoruba, para dejar sorprendido al ilustre visitante, quien tal vez no sabía que en nuestro país se conservan las raíces africanas, más puras que en Nigeria.

Sencillamente quedó fascinado por el particular hechizo del akpwón cubano más importante, sobre el que la antropóloga Natalia Bolívar sostuvo el criterio de que «la voz de Lázaro es salida de las profundidades de la selva nigeriana. Esa voz era única, tan potente y a la vez cadenciosa, poderosa por excelencia».

En concordancia con el argumento, en 2002 la Fundación Fernando Ortiz le hizo entrega, al cantante folclorista, del Premio Internacional Fernando Ortiz, al haber alcanzado el máximo nivel como solista de la música ritual yoruba en nuestro país.

Como el propio Ros reconoce, fue la Revolución, desde sus mismos comienzos, la que le concedió a este hombre humilde el estatus de artista profesional, el que le permitió ser merecedor del prestigio de una enorme admiración y respeto a lo largo de su honrosa trayectoria. Personalidades del rango del etnólogo Argeliers León, en una fecha tan temprana como 1959, lo reclaman para que forme parte como cantante y bailarín de los primeros espectáculos folclóricos en el Teatro Nacional, mientras que, a solo tres años, se le encuentra junto al eminente africanista Rogelio Martínez Furé, en la fundación del Conjunto Folclórico Nacional.

Él es el hombre que, con la mayor naturalidad, está dispuesto a romper esquemas al poner su voz en el entorno sonoro que distingue tanto a grupos como Síntesis y Mezcla, al fusionar los cantos folclóricos con el rock.

Sin embargo, su obra más trascendente es la colección de discos con cantos yorubas que, con el grupo Alorun, aparecen bajo el nombre de Orisha Ayé. Su papel como maestro no es menos significativo. Se afirma que era muy dedicado en su empeño de transmitir las enseñanzas con el mismo rigor con que aprendió.

Lázaro Ros mereció la Orden Félix Varela de Primer Grado, otorgada por el Consejo de Estado; el premio Nacional de Música; tres premios Cubadisco; el primer premio en el Festival de Venecia, y tres nominaciones al premio Grammy Latino. En una frase, nos resume el principal aliento que motivara su vida: «El amor que yo le tengo a mi canto, a mi religión y a mi país, ese mismo amor me ha dado mi pueblo».

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