Para el teatro cubano, lo más importante de 2024 fue su cotidiana presencia en la programación de todo el país; la posibilidad cierta de una geografía para los encuentros activos entre el arte y sus públicos. Abarcó, por supuesto, el sistema de salas teatrales, a pesar de las que permanecen fuera de servicio, varias en La Habana y en otras partes.
Pero también caminó por un amplísimo mapa de espacios de todo tipo, la calle incluida, a partir de múltiples iniciativas de agrupaciones e instituciones que propiciaron acciones comunitarias en barrios, municipios, zonas afectadas por ciclones y sismos.
Estas intervenciones rebasaron la dimensión estética, fueron esenciales en la vida espiritual de las comunidades.
Por otro lado, resultó relevante en el año transcurrido la cantidad de eventos, pequeños en su mayoría, pero que ofrecen movilidad a la programación y al desarrollo profesional. El Festival Nacional de Teatro de Camagüey se recuperó y coronó, a fines del periodo, esa perspectiva.
Un festejo pleno de ideas se produjo alrededor del aniversario 65 del Teatro Nacional de Cuba y las instituciones que allí nacieron, entre ellas la hoy Danza Contemporánea de Cuba.
Como en 2024, este año próximo las grandes dificultades se compensarán con similares esfuerzos. Nos esperan en 2025 los centenarios de los dramaturgos Abelardo Estorino y Rolando Ferrer, y de la actriz Raquel Revuelta, gran figura a quien le estará dedicada el Festival de Teatro de La Habana, con su carácter internacional.
Son signos históricos, siempre presentes, en cielo del teatro insular.











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