Apenas seis meses separaron el nacimiento de Langston Hughes y Nicolás Guillén. El primero originario de Misuri, Estados Unidos, y el segundo de Camagüey, Cuba. Han pasado 120 años desde que ambos poetas llegaran al mundo.
Quiso la vida que no solo compartieran el 1902, sino tantos otros elementos; en palabras del escritor y periodista Pedro de la Hoz: «desde los signos externos como el color de la piel hasta las causas que debían promover y defender».
Ambos escritores compartieron en su obra la defensa de la cultura y la identidad africanas. Por la confluencia de sus ideales y su coincidencia como dos de las personalidades más importantes de la literatura americana en la primera mitad del siglo XX, se convirtieron en amigos y compañeros en la lucha contra el racismo, usando las letras como balas.
Se conocieron en La Habana en 1930, por mediación del periodista José Antonio Fernández de Castro, editor de El Diario de la Marina, quien había versionado al español los poemas del norteamericano. En aquella jornada intercambiaron versos y anécdotas que fundarían las bases de la alianza y resultarían en la primera traducción al inglés de la obra de Guillén.
Con la develación de una tarja en la sede de la Uneac, en la mañana de ayer, la organización homenajeó la amistad que creció entre esos dos símbolos de las letras.











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