ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Escena de Las amargas lágrimas de Petra Von Kant. Foto: Tomada de la página de Facebook de, teatro El Público.

Varias veces se escapó de su casa durante la etapa de aislamiento social, salió del encierro, «de la cartuja» y fue hasta su teatro, el de la calle Línea, en el Vedado habanero. «Fue conmovedor estar en esa sala oscura. ¿Cuándo habrá ruido aquí otra vez?», se preguntó. «¿Cuándo entrarán las almas que llenan el escenario y las lunetas?».

Arriesgarse así solo lo hace una persona para quien, tanto el cine-teatro Trianón como el grupo Teatro El Público, «son de los grandes regalos que le puede deparar la vida; alguien que de pronto llega a los 65 años haciendo lo que ama cada día, y en un lugar como el Trianón. Hay uno en Francia y hay uno en la calle Línea», sostiene Carlos Díaz, tras el otro lado de la línea telefónica, y yo soy incapaz de imaginarme vacío ese templo del teatro contemporáneo cubano. 

«En todo el mundo hemos sufrido mucho el hecho de que los teatros estuviesen cerrados. Los teatristas estamos acostumbrados a ver la platea, los pasillos llenos. Es un fenómeno social. Hay muchas personas que viven con la ilusión de que llegue el fin de semana para ir al teatro, y hay otras que nos pasamos la vida, prácticamente, en él».

Aunque el cierre de los espacios públicos interrumpió la temporada de Las amargas lágrimas de Petra Von Kant, que hacía repletar el Trianón, este creador, graduado en la especialidad de Teatrología y Dramaturgia de la Facultad de Artes Escénicas del ISA, no cesó de trabajar. Junto a ocho dramaturgos ha estado reescribiendo Orlando, de Virginia Woolf.

«Esta etapa nos sirvió para organizarnos. Para concebir el texto, hay que trabajar en soledad. Los dramaturgos escriben y yo voy estudiando por dónde va cada historia, pensando qué voy a hacer con ellas, armando el casting y conectando ideas», explica.

Para el artífice de atrevidas puestas en escena, quien lleva 30 años dirigiendo sobre las tablas, el principal reto y la mayor satisfacción de esa labor es, precisamente, hacer teatro. «Me encanta, me nutre, pero es bien difícil hacerlo, en el sentido de todas las carencias que hay, no solamente en Cuba, sino en el mundo entero. El teatro no es rentable». Por otra parte, cuenta que el impulso que lo mueve a crear es que «entre las personas que hacemos teatro tenemos que cuidarlo mucho».

Merecedor, en 2015, del Premio Nacional de Teatro, cree fervientemente que trabajar «dondequiera que haya un sentimiento, una historia, un buen actor o un actor que se exprese sobre el escenario, ese es el objetivo mayor que puede tener un teatrista. Brindar lo que a uno se le ocurre, lo que teje en silencio, y después coloca, como un bastidor, en un escenario».

Mucho de su historia, de su experiencia, está en su quehacer. «Cuando uno hace una obra, se está exponiendo, y refleja la manera en que uno vive». Él piensa de una forma muy teatral. «De cualquier idea, de cualquier sensación, conflicto», arma una historia.

«Resultado de muchos sueños, inquietudes, trabajo, de mucha gente hermosa, inteligente y talentosa», nació la compañía de teatro El Público, «por donde ha pasado todo lo que vale y brilla en el teatro cubano. No me puedo quejar. Soy una persona feliz, que dentro de diez años cree que va a estar haciendo lo mismo, porque voy a tener la misma fuerza –me dice en la víspera de su cumpleaños 65–. Hay una fuerza que nunca me va a faltar, la del teatro».

Que nadie lo dude, Carlos Díaz, quien ocupa desde ya un sitio privilegiado en la memoria histórica de la escena cubana, tiene «una vida y el teatro», lógicamente relacionados, pero –afirma el dramaturgo– «me es muy difícil vivir sin el teatro. Yo amo el teatro».

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Antoinette Alvarez dijo:

1

21 de octubre de 2020

14:50:54


Bravo MAESTRO Carlos Diaz x su incondicionalidad con el teatro! Aunque se modifiquen las condiciones, su obra volverá a ser disfrutada x el público!!!