Camagüey.–Más allá de sus incuestionables virtudes como producto audiovisual de valía, el documental Rumbatá, de la actriz y realizadora Isabel Santos, deviene pieza enaltecedora de los más auténticos valores de un género que ha sido proclamado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.
Se trata de un acercamiento honesto y desprejuiciado a la trayectoria artística de la agrupación camagüeyana y de su director, Wilmer Ferrán, quienes aferrados desde 1996 a un proyecto digno han sabido sortear todo tipo de obstáculos a fuerza de talento, rigor profesional, voluntad y amor por la obra que defienden.
El argumento del audiovisual sirve, sin embargo, de pretexto para promover una tesis aleccionadora, esta vez en boca del maestro Reinaldo Echemendía Estrada, director del Ballet Folclórico de Camagüey: «La rumba no es solo del solar. La rumba no tiene color. La rumba es de todos los cubanos».
El material se adentra igualmente en el polémico y no resuelto asunto del tratamiento de la cultura popular tradicional y el folclor en los programas de estudios de los centros de la enseñanza artística del país, una manera efectiva de defender y promover esas expresiones musicales y danzarias entre las nuevas generaciones.
Al decir de la propia realizadora, el documental es un llamado a la sensibilidad y al respeto por lo realmente genuino, además de un grito de alerta contra manifestaciones discriminatorias y prejuicios latentes aún en la sociedad cubana, que ven a la rumba como un género menor asociado a la marginalidad.
De demostrar lo contrario se ha encargado en 23 años de fecunda carrera la agrupación Rumbatá, cuyos integrantes, con Wilmer Ferrán al frente, han dotado a esa expresión musical de una «elegancia rumbera», sin perder las raíces, que los singulariza por el virtuosismo de sus músicos, cantantes y bailarines.
No precisamente radicado en una de las plazas tradicionales del género en Cuba, el colectivo artístico camagüeyano cuenta hoy con un prestigio bien ganado entre las agrupaciones homólogas, fruto de un impecable trabajo vocal, de la percusión y coreográfico, para conformar un verdadero espectáculo sobre el escenario.
«No me arrepiento de la decisión tomada», le confiesa Wilmer Ferrán al espectador, convencido de la certeza del paso dado, en plena juventud, cuando abandonó la carrera como bailarín clásico ante la riqueza del ritmo, la sensualidad de los bailes y cantos, y el toque contagioso de los tambores batá.










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Ricardo Varona Piñeiro dijo:
1
28 de noviembre de 2019
18:46:00
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