Ni más ni menos, el gusto se forma y se deforma y en el lance interviene la intencionalidad a la hora de promover, no pocas veces promover lo que vale menos sobre lo que vale más.
Ello, a partir de una realidad rotunda: el país no escapa de la influencia de valores distorsionados por el poscolonialismo cultural, ese que hace de lo superfluo y lo banal el caldo de cultivo por excelencia de una industria del entretenimiento que, hoy día, le discute poderío financiero a la actividad comercial relacionada con el negocio de las armas y la explotación petrolera.
Formar gustos no tiene nada que ver con imponer gustos, lo cual daría al traste con las mejores intenciones.
Lo saben quienes empezaron por leer novelitas de Corín Tellado, o del oeste, y después de hacer de la lectura un hábito (gracias Corín y autores del western) comprendieron que había un mundo superior en expresividad, contenido e identificaciones espirituales, … y en busca de él fueron, no solo por intuición, sino también porque otros participaron, ayudaron e influyeron.
Educación, maestros, padres, entorno social, instituciones y medios son sostenes básicos de una estructura en cuya plataforma debe prevalecer la cubanía que nos identifica y fortalece, y al respecto hay una política cultural bien establecida, solo que recaba de la participación inteligente de todos los actuantes.
Desconcierta apreciar cómo en muchos países se ven las mismas películas, se leen los mismos libros (best seller), predomina «una música», se usan los mismos pulóver a partir de una «sicología de lo actual-comercial» que hace creer que si no se entra en la ronda de esos consumos «te quedas atrás».
El mundo vive una epidemia seudo- cultural signada por el espectáculo y la fanfarria del marketing que ya está convirtiendo en pesimistas a algunas mentes lúcidas que, años atrás, pensaron que el paisaje contemporáneo nunca sería posible.
Se aprecia incluso en buenos escritores que son obligados por estadísticas de ventas a introducir ganchos comerciales elaborados en función de «una mayoría fabricada» que paga y que, a su vez, puede estar condicionada por complacencias provenientes de los códigos cinematográficos.
La industria cultural internacional, dominada por grandes potencias, ha sido, y es, una especialista en crear audiencias signadas por una estandarización del gusto que recibe con beneplácito lo que se le fabrica y se le vende.
Que también nosotros lleguemos a formar parte en grado sumo de esas audiencias dominadas depende, en no poca medida, de los modelos de promoción que se nos impongan por falta de estrategia, o desconocimiento.











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ian dijo:
1
8 de octubre de 2018
04:04:42
Ale dijo:
2
8 de octubre de 2018
08:57:49
enrique15 dijo:
3
8 de octubre de 2018
09:06:03
José David dijo:
4
8 de octubre de 2018
09:14:56
Cap. dijo:
5
8 de octubre de 2018
11:54:37
pjmelián dijo:
6
8 de octubre de 2018
12:50:22
Germán dijo:
7
8 de octubre de 2018
12:52:07
Ida dijo:
8
8 de octubre de 2018
13:48:48
Janet dijo:
9
9 de octubre de 2018
16:16:14
Etzel Báez dijo:
10
10 de octubre de 2018
10:14:09
Antonio Diaz Medina dijo:
11
10 de octubre de 2018
14:36:01
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