ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

La presentación de la novela Bertillón 166, escrita por uno de los nombres esenciales de nuestra literatura, el santiaguero José Soler Puig (1916-1996), tuvo lugar ayer en la biblioteca Rubén Martínez Villena, del centro histórico de La Habana. El suceso resultó mucho más que el regreso de un texto que no pasa inadvertido por las últimas generaciones de cubanos, a juzgar por la exquisita disertación que hiciera Francisco López Sa­cha, en torno a otros valiosos apuntes.

Introducida la novela (ahora con sello editorial Oriente) como par­te de las actividades que durante todo el año tienen lugar para ce­lebrar el centenario de Soler Puig, la oportunidad develó, desde la palabra precisa de su presentador, a un hombre que apasionado por la escritura y por los remos, consiguió fundir ambos propósitos, si bien el segundo no pudiera concretarse en todo su esplendor: “So­ler quiso ser miembro del Club Náu­tico de Santiago de Cuba y lo fue, pero no pudo reunir suficiente di­nero para mantenerse en la mem­bresía, por lo que decidió remar en su prosa, que tenía un sentido ha­cia delante y hacia atrás como el del movimiento del remero, que pro­gresa luchando contra obstáculos, en un ritmo permanente”.

De la postura política de Soler recordó Sacha que fue colaborador del Movimiento 26 de Julio, militante y luchador clandestino, precisamente en la ciudad donde era más fuerte la rebeldía en la Isla, y quiso luchar contra Batista, pero también había entrado al movimiento para escribir sobre él y la lucha  revolucionaria,  y tenía que vivirla.

Con Bertillón… escribe la no­vela más convulsa, violenta, au­tén­tica, sobre lo que fue la lucha revolucionaria en Cuba, una novela sobre la que Soler no solo confronta los polos de acción de la lucha contra Batista, sino las va­rias maneras de entender la lucha contra la dictadura y sobre lo que de­bía suceder.

Reconoció en la obra, merecedora del Premio Casa 1960, el tratamiento del tema y de los grandes personajes que ya sabía crear el au­tor, como un elemento definitorio en su éxito, aunque aún no está proyectándose como el escritor que llegaría a ser, y que se consolidó más tarde con El derrumbe, El pan dormido y  El caserón.

En Bertillón… está tratando de revelar la condición heroica de una ciudad y la dura resistencia de un pueblo frente a los desmanes de una dictadura y está tratando de revelar también las tendencias políticas que luchaban a la par  buscando maneras de combatir.

Para Sacha fue oportuno detenerse en otros títulos de Soler co­mo En el año de enero, con la que —y junto a Bertillón…— cronicó desde la literatura, y desde la construcción de personajes verosímiles una par­te de la historia de una ciudad. Con Ber­tillón… proyectó a Santiago y lo colocó en el mapa de la literatura cubana, valoró, y re­marcó la necesidad de hacer estas cosas, tales como traer al presente una obra de más de cinco décadas, para que su autor no muera, al­guien que brilló en las letras cubanas y cuya voz tiene que ser aún escuchada, lo mismo desde el teatro que también escribió, como des­de las pá­ginas de sus libros.

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