ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El Comandante en Jefe visita los emplazamientos artilleros y conversa con los combatientes durante los días de la crisis. Foto: Archivo de Granma

La historia se vive y solo más tarde, cuando se examinan ciertos documentos y se reflexiona sobre testimonios que dan cuenta de los hechos, se convierte en severa literatura. Suelen imponerla los vencedores, aunque cada vez más se abren pasos las letras de los vencidos, y en ocasiones surgen las versiones de los que intentan conciliar diversos puntos de vista y distanciarse para dictaminar cómo sucedieron los acontecimientos y cómo debió actuar cada protagonista, desde ese mirador que un pensador llamó, no sin ironía, la tardía sabiduría de la posteridad.

Pienso en todo esto al evocar aquellos días de hace siete lustros que el Che calificó de luminosos y tristes, los de la Crisis de Octubre de 1962. Y, sin chovinismo, puedo afirmar que nada tiene que ver con la tardía sabiduría sino con la serenidad y la madurez la forma en que Fidel y la alta dirección de la Revolución condujeron la nave en un mar Caribe en extremo proceloso, como hubiese dicho un bardo antiguo. Por eso tampoco exageró Ernesto Che Guevara, un protagonista de excepción, cuando en su carta de despedida, tres años más tarde, dijo de Fidel que pocas veces brilló tan alto un estadista.

Días tristes en que la humanidad estuvo al borde de un desastre mayúsculo, y días luminosos en que el pueblo supo enfrentarse al peligro sin titubear. El país entero se convirtió en una trinchera, y no se perdió la inventiva, el humor, las ganas de vivir, ni se perdió la confianza en nuestros dirigentes.

 Ríos de tinta han corrido sobre el papel para narrar e interpretar aquella crisis cuyos componentes, superficialmente expuestos, pueden resumirse en el hecho de que la URSS propuso a nuestro gobierno en la primavera de 1962 emplazar aquí cohetes de alcance medio e intermedio, proposición que fue analizada y aprobada por nuestros dirigentes porque contribuiría a fortalecer el campo socialista y serviría también para detener la agresión que fraguaban los imperialistas yankis contra Cuba. Además, todo lo concerniente al acuerdo militar se firmaría y se haría público, en ocasión de la visita a La Habana de N. Jruschov en noviembre de ese año.

Aun cuando los yankis disponían de complejos medios técnicos y un ejército de espías a sueldo en todas partes y contaban con el servilismo de la contrarrevolución interna, cruzaron el mar 42 mil efectivos y 42 misiles soviéticos sin que fueran detectados. No fue hasta el 14 de octubre que un avión espía logró tomar fotos que revelaban la presencia de cohetes en el territorio insular y fue entonces cuando la administración norteamericana comenzó a enredar los hilos de la crisis que alcanzaría su mayor intensidad en la semana del 22 al 28 de ese ya histórico mes.

 Los estrategas del Pentágono y el propio presidente Kennedy afirmaron que la crisis se produjo porque los soviéticos situaron aquí armas que ellos consideraban ofensivas, sin justificación alguna puesto que no estaba en sus planes agredir militarmente a nuestro país. Sin embargo los documentos que se han desclasificado en los últimos años confirman los planteamientos que ya entonces hicieron los dirigentes de la Revolución en la Asamblea de la ONU y en otros foros nacionales e internacionales, en el sentido de que el gobierno de los Estados Unidos estaba poniendo en práctica un plan para derrocar la Revolución cubana que incluía no solo sus habituales chantajes, amenazas, sobornos, y presiones a los gobiernos indecisos, el bloqueo económico y una gigantesca campaña de difamación, sino el asesinato de Fidel y otros dirigentes y la agresión directa, aun antes de que se hablara de la posibilidad de traer los cohetes.

Esa agresión comenzó en el propio 1959 y su episodio más significativo fue la fracasada invasión de Playa Girón en abril de 1961. Esa humillante derrota, lo que ellos llamaban las heridas de Bahía de Cochinos, los impulsó a buscar formas que consideraban más efectivas, siempre vinculadas al ataque directo de nuestro territorio, no ya por ineficaces mercenarios sino por tropas regulares del ejército invasor. Con ese propósito, a fines de ese año se puso en marcha el plan Mangosta, y a principios de 1962 se estableció en Miami una red con cuatrocientos oficiales y cuatro mil agentes de origen cubano, dirigidos por la CIA, y entre otras formas de espionaje, desde las rudimentarias a las más complejas, aumentaron sensiblemente los vuelos de los aviones U-2 que violaban descaradamente nuestro espacio aéreo.

Con el pretexto de las armas adquiridas por Cuba para su defensa, el gobierno de Estados Unidos decretó la noche del 22 de octubre el bloqueo naval del archipiélago cubano, que implicaba a la vez la ilegal inspección por autoridades militares de ese país a las embarcaciones que se acercasen a nuestro territorio y la amenaza de extender esas medidas a otras clases de cargamentos y transportes.

Era el preludio del bloqueo total contra un país pequeño, agredido, pero dispuesto a devolver golpe por golpe y a defender su derecho a existir.

"¿Qué hemos hecho nosotros? Defendernos. ¿Qué hemos hecho sino defendernos, única y exclusivamente defendernos? ¿O pretenden los imperialistas que nosotros, desde la primera hostilidad que hicieran contra nosotros, la primera acción, ya tuvieran un pueblo rendido, un gobierno rendido, y una legión de revolucionarios levantando bandera blanca? ¿Que los revolucionarios nos íbamos a rendir, que el pueblo de Cuba se iba a rendir? Eso es, al parecer, lo que esperaban, puesto que lo que nosotros hicimos fue defendernos.".

 En la comparecencia ante el pueblo el martes 23 de octubre, Fidel analizaba los antecedentes de la crisis, el rechazo a cualquier intento de humillarnos con supuestas inspecciones sobre el territorio nacional y la disposición a entregar hasta la vida si fuera necesario para mantener la soberanía y la dignidad de la Patria.

Afirmaba el Jefe de la Revolución: "Frente a esa política de provocación y violencia, nuestra actitud de defendernos, serena...".

 "Todos, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, ¡todos somos uno en esta hora de peligro!; y nuestra, de todos, de los revolucionarios, de los patriotas, será la misma suerte, ¡y de todos la victoria!".

 La confirmación de esta voluntad vendría cuatro días después, el 27 de octubre, cuando sobre la parte oriental del territorio nacional era abatido un avión espía U-2 con un certero disparo de cohete antiaéreo. La suerte estaba echada y con la seguridad de la Patria nadie podría jugar.

FIDEL INFORMA AL PUEBLO

El 28 de octubre de 1962 el mundo conoció que la URSS aceptaba retirar sus cohetes de Cuba, con garantía de verificación, y por su parte los Estados Unidos se abstendrían de atacar a nuestro país. La respuesta del Gobierno Revolucionario fue que ese acuerdo no se había consultado con Cuba, se realizaba de manera apresurada y no solucionaba totalmente las causas que habían generado la crisis: la política hostil y las amenazas militares contra nuestro país por ejercer su plena soberanía.

Fidel resumió la posición cubana en cinco puntos básicos como única forma de acceder no a una paz circunstancial sino justa y duradera.

Ese mismo día el Viceprimer Ministro y Ministro de las FAR, Raúl Castro habló en Santiago de Cuba en memoria del legendario Comandante Camilo Cienfuegos. Destacó la heroica actitud del pueblo erguido de una punta a otra del país y que mantenía en todo momento su alegría característica, su admirable serenidad, su humilde valor.

Narró anécdotas de campesinos que aun sin pertenecer a las milicias y mal armados habían decidido custodiar un puente; de adolescentes casi niños que se dolían de tener que cumplir con la recogida de café y no se les enviaba a las trincheras, de cómo amas de casa y jubilados se apresuraban a ocupar los puestos de trabajo de los milicianos movilizados y de las virtudes de un pueblo que rendía con su comportamiento homenaje a Camilo, sin abandonar un solo principio, defendiendo su soberanía, manteniendo la producción y sin cancelar las actividades culturales y puso el ejemplo del Ballet Nacional de Cuba que en esos días brindaba funciones al pueblo de la heroica Santiago. Expuso los cinco puntos que todo el pueblo apoyaba, como apoyaba la estrategia desarrollada por Fidel en tan dramáticas circunstancias y advirtió: Nuestro pueblo, pase lo que pase y diga lo que diga Kennedy, seguirá movilizado hasta el instante en que nuestro Comandante en Jefe ordene lo contrario.

 Y al señalar el papel decisivo del Jefe de la Revolución, expresó: Al Comandante en Jefe, al compañero de dirección precisa, clara, concreta que nos ha sabido dirigir durante los últimos años, que nos ha sabido conducir a la victoria en los momentos difíciles podemos decirle (...) que aquí como en toda Cuba estamos listos para acatar y cumplir incondicionalmente las órdenes que, a nombre del pueblo de Cuba, del Partido y del Gobierno, como Comandante en Jefe, quiera darnos.

El primero de noviembre, Fidel rindió un sereno, brillante y transparente informe a la nación por la radio y la televisión que comenzó por la lectura, en versión taquigráfica, de la primera reunión celebrada con U Thant, Secretario General de las Naciones Unidas. El ilustre visitante, a quien Fidel calificó de honesto y bien intencionado, hizo un recuento de los días más intensos de la crisis: los mensajes, las cartas, los contactos sostenidos con los gobiernos de la URSS, Cuba y los Estados Unidos y expuso que ya el alto mando soviético había garantizado que los barcos que venían para Cuba no traían armas, y que se disponían a retirar los cohetes de nuestro territorio. Por su parte los norteamericanos exigían verificar los barcos y proponían que un avión, con personal designado por la ONU, realizara durante una o dos semanas, una verificación aérea de nuestras instalaciones militares.

En su medular intervención Fidel señaló que no habíamos sido nunca agresores, ni violado ningún principio internacional, como sí lo habían hecho reiteradamente los norteamericanos, y precisó: Entiendo que esto de la inspección es un intento más de humillar a nuestro país. Por lo tanto no lo aceptamos.

Toda la trama yanki quería conducirnos a la sumisión, a la pérdida de la soberanía y muy poco valían las promesas de paz referidas, exclusivamente, al momento. Más adelante el Primer Ministro del Gobierno Revolucionario, después de trazar de modo sintético el triste destino de los gobiernos de Europa, Asia y África que habían aceptado proposiciones de esa naturaleza, expuso: Nos resulta difícil comprender cómo se puede hablar de soluciones inmediatas, independientemente de soluciones futuras cuando lo que más interesa no es pagar ahora cualquier precio por la paz, sino garantizar la paz de manera definitiva y no estar pagando todos los días el precio de una paz efímera.

 Nada de imposiciones, añadió Fidel, no somos un país vencido y no pueden imponernos condiciones, antes tendrán que aniquilarnos. ¿Qué derecho tenían los agresores a invadirnos y qué confianza podíamos tener en sus promesas tantas veces incumplidas? Desde que triunfó la Revolución habíamos vivido en peligro de agresión por parte del gobierno yanki y frente a la amenaza de ese peligro, nosotros confiamos más en nuestra decisión de defendernos que en las palabras de los Estados Unidos.

Si absurdo resultaba que intentaran forzarnos a un acuerdo cuando por principio jamás cederíamos por la fuerza, también era un contrasentido que se exigiera retirar armas defensivas de nuestro territorio mientras se mantenía una base norteamericana llena de armas en Guantánamo, en contra de la voluntad del pueblo, base que nadie verificaba ni desmantelaba.

Nuestro pueblo es pacífico, pero no se deja atropellar. Un pueblo que ama el trabajo creador y solo por imperativos de la época hemos pospuesto en parte esa labor creadora para defender nuestros derechos. Un pueblo sereno y maduro. Nunca estaremos desarmados porque disponemos de proyectiles morales de largo alcance. Con absoluta franqueza, expuso también Fidel que teníamos discrepancias con los soviéticos que discutiríamos a nivel de Gobierno y de Partido, pero subrayó: por encima de todo somos marxistas-leninistas.

Cuánta vigencia, siete lustros después, tiene este documento. Con qué madurez y honestidad Fidel y la dirección de la Revolución previeron los peligros del momento y los peligros del porvenir. La crisis -que no comenzó en aquel octubre ni terminó entonces- no fue provocada por Cuba y a la hora de su discutida solución no se tuvieron en cuenta nuestras razones. El reclamo que entonces hacía Fidel sigue sin cumplirse: continuamos sufriendo todo tipo de agresiones, el bloqueo económico se ha recrudecido de manera monstruosa, aunque ha sido condenado en cinco ocasiones por la Asamblea de la ONU y por incontables foros internacionales. Unicamente una mentalidad tan perversa como la de los imperialistas es capaz de producir un engendro como la Helms-Burton, sin tener en cuenta el repudio mundial.

Los cohetes fueron retirados precipitadamente, pero la base naval de Guantánamo permanece como una herida abierta en nuestro territorio. Desde entonces, continuando con la línea trazada a partir del triunfo revolucionario, se desarrollaron los principios de la defensa del país sobre la base del esfuerzo propio, lo que encontró su máxima expresión en la doctrina de la Guerra de todo el pueblo, principal disuasivo a los planes nunca abandonados de invadir y ocupar el país por parte de nueve sucesivas administraciones norteamericanas.

La Revolución cubana sigue navegando en el cada vez más proceloso Mar Caribe no por un enigmático azar, sino porque, como bien dijo José Martí, un principio justo desde el fondo de una cueva puede más que un ejército. Y con principios justos, con firmeza, con serenidad y valor, hemos seguido defendiendo los razonados argumentos que expuso nuestro Comandante en Jefe en aquellos días en que la humanidad estuvo al borde de un incalculable desastre, los días luminosos y tristes de la Crisis de Octubre.

Texto de la declaración del Comandante en Jefe con los cinco puntos que expresan la posición de principios del Gobierno cubano, dada a conocer el 28 de octubre de 1962.

 En relación con el pronunciamiento formulado por el Presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy en carta enviada al Primer Ministro de la Unión Soviética Nikita Jruschov en el sentido de que los Estados Unidos aceptarían, después de establecerse adecuados arreglos a través de las Naciones Unidas, eliminar las medidas de bloqueo en vigor y dar garantías contra una invasión a Cuba; y en relación con la decisión anunciada por el Primer Ministro N. Jruschov de retirar del territorio cubano las instalaciones de armas de defensa estratégicas, el Gobierno Revolucionario de Cuba declara que:

 No existirán las garantías de que habla el Presidente Kennedy contra una agresión a Cuba, si además de la eliminación del bloqueo naval que promete no se adoptan entre otras, las siguientes medidas:

 PRIMERO: Cese del bloqueo económico y de todas las medidas de presión comercial y económica que ejercen los Estados Unidos en todas partes del Mundo contra nuestro país.

 SEGUNDO: Cese de todas las actividades subversivas, lanzamiento y desembarco de armas y explosivos por aire y mar, organización de invasiones mercenarias, filtración de espías y saboteadores, acciones todas que se llevan a cabo desde el territorio de los Estados Unidos y de algunos países cómplices. TERCERO: Cese de los ataques piratas que se llevan a cabo desde bases existentes en los Estados Unidos y en Puerto Rico. CUARTO: Cese de todas las violaciones de nuestro espacio aéreo y naval por aviones y navíos de guerra norteamericanos.

 QUINTO: Retirada de la Base Naval de Guantánamo y devolución del territorio cubano ocupado por los Estados Unidos.

 FIDEL CASTRO RUZ. Primer Ministro del Gobierno Revolucionario de Cuba.

La orden de combate estaba dada y dondequiera salían los defensores de la Patria. Foto: Roberto Salas
El Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz puso a la nación en Pie de Guerra en octubre de 1962 y muy jóvenes eran aquellos combatientes revolucionarios que expresaron su decisión de vencer o morir por la Patria. Foto: Periódico Revolución
Crisis de Octubre. Milicianos en el Malecón. Foto: ALBERTO KORDA
Foto: Archivo de Granma
Fidel movilizó a toda la nación para defender la soberanía y la independencia de la Patria. Foto: Archivo de Granma
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