ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Juvenal Balán

La huella del Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque en la antigua provincia de Oriente perdurará mucho tiempo, pese a que solamente fueron cinco años los que fue Delegado del Buró Político del Partido Comunista de Cuba (PCC) en esa parte de Cuba, en los años 70 del pasado siglo.

Su impronta en esa amplia región, donde funcionan hoy cinco provincias, es similar a la dejada en todos los lugares por los que pasó en su larga trayectoria, desde que asaltó el Cuartel Moncada hasta que murió hace 17 años, un 11 de septiembre de 2009.

Su carácter afable con todos no restaba un ápice de su autoridad y, pese a sus muchas obligaciones, encontró tiempo para escribir más de 300 canciones. Algunas de ellas constituyeron símbolos de etapas revolucionarias, como la dedicada a la mexicana Lupe, cuando embarcó en el yate Granma, y su gusto musical contribuyó al desarrollo de nuevos estudios de grabación.

Un detalle curioso, que refleja su interés por mantener el permanente vínculo con el pueblo, era su costumbre, durante la primera mitad de los años 70, de pasar algunas horas de sábados en la noche sentado en su jeep, con la puerta abierta y solo con su chofer, en los bajos del santiaguero hotel Casa Granda, para conversar con quienes se acercaban a saludarle.

Con Armando Hart Dávalos como primer secretario del Comité Provincial del PCC en Oriente, Almeida supo ganarse el cariño de los santiagueros y de todo el pueblo de esta parte del país, que lo adoptó como un hijo, aunque fuese habanero por nacimiento.

Fueron las tropas del Tercer Frente Mario Muñoz, del Ejército Rebelde, que él comandaba, las primeras que entraron para liberar la reconocida posteriormente como Ciudad Héroe, lo cual le granjeó un cariño especial.

Una pequeña anécdota resulta muestra de esa autoridad y respeto. Era el verano de 1972 y el primer carnaval de Santiago de Cuba que Almeida decidió apoyar desde su alta investidura, con el antecedente de que el año anterior hubo en esas fiestas varios muertos y se produjeron masivas riñas entre comparsas y congas de los barrios tradicionales.

Convocó entonces Almeida a todos los jefes de comparsas y congas y a las figuras locales de mayor influencia en el mundo del tradicional carnaval a una reunión en el Comité Provincial del PCC. Cuando él entró todos se pararon con respeto y le aplaudieron.

Ustedes son ahora mi tribu y yo soy el que manda aquí, así que lo único que les voy a decir es que este año en los carnavales no puede haber ni un muerto ni una bronca, yo les voy a dar todos los cueros de chivo que necesitan para los tambores y las ropas para las comparsas, pero tienen que comprometerse conmigo en eso, dijo más o menos así.

Los asistentes se pararon entonces con una ovación en la que a algunos se les saltaron las lágrimas. Almeida dio por terminada la reunión y ese año en los famosos carnavales de Santiago de Cuba, por primera vez en mucho tiempo, no hubo ni un muerto ni una pelea entre las comparsas y las congas.

De su valentía personal es conocida la anécdota del desembarco del Granma en una zona pantanosa del sur oriental, donde fueron sorprendidos por las fuerzas del ejército de Fulgencio Batista mientras descansaban al borde de un cañaveral, en la zona conocida como Alegría de Pío.

En el fragor del combate, Almeida rescató a Ernesto Guevara, luego conocido como el Che, quien era el médico de la expedición y resultó herido en el cuello.

Al escuchar los gritos que les conminaban a la rendición, gritó: «¡Aquí no se rinde nadie, coj..!», una frase que se hizo realidad en Paya Girón, la Crisis de Octubre y ante cada amenaza de Estados Unidos.

A inicios de 1953, Almeida conoció a Fidel Castro Ruz, cuando tenía 26 años y trabajaba como taquillero, mozo de limpieza y albañil en el balneario de la Universidad de La Habana.

De inmediato se identificó con sus ideas revolucionarias de enfrentarse con armas a la tiranía de Fulgencio Batista, y comenzó a entrenarse clandestinamente, junto a su amigo Armando Mestre, con quien viajó luego a Santiago de Cuba para asaltar el Cuartel Moncada.

Luego del triunfo del 1ro. de enero de 1959, el Comandante Almeida asumió importantes responsabilidades en la defensa de la Patria, y en la conducción política de la Revolución como integrante del Comité Central y del Buró Político del PCC, desde su fundación en 1965, y ratificado en todos los Congresos.

También Almeida fue presidente de la Comisión de Revisión y Control del Comité Central; vicepresidente del Consejo de Estado hasta su desaparición física y, desde 1993, fue presidente de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana (ACRC), cargo que ocupó hasta su muerte, el 11 de septiembre de 2009, siete meses después de cumplir 82 años.

Fueron muchas las condecoraciones y órdenes nacionales e internacionales que recibió en su intensa vida, entre las que destacan el Título Honorífico de Héroe de la República de Cuba y la Orden Máximo Gómez de primer grado, otorgados el 27 de febrero de 1998, en ocasión del aniversario 40 de su ascenso a Comandante en la Sierra Maestra.

Acumuló una obra artística, la cual incluye la autoría de una docena de libros. Con el libro Contra el agua y el viento obtuvo el Premio Casa de las Américas en 1985, al narrar los hechos del paso del ciclón Flora por la zona oriental en octubre de 1963, en los cuales participó, directamente, para rescatar a la población afectada por el desborde de ríos y la pérdida de sus viviendas.

Su intensa vida revolucionaria e intelectual lo hacen uno de esos hombres que nunca mueren en el corazón del pueblo cubano, al que dedicó toda su vida.

Foto: Pedro Beruvides
Foto: Juvenal Balán
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