ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Revista Pionero

El 6 de septiembre de 1874 se encontró el Mayor General Calixto García Íñiguez ante una de las situaciones más críticas de su vida, cuando sorprendido por una guerrilla enemiga y separado de las tropas, con sus ayudantes muertos o heridos, se aplicó el revólver bajo la barbilla y disparó.

Así, moribundo, fue como único pudieron hacer prisionero los españoles al destacado general mambí, que luego sobrevivió con una gran huella en la frente por donde salió el proyectil. Por esta cicatriz, José Martí lo apodaría «el hombre de la estrella en la frente».

Al recibir su madre, doña Lucía Íñiguez, la noticia de la captura de su hijo, se negó a darle crédito, hasta que al advertirle que solo ensangrentado y muy grave había sido posible tomarlo prisionero, exclamó: «Ese, ese es mi hijo Calixto, ¡Muerto antes que rendido!».

Luego de caer prisionero gravemente herido fue enviado a las cárceles de Pamplona y Alicante en España, donde permaneció cuatro años. Como resultado del Pacto del Zanjón (10 de febrero de 1878), fue puesto en libertad el 29 de mayo de 1878.

Este Héroe de la Independencia cubana combatió en las tres guerras por la independencia de Cuba, libró múltiples combates y sobresalió por su sólida formación militar, adquirida de forma autodidacta.

«El león holguinero» como lo nombraban, nació el 4 de agosto de 1839 en la calle San Diego de la ciudad de Holguín, es considerado uno de los principales estrategas de las guerras de independencia cubanas y siempre prestó especial atención a la preparación de las tropas, al trabajo cohesionado del Estado Mayor, así como a la planificación detallada de las campañas, las acciones combativas con el empleo de mapas y croquis y su dirección desde los puestos de mando.

Fue el jefe que más empleó la artillería, para la cual exigía dominar los conceptos técnicos y balísticos, desarrolló el arte de sitiar y tomar ciudades y poblaciones, además de atacar a grandes columnas enemigas. Demostró un gran civismo y un concepto supremo de la dignidad cubana con respecto a los norteamericanos, antes, durante y después de la llamada Guerra Hispano-Cubano-Norteamericana.

Fue elegido entonces delegado a la Asamblea de Representantes de la Revolución Cubana de Santa Cruz del Sur, donde se le designó para presidir una comisión que viajó a Washington con la misión de procurar el reconocimiento de ese órgano, así como los recursos financieros necesarios para el licenciamiento de los miembros del Ejército Libertador. Encontrándose en esa gestión, contrajo una fuerte pulmonía a consecuencia de la cual falleció el 11 de diciembre de 1898 y sus restos fueron trasladados a Cuba.

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