ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Ricardo López Hevia

En pelota nada está escrito hasta el out 27 del partido, pero lo que no perdona ella es jugarla sin prever. Ayer tal vez tuvimos el juego más emotivo de la actual postemporada, en la que un equipo, Matanzas, perdiendo por seis empata en el noveno y termina ganando (15-11), a lo grande, por un jonrón con bases llenas.

Sin embargo, tal vez fue uno de los más traumáticos en cuanto a esas decisiones que permiten prever. Tanto es así que, a nuestro modo de ver, hasta el grand slam con el que los yumurinos se convirtieron en el primer finalista de la Serie Nacional 64, al dejar al campo a Industriales, estaba fuera del guion de la película que veíamos en el Latinoamericano.

Una excepcional labor de pitcheo del derecho Rafael Orlando Perdomo quedó trunca. Entró en el cuarto capítulo, después de doble, jonrón y jit que le dieron a los yumurinos ventaja de 3-0. Sin outs en la pizarra, sacó los tres, dos de ellos por ponche.

A partir de ahí congeló los bates de los rojos de la Atenas de Cuba, y cerró el octavo con cuatro entradas en las que permitió un solo jit, despachó a cinco por la vía de los strikes, con dos boletos y nadie le pisó home. Solo un rival pudo llegarle a segunda base, en tanto, su equipo, a base de cuadrangulares, puso distancia en el marcador y llegó al noveno con ventaja de 9-3.

¿Era Perdomo el abridor del noveno? En nuestra opinión, no; ya había hecho el trabajo, ganador por demás y con 90 envíos. El cerrador, Juan Xavier Peñalver, debió venir sin ningún estrés a buscar tres outs ante una propuesta matancera de bateadores emergentes, que le pegaron con facilidad al primer relevista azul.

Todo lo que pasó después sobraba en el choque, aun cuando el beisbol te pueda deparar sorpresas como una épica remontada. Pero creo que era mucho menos probable una debacle como la que vimos. Peñalver llegó, todavía, con amplia ventaja de 9-5, a fin de sacar un out; la diferencia es que se subió a la lomita con dos en bases y el pantano revuelto y furioso, porque se vio con la posibilidad de atacar con éxito.

A favor de la dirección de los Leones, en nuestra pelota a los mentores les cuesta prescindir de un lanzador dominante, y hasta que esto sea una asignatura pendiente el beisbol que jugamos seguirá sufriendo.

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