Terminó el pasado sábado la cadena de juegos consecutivos bateando de jits del cienfueguero César Prieto, la cual quedó en 45 partidos. La marca, toda una hazaña, se instala para las temporadas cubanas de béisbol como uno de los llamados récords irrompibles, sello que también tenía la anterior seguidilla de 37, obra del santiaguero Rey Isaac, desde 1994, hace 26 años.
Creo que más que un lanzador, el que frenó al de la Perla del Sur fue la propia magnitud de lo que tejió, pues cada salida se le convertía en un reto, porque todas las comparecencias a home tenían no solo la mirada atenta del adversario, sino los ojos de Cuba entera. Él supo superar esos desafíos, por eso ha sido tan aplaudido, al regalarnos algo que parece de otra galaxia.
Literalmente no fue un pitcher el que cercenó la racha, porque Granma dependió de dos de ellos para doblegar a los Elefantes, al dejarlos solo en cinco jits. Eurlis Blanco, en cinco capítulos, y Kelbis Rodríguez, en cuatro, resultaron los responsables de casi maniatar a una ofensiva que, al cerrar los juegos del pasado sábado, era la de average más alto de la campaña, con 329.
César Prieto tuvo cinco veces al bate, y en tres de ellas falló ante Blanco: de segunda a primera, en el episodio inicial; en elevado al izquierdo, en la segunda entrada, y en la quinta, por la misma vía, pero por territorio de la pradera central. Frente a Rodríguez no pudo sacar la pelota del cuadro: de torpedero a primera, en el séptimo acto, y luego consumió, en el noveno, el último turno de su equipo en el partido, por la vía de pitcher a inicialista.
La cadena la quebró el tercer mejor cuerpo de lanzadores de la lid, con efectividad de 4,35 carreras limpias por juegos, solo superado por el hoy raro 3,75 de Matanzas y el 4,23 de Sancti Spíritus.
Sobre el récord se ha hablado mucho y como la pelota siempre convoca al debate, pues hay tesis que ponderan el registro de Rey Isaac como el más tenso por enfrentarse a un mejor pitcheo en aquel 1994. Creo que cada uno, el cienfueguero y el santiaguero, son autores de una proeza y a ambos hay que evaluarlos en su contexto, como también a Lázaro Vargas, quien precedió a Isaac, con un recorrido ininterrumpido por 31 encuentros en 1985-1986; al camagüeyano Felipe Sarduy, autor de 29 choques haciendo lo mismo (1968-1969), o al pionero de estos largos cursos, teniendo en cuenta que fue el primero en pasar de los 20 cotejos pegando inatrapables, José Pérez, quien llevó la cifra hasta 21 con la camiseta de Azucareros, en 1967-1968.
Todos tienen el mérito de haber inscrito su nombre en el libro de los grandes, al margen de cualquier circunstancia. Isacc y Vargas se midieron, sí, a serpentineros de nivel, pero tenían un bate de aluminio en sus muñecas; Sarduy y José Pérez enfrentaron, en mi opinión, a un pitcheo superior, aunque de menos velocidad de manera general, y con una pelota que botaba muy poco, a la que había que golpear con madera, como ahora lo hizo Prieto, frente a una lomita con grandes deudas, sin embargo, en un momento en el que creo que hay más lanzadores por encima de las 90 millas.
Los hombres de más estatura beisbolera de Cuba, empezando por Omar Linares, Antonio Pacheco, Antonio Muñoz, Yulieski Gurriel, Lourdes Gurriel (padre), Luis Giraldo Casanova, Víctor Mesa, Michel Enríquez, Wilfredo Sánchez, Rigoberto Rosique o Pedro Chávez (aunque este fue quien tejió la primera seguidilla de más de diez choques con incogibles, con 12, en 1964, enfundado en las franelas de Occidentales), tendrían la más alta valoración para el joven César Prieto, y también para quienes les precedieron, e ilustrarían cuán difícil es lograr lo que acabamos de disfrutar, porque ni ellos, que no cabían en sus uniformes, pudieron alcanzar tan alta cota.









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R3yes dijo:
1
30 de noviembre de 2020
11:04:46
Antonio dijo:
2
30 de noviembre de 2020
11:14:45
Ernesto dijo:
3
30 de noviembre de 2020
11:45:33
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