ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Autorretrato del pintor Alberto Durero (1498) Foto: Tomada de Internet

Francisco de Goya lo admiró. Salvador Dalí también. Los expresionistas alemanes lo reclamaron como suyo. Y en Cuba —por si quedan dudas de su influencia— su obra ha servido de inspiración para pintores como Ángel Ramírez, William Hernández Silva y Roberto Fabelo.

Hablamos de Alberto Durero (1471-1528), a quien sus lienzos y la posteridad convirtieron en uno de los pintores imprescindibles del Renacimiento alemán para entender el arte del siglo XV.

A los 13 años ya se había dibujado a sí mismo. No era un garabato adolescente: hoy es la primera obra conservada del artista y uno de los primeros autorretratos conocidos en el arte europeo.

Su estilo de vida no solo nos ha llegado a través de sus lienzos, sino también de la correspondencia que mantuvo con Willibald Pirckheimer, abogado y escritor alemán de la época, y de las numerosas notas y diarios en los que documentó su día a día.

Estos materiales, según la especialista en literatura y arte del Renacimiento, Cristina Neagu, (Universidad de Oxford), «captan e invitan al lector a participar, al tiempo que transmiten su propio carácter, su intelecto y su encantador sentido del humor».

En este aspecto, destaca que, en comparación con sus logros en las artes visuales, la producción escrita de Durero puede parecer poco importante.

Sin embargo —precisa Neagu— no solo cultivó diversos géneros literarios con entusiasta confianza, sino que integró conscientemente la fluidez de la expresión escrita dentro del espacio de sus obras pictóricas y gráficas. De hecho, la interacción entre imagen y lenguaje escrito es una de las principales características de su estilo.

Se conservan más cartas suyas que de cualquier otro artista alemán de su época. Aunque constituyen un pequeño fragmento de lo que escribió, «nos proporcionan información invaluable sobre las amistades que cultivó, las luchas y ambiciones que moldearon su carrera, su deseo de aprender cosas nuevas, de superar los límites del conocimiento tanto como fuera humanamente posible».

Para quien desee consultarlas, se encuentran disponibles en las hemerotecas de la Universidad de Heidelberg, la más antigua de las alemanas, creada en 1386.

Durero llegó a ser admirado por maestros de la talla de Rafael y Tiziano, y constan evidencias de que mantuvo contactos con Leonardo da Vinci y con Giovanni Bellini.

Otros estudiosos coinciden en que, al parecer plenamente consciente de su fama, Durero también tenía la costumbre de firmar y fechar la mayoría de sus lienzos.

En esas ya centenarias ansias de preservación se demuestra cuán importante es la documentación para la historia. Durero guardó sus papeles y gracias a eso hoy lo conocemos mejor. Quién sabe si dentro de 500 años alguien hará lo mismo con los nuestros.

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