ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Fue en el «agro» de 19 entre A y B, en el Vedado, el pasado domingo, alrededor de las diez de la mañana; un señor (podríamos llamarle compañero, pero le llamaremos nuestro hombre), se detiene a comprar unos nísperos, los revisa y conversa animadamente con el vendedor, a quien ya antes le ha comprado la misma deliciosa fruta, casi endémica en nuestro país. Cuando ya está dispuesto a adquirirla un golpe en la espalda le deja sin habla, sin respiración, se tambalea, se sostiene del mostrador y con la vista nublada alcanza a ver a un hombre alto, fuerte, con una caja sobre el hombro izquierdo y varias bolsas en la mano derecha que, sin mirar atrás, se va alejando entre los que entran y salen por el estrecho pasillo, se da cuenta que es quien le ha golpeado con la punta de la caja, que entró en su endeble espalda, ya septuagenaria, como una quilla de acero por arena fina.

–Sosténgase, sujétese al mostrador, respire profundo– le dice el vendedor, atento y solícito, queriendo atender al señor, ya mayor, golpeado en su presencia.

Nuestro hombre mueve la cabeza como el que se sacude quitándose algo de encima, y sin decir palabra, avanza tambaleante hacia la salida. Camina despacio, pero llega a tiempo para ver al que le ha golpeado poniendo las mercancías (viandas, frutas, vegetales) en el maletero de un auto blanco, moderno (le pareció un Hunday o un Toyota) chapa «particular». Observa que, efectivamente, es un hombre grande y fuerte, de unos 45 a 50 años, viste pantalones cortos y pulóver blanco, lleva un delantal negro y sombrero blanco estilo «panamá». Todo en perfecta combinación que transmite prosperidad, desde los zapatos tenis, hasta el sombrero y el auto.

Nuestro hombre se le acerca y le dice: «Señor, usted me ha dado un fuerte golpe en la espalda y ni siquiera se ha detenido a pedir disculpa».

«¿No vio lo que llevaba arriba?» contesta el hombre grande (llamémosle el troglo, ya veremos por qué) con una interrogante absurda. Oiga, y como pesaba esa caja, continúa el troglo, con una expresión que más que una explicación resultaba una burla.

«Señor, pero usted ha golpeado a una persona, no a un animal, a alguien que por la edad puede ser su padre, y ha seguido su paso sin importarle un comino, sin mirar atrás, sin saber a quién golpeó, ni qué daño pudo causarle». Intenta seguir nuestro hombre, en busca de una explicación de aquel insólito proceder, como si estuviera hablando, ¡pobre de él!, con una persona decente y no con un troglo.

«¿Y qué quiere, que me arrodille y pida perdón?», exclama desde el medio de la calle, con las manos abiertas, alardosamente, mientras da la espalda y vuelve a entrar en el agro con la caja vacía, en busca de más mercancías.

Casi es lo que debió haber hecho, murmuró una señora en la acera, que ha escuchado la conversación y visto la escena.

Un joven parqueador aconseja a nuestro hombre que se siente en el auto, pero que no conduzca aún, que espere a reponerse, cuando ya el troglo vuelve, caja en el hombro y bolsas en las manos, por segunda vez, llena el maletero y el espacio del asiento de atrás de su auto. Nuestro hombre lo observa. El troglo, ni lo mira, pero se aprecia en su rostro una sonrisa burlona que parece una mueca.

Nuestro hombre, adolorido, pero más aún molesto e indignado, no encuentra más opción, ante la imposibilidad de cobrar la afrenta, que decirle: «Señor usted no parece un ser humano, es un troglo (de troglodita: persona bárbara y cruel, bestia, torpe, animal, sin modales, ni sentimientos)».

El troglo ni lo mira, se encoge de hombros, da la vuelta y vuelve al mercado caja en mano a seguir cargando.

Nuestro hombre sube al auto, el joven parqueador le pregunta si se siente bien, y conversan sobre la pérdida de valores, de educación formal, de buenos modales, se escucharon frases como estas: «¿Cómo es posible que alguien trate así a una persona mayor?». «Lo triste es que ese nació y se formó en Cuba revolucionaria, tuvo escuelas y maestras, y mira lo que hemos sacado». «¿Lo hemos formado o deformado?». «Por suerte no son todos». «Sí, pero no se asombre, ya pocas personas son capaces de excusarse, de pedir permiso para pasar y, a veces, ni siquiera de dar las gracias».

Nuestro hombre arrancó el auto y se fue. Le vieron doblar en Paseo hacia abajo y detenerse, arrimar a la derecha para tocarse la espalda adolorida, quitarse los espejuelos y enjugar una lágrima que, sin permiso ni autorización, había escapado, pero que, al menos, se portó bien y no brotó delante de los demás. Se fue a la casa, y allí, solo, entonces lloró… Se recompuso enseguida, sacó de su mente al «próspero» prepotente; no tengo nada contra el que prospera –se dijo para sí–, si lo gana bien habido se lo merece, pero ¿qué formación le dimos?

Pensó en la otra cara de la moneda, en el joven parqueador, un humilde y sencillo trabajador, ese sí fue formado. Y se acordó de las sabias palabras del Maestro: «Con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar…»

Han pasado cinco días, el troglo debe haber recibido ya la plusvalía de su compra, pues seguramente aquel cargamento no era para consumo familiar. Y, tal vez, con el mismo desenfado, más allá del bien y el mal, volverá el domingo a sus compras, a la carga: ¡ojo, peligro!, puede llevarse a otro por delante.

¿Y nuestro hombre? Nada, sigue aún adolorido. Sí, efectivamente, el hecho y la espalda ¡duelen todavía!

* Profesor titular de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana

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Sabrina Molina Lunar dijo:

1

9 de febrero de 2017

21:05:18


Profesor, ese comportamiento del troglo – como usted lo llama – no solo es en nuestro país. Tristemente la sociedad actual opera de esa forma, donde los modales y la educación formal ya quedan en segundo plano. Como joven – pues tengo 17 – esta actitud no solo se ve reflejada en ese hombre mayor, sino que también la juventud está siendo protagonista hoy en día de este tipo de comportamiento. A mi parecer se debería hacer una toma de conciencia hacia los jóvenes que son el futuro de nuestra Revolución, aunque esa toma de conciencia la deberían comenzar en las casas junto a la familia…Profesor, ese comportamiento del troglo – como usted lo llama – no solo es en nuestro país. Tristemente la sociedad actual opera de esa forma, donde los modales y la educación formal ya quedan en segundo plano. Como joven – pues tengo 17 – esta actitud no solo se ve reflejada en ese hombre mayor, sino que también la juventud está siendo protagonista hoy en día de este tipo de comportamiento. A mi parecer se debería hacer una toma de conciencia hacia los jóvenes que son el futuro de nuestra Revolución, aunque esa toma de conciencia la deberían comenzar en las casas junto a la familia…

FASV dijo:

2

10 de febrero de 2017

00:17:08


ES EL "HOMBRE NUEVO" O EL "ANIMAL NUEVO"?

Revenge dijo:

3

10 de febrero de 2017

07:19:07


Bueno, con el perdon del autor, me parece un poco injusto asumir que la buena educacion esta asociada a la pobreza material; y la groseria, a un poder adquisitivo elevado. Imaginese, si cuando llegamos a un pais no mejor ni mas bello que el nuestro, sino con un PIB mucho mas elevado, una de las cosas que mas nos llama la atencion, invariablemente, son los constantes: 'por favor'... 'disculpe'... 'gracias'... En la calle hay muchas personas adineradas y mal educadas -por el empoderamiento que les ha otorgado nuestro sistema de piramide invertida- pero tambien muchas personas mal educadas que viven de manera muy humilde. La groseria es groseria, venga de quien venga.

Pepe Respondió:


10 de febrero de 2017

09:37:56

Estoy plenamente de acuerdo con su comentario, en cualquier pais Europeo por ejemplo se observa los buenos modales

Claudia Respondió:


10 de febrero de 2017

10:35:33

Estoy totalmente de acuerdo con usted

Isadora Respondió:


10 de febrero de 2017

11:38:07

Magnífico recuento del Profesor sobre el hecho y la falta de valores. Sr. Revenge:; la realidad no es en blanco y negro. No hay por qué aclarar que muchas personas humildes tienen valores y muchos de los que han alcanzado cierta prosperidad no los tienen. Estoy segura que el Profesor está consciente de eso, lo que él señala son casos específicos sobre el hecho que presenció. Es verdad que "por favor", "gracias", "disculpe" , "buenos días", están perdidos en el léxico de nuestro país por la falta de educación formal que adolecemos, no solo los jóvenes, los adultos también incurrimos en eso. Además de los gestos y ademanes en conversaciones o discusiones, que están caracterizando a muchos cubanos hoy, que se reflejan también en los grupos de reguetón --ejemplo notorio el duo Yomil y el Dany-- que se proyectan en la televisión y en videoclips, que se traslucen en manifestaciones de guapería que por supuesto imitan los jóvenes porqueestán de moda La educación formal se va formando en el hogar desde pequeños y se refuerza en las escuelas. Así de fácil.

Revenge Respondió:


16 de febrero de 2017

04:20:23

Isadora, el articulo hace un hincapie excesivo, de hecho se regodea en el contraste entre la groseria del ricachon y la buena educacion del humilde. Nuestra sociedad es ya, legalmente, una sociedad donde coexistien ricos y pobres. No hay por que polarizar clasificando subliminalmente en 'buenos' y 'malos' . En mi humilde opinion, sobraba la alusion al poder adquisitivo del ofensor; aun mas cuando en Cuba los ricos no son precisamente los que mas instruccion han recibido, ni mucho menos quienes la ponen al servicio de la sociedad. NADIE , rico o pobre...letrado o iletrado, esta justificado para atropellar. Saludos! Mis mejores deseos de recuperacion para el Profesor.

adriana dijo:

4

10 de febrero de 2017

07:41:50


El problema es que la humanidad esta perdiendo lo poco que le queda de humanidad, casos asi se encuentran donde quiera a toda hora, existen personas que no les importa si es una persona mayor, alguna embarazada o puede ser hasta un niño, solo les importa el veneficio propio ya no se piden disculpa, ni nada parecido parecemos que estamos en la selva como animales. Incluso no solo son hombres existen mujeres que se comportan como animales, en las guaguas es peor no le brindan el asiento y si se los reclamas te dicen una groceria o de lo contrario te lo dan pero cuando se paran te rrastrillan sin importar que te pueden dar un mal golpe.Hay que llamar a ser conciencia que todos somos seres humanos y ninguno de nosotros nos quedamos jovenes toda la vida, la etapa de la vejes le llega a todos y nadie quisiera que nos trataran asi.

Triple A dijo:

5

10 de febrero de 2017

08:25:36


Estimado profesor: Es muy triste tener que reconocer la dura realidad en la que vivimos en nuestra burbuja y una pena que no exista una Corte de Arbitraje para la verguenza ciudadana. Le ratifico mi respeto.

alberto felipe eirin Respondió:


16 de febrero de 2017

15:10:38

Muchas Gracias Profesor Dávalos por tocas esos temas. De alguna forma hay que hablar de ellos y debatir, porque que seria de esta sociedad , ( que es la nuestra, donde vivimos, la que amamos,), si continuamos con esos parones de comporamientos e inntintos animal.