Sueño con un inspector-detective que dos días después de limpiarse la esquina de un parque de basura y escombros de la construcción —y luego de una nueva arremetida de de-sechos e inmundicias por parte de los vecinos— sea capaz de detectar quiénes fueron los responsables de tamaña felonía, máxime si una cuadra más abajo hay latones de basura.
Un inspector bien plantado, que luego de analizar pedazos de ladrillos y otros remanentes sea capaz de averiguar de dónde proceden (¿quién construye, quién tira sin escrúpulos?), llegue hasta la casa del irresponsable y con la contundencia de un cañonazo le haga saber que tiene una multa irrevocable.
Multa ejemplarizante que será comidilla del barrio. La misma comunidad que antes veló por su urbanidad y buenos modos y que hoy no solo ha perdido bastante de sus días florecientes, sino que amenaza con seguir cuesta abajo.
Sueño con un inspector incorruptible y de mano dura que se apueste en una esquina, detrás de un periódico, y desde allí sorprenda a los que, por no caminar unos metros, sueltan alegremente sus jabitas de basura, o envíen a su hijos pequeños sin la debida advertencia de “en el parque no, mijito, en los latones”.
Un inspector que a partir de su mano dura remueva conciencias de urbanidad y haga revivir viejas responsabilidades ciudadanas.
Por supuesto que tal sueño debe ir acompañado de otro no menos urgente: que la ciudad toda sea atendida en limpiezas como debe ser y más ahora que mosquitos invasores, portadores de una nueva enfermedad, amenazan con brincar fronteras y aprovecharse de lo que todavía estamos a tiempo de eliminar.


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Merly dijo:
41
14 de marzo de 2016
01:39:03
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