
Localizadas, perseguidas y en las últimas semanas bastante encontradas, no hay como la “cajita” para que nuestros viejos y nuevos televisores se revitalicen gracias a la señal digital.
Canales que antes “no llegaban”, ahora entran con la plasticidad de un dvd, y los niños aplauden delante de sus detallados muñequitos, y los aficionados al fútbol juran ver las letras de la pelota cuando vuela como un cañonazo invisible en busca del gol.
Y además, las “cajitas” reproducen y graban.
Si antes le llegó la retirada a las caseteras, ahora el dvd comienza a tambalearse ante el empuje arrollador de las memorias, felizmente ajustables a estas cajitas de visualidad inmejorable… siempre y cuando las “cachimbas”, nombre con el que se le conoce al conector que une la antena con el aparato, sean de calidad.
Tengo un amigo que luego del alegrón motivado por el ligue de una cajita (tras larga persecución por media Habana) ha caído en un estado depresivo debido a los sinsabores motivados por la mala calidad de las cachimbas conseguidas.
Es como tener y no tener, me cuenta, porque cuando más feliz estoy con mi cajita, la cachimba se rompe, o capta mal, y después que usted se acostumbra a la buena señal, ya no se resigna a perderla.
Tres o cuatro años atrás las cachimbas eran de excelente calidad. Se les podía dar un martillazo y seguían con una robustez vikinga. Hoy sus finos alambres interiores pueden perder el contacto de solo pensar mal de ellos.
Estuvieron “botadas” en las tiendas a un precio módico, pero cuando las cajitas empezaron a asomarse, los revendedores olieron la hora de la zafra digital, se apoderaron de ellas y hoy no es extraño que las vendan hasta en cincuenta pesos sin garantía alguna.
Es decir, usted la compra con el corazón en la boca, llega a su casa, la pone, y si no funciona, a gritar y buscar otra.
Tengo otro amigo, bastante tozudo, que se gastó más de 300 CUC en un televisor grande y se niega a pagar 50 pesos en moneda nacional por una cachimba.
¿Qué haces entonces?, le pregunto y me responde que solo ve películas grabadas en una memoria.
—Hasta que sean buenas las cachimbas y, además, las bajen.
No es extraño que el teléfono de nuestras casas suene solo para que del otro lado alguien con un dejo de angustia nos pregunte si tenemos una cachimba…y de inmediato suelte la aclaración: “Hablo de cachimbas viejas, por supuesto”.
El día de los padres tuve la certeza de lo que ahora escribo.
Entre los regalitos recibidos, llegó uno sin envoltorio ni ceremonia alguna. Venía de un vecino que llevaba días viéndome como un acróbata en la azotea cambiándole los rumbos a la antena.
Bajaba y subía yo de la azotea a mi casa y en el televisor buenas imágenes y, de pronto, ay desdicha, un garabato.
—Es la cachimba, prueba con esta— me dijo el vecino con una seguridad absoluta mientras me alargaba su regalo, una cachimba de la era de los martillazos.
Diez minutos después salí a buscarlo para, en medio de un abrazo, decirle que, a partir de ese momento, contara conmigo para lo que fuera.


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rolando pérez betancourt dijo:
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Joan dijo:
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Reyner Medina dijo:
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JOSE dijo:
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Octaviano Navarrete dijo:
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