Aunque el propósito de este breve análisis es abordar la sociedad cubana, partir de responder algunas preguntas básicas puede facilitar la comprensión y ayudar a organizar las ideas, de manera que las respuestas a las siguientes interrogantes: ¿cómo definir la sociedad civil? ¿cómo asumir su esencia?, ¿cómo se conforma la sociedad civil en Cuba? y ¿de qué forma la sociedad civil se articula con los mecanismos democráticos?, se erijan como guías para el entendimiento.
La sociedad civil es un término con una gran historia en el pensamiento político, filosófico y jurídico, cuyo significado ha discurrido por dos vertientes principales: es entendida como referente de la comunidad política, el estado o el sistema político; o desde otro punto de vista, como estadio social superior, que se distancia de sociedades salvajes anteriores.
En el primer caso la sociedad es definida por exclusión y por antagonismo con respecto al Estado y la política, conceptualizada como civil en franca dicotomía con el aspecto estructural del sistema político de la sociedad; en otros términos más simples, puede considerarse civil desde este primer punto de vista, todo aquello que se aleje o distancie del contenido político que de forma organizativa conforma al Estado, concepto que cuenta con marcada raigambre liberal, de forma pragmática extendido y aplicado en distintas sociedades, con los fundamentos ideológicos más diversos.
Desde una concepción más progresista, entendemos que la sociedad civil puede distinguirse del Estado, pero no necesariamente contraponerse; al contrario, pueden complementarse ambos, si el Estado y el sistema político en su conjunto, se convierten en reflejo práctico de la sociedad civil a la que representan y sobre la cual se erigen, a través de las políticas públicas, las normas jurídicas y las decisiones políticas. Son fenómenos concatenados, en tanto, la sociedad civil es la sociedad que ha dejado de ser primitiva y se organiza como sociedad política, con un Estado que la ordena y la regula.
En el segundo caso la sociedad puede considerarse civil en su dinámica social, en tanto los individuos que la conforman se articulan y organizan de tal forma, que el ser humano eleva su condición como ser social superior y gana en civilidad en la misma medida en que, de forma activa, se involucra y se empodera en la sociedad.
Precisamente, teniendo como fundamento el caudal científico existente sobre el tema y en particular esta última acepción del término, quisiéramos centrar la atención de este breve análisis en el aspecto que consideramos, distingue su esencia. Desde nuestro punto de vista, la sociedad se supera, transforma y desarrolla en correspondencia con los grados de civilidad que puede mostrar como marco potencial de la actividad ciudadana, que solo puede manifestarse en sociedad. Es decir, lo que otorga contenido esencial a la sociedad civil es el grado de participación ciudadana, que a nuestro juicio crece en correspondencia con el espíritu solidario, que permite complementar los intereses individuales con los colectivos.
De conformidad con lo dicho anteriormente la sociedad se civiliza cuando los individuos concientizan su carácter social y son capaces de encauzar sus intereses individuales a través de los canales que la sociedad democrática les proporciona, no solo vinculada a la política electoral, a las formas de llegar a ocupar los cargos de elección popular, sino también en el control y en la gestión pública en general. Se puede participar haciendo seguimiento y control de la labor que desempeñan las autoridades públicas, incluso controlando a los contralores. De manera que está estrechamente vinculada con la toma de decisiones, generando crecimiento de responsabilidad, derecho de los implicados, nuevas facultades y capacidades de los individuos, en tanto constituye un proceso de carácter activo y emancipador.
Dando respuesta a la tercera de las interrogantes, de forma universal, la sociedad civil moderna se expresa tanto a través de vías formales como por vías informales, que contribuyen de conjunto a su mejor realización. En el caso particular cubano, la dinámica de la sociedad civil puede analizarse metodológicamente a partir de tres planos:
Primero: se realiza a partir del conjunto de las individualidades que se expresan de forma activa como ciudadanos con derechos y obligaciones; en un caso como electores, en los cuales recae la responsabilidad primera y de base de conformar el poder político a partir de su voto, y en otro caso, como trabajadores, entes que producen bienes y servicios vitales para la sociedad, a través de lo cual constituyen la fuerza propulsora de su avance y transformación.
Segundo: en un plano colectivo, la sociedad civil se manifiesta, primero, en las familias, células fundamentales de la sociedad, que tienen la gran responsabilidad civil de educar y formar a niños y jóvenes, como entes sociales activos, y en segundo lugar se manifiesta también en los colectivos laborales, donde los individuos a través del trabajo disfrutan de derechos y contraen deberes sociales y ciudadanos. Ambos, la familia y el colectivo laboral, constituyen los espacios naturales e indispensables donde deben formarse y realizarse los valores sociales esenciales que fomentan la civilidad; el pleno ejercicio de expresar, valorar y razonar con juicio propio, sobre distintos aspectos de la vida en sociedad.
Tercero: resulta el plano de análisis más común de la sociedad civil, su expresión asociativa, a través del cual en Cuba los trabajadores, campesinos, los estudiantes, las mujeres y los distintos sectores de la sociedad se agrupan. Puede darse a partir de varias tipologías básicas: a través de organizaciones profesionales, como en el caso cubano pueden ser la organizaciones nacionales que agrupan a juristas, economistas, ingenieros y arquitectos, entre otros, o a través de las organizaciones de masas y sociales, que surgidas en el proceso histórico, representan determinados intereses y una vía de incorporar a sus miembros a la edificación y defensa de la sociedad socialista.
Las organizaciones a través de las cuales se agrupan los ciudadanos en una sociedad dada, activan y vertebran a la sociedad civil. De forma descriptiva, en relación con este último particular, en la actualidad algunas de las organizaciones que conforman la sociedad civil cubana son: la Central de Trabajadores de Cuba, los Comité de Defensa de la Revolución, la Federación de Mujeres Cubanas, la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media, la Federación Estudiantil Universitaria, la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños; de la misma forma también se puede organizar la sociedad civil a través de asociaciones eclesiásticas, científicas o técnicas, culturales y artísticas, deportivas, de amistad y solidaridad, entre otras.
Al mismo tiempo, el aspecto más controversial de la sociedad civil en el plano teórico y también en el práctico, es su consideración como receptáculo y garante de la democracia, en tanto de ella dimana el poder y hacia ella va dirigido, motivo por el cual su conformación y los canales a través de los cuales se expresan los intereses sociales, pueden ser elementos democráticos determinantes.
En Cuba, relacionado con la posibilidad de intervención en los tres planos analizados, la participación más que un programa político y conjunto de normas destinadas a propiciarla, está concebida jurídicamente como la fuente más directa de legitimación de los representantes políticos.
Por su parte, son precisamente representantes de las organizaciones de masas y sociales los que en representación de la sociedad civil, integran las Comisiones de Candidaturas, que elaboran y presentan los proyectos de candidaturas de delegados a las Asambleas Provinciales del Poder Popular y de Diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular.
La concepción integral del Poder Popular, encuentra en la participación ciudadana el atributo que las normas exigen para su realización, que demanda para su conformación, control y transformación de un ciudadano activo.
Por esta razón, de forma individual y colectiva los ciudadanos deben ser expresión de la soberanía popular consagrada constitucionalmente, a través de las vías y mecanismos que regulados jurídicamente propicien la realización del mandato imperativo, en especial en el nivel territorial de base, de la mano con instituciones coherentes con ese postulado: la elección de los representantes, la rendición de cuenta obligatoria de los elegidos y funcionarios, y el control popular que puede llegar hasta la revocación de mandato de aquellos que no cumplan con las expectativas que motivaron su elección. En ese sentido solo mirada a través del prisma del carácter activo de sus ciudadanos partícipes, cobra sentido y se fortalece la sociedad civil cubana.
* Profesora de Teoría General del Estado y Derecho Constitucional de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana


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