Nadie sabe a ciencia cierta quién alzará la Copa, si jugará Di María o marcará Müller, pero al menos algo es seguro: la final del Maracaná entre Alemania y Argentina se jugará sin lluvia, según el pronóstico meteorológico del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales, y la temperatura oscilará entre los 16 y 24 grados, evitando que el árbitro italiano Nicola Rizzoli deba oficiar una pausa para que los jugadores se hidraten.
La otra certeza es que, gane quien gane, en el bando vencedor estarála empresa Adidas, que a la carrera ya comenzó a producir camisetas alemanas con una “estrellita” más en el pecho por si acaso, aunque igual se frote las manos con un triunfo albiceleste. De lo cual se desprende que Nike, su principal competidora, no corrió esta vez con la misma suerte, al quedar sus dos semifinalistas, Holanda y Brasil, abocados a disputar el partido por el tercer puesto.
El fútbol, en realidad, suele ser un negocio redondo, así que no es fortuito tampoco que varias compañías de aviación, aprovechando el furor por la final, triplicaran el valor de los pasajes desde Argentina hacia Brasil ante la enorme demanda de hinchas que viajarán para vivir la emoción de un duelo histórico en el lugar de los hechos.
Por fortuna, el negocio no siempre se apodera de la pelota que permite soñar a los menos favorecidos, como en la “Copa Social” que disputaron —paralelo al Mundial— ocho favelas de Río de Janeiro y vio coronarse al conjunto de Rocinha, la mayor barriada pobre de la ciudad, con el exfutbolista Zico como testigo de honor.
Tener compromiso y buenas notas en el colegio, eran los principales requisitos para participar en este campeonato con fines educativos que congregó a 96 adolescentes entre los 12 y 15 años, y antes ya había contribuido con un proyecto similar a que dos jóvenes aprobaran los exámenes de acceso a la universidad para comenzar sus estudios en medicina.
No por gusto tal es la magia de este deporte que te atrapa y no suelta,como bien demuestra una entrañable pareja india que por pura afición y no pocos sacrificios se las ha ingeniado para asistir a cada Mundial desde España 1982. “La final (de México-1986) entre Argentina y la RFA (Alemania Federal) fue inolvidable”, evoca Pannalal Chatterjee, de 81 años, quien junto a su esposa Chaitali, de 72 años, utilizó los ahorros de su pensión para estar en Brasil. En su pasión común por el más universal, la única nota discordante en el matrimonio sería que él admira a Pelé y su esposa prefiere a Maradona. A saber, entonces qué opinarán cuando alemanes y argentinos vuelvan a saltar al terreno encabezados por Lahm y Messi, y el partido en Maracaná derive en épica.









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maikelm dijo:
21
12 de julio de 2014
18:40:32
VICENTE HERNÁNDEZ dijo:
22
12 de julio de 2014
22:21:20
IS dijo:
23
13 de julio de 2014
02:02:10
Naruto dijo:
24
13 de julio de 2014
08:04:50
marcelo dijo:
25
13 de julio de 2014
10:19:40
RSGO54 dijo:
26
13 de julio de 2014
12:38:17
Naruto dijo:
27
13 de julio de 2014
14:42:09
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