ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El 30 de agosto de 1932, al ser la diputada de mayor edad, le correspondió pronunciar el discurso inaugural de las sesiones de ese año en el Reichstag, a pesar de las presiones de los nazis para que no asistiera. Foto: YouBioit.com

«Señoras y señores, el Parlamento se reúne en una situación en la que la crisis del capitalismo en su declinación oprime a las grandes masas trabajadoras de Alemania y les inflige los más terribles sufrimientos. Los millones de parados, cuyos magros subsidios hacen que sea (o no) la limosna y no les impide pasar hambre, estará acompañado por millones de personas en este otoño e invierno. El hambre, que es también el destino de todos los que necesitan ayuda social, se agrava. En cuanto a los trabajadores que todavía tienen un empleo, los bajos salarios nos impiden renovar su fuerza nerviosa y muscular usada al máximo por la racionalización y, con más razón, de satisfacer la mínima necesidad cultural. A mantener el desmantelamiento de los convenios colectivos y de los órganos de conciliación, los salarios de miseria van a bajar aún más. Un número creciente de artesanos y de pequeños industriales, de pequeños y medianos campesinos, se hunden en la desesperación y la ruina. El declive económico, los cortes sombríos en los gastos culturales, reducen a las bases económicas de la creación intelectual y cada vez más retiran a los creadores la posibilidad de recurrir a sus fuerzas y conocimientos. El fuego encendió el Medio, que Occidente se enciende con toda su fuerza en la esperanza de que un océano de llamas devoran la Unión Soviética y la construcción del socialismo, puede causar terror en Alemania un abominable, probablemente eclipsar la obra de muerte y destrucción de la última guerra mundial.

Hoy en día, el poder político en Alemania está en manos de un gabinete presidencial, sin el consentimiento del Parlamento, compuesto por los secuaces del gran capital monopolista y gran terreno y cuyos generales Reichswehr son la fuerza motriz.

A pesar de sus poderes discrecionales, la oficina presidencial falló ante todos los problemas actuales de la política interna y de la política exterior. Su política interna está marcada, como en las de los gobiernos anteriores, por la práctica de decretos-ley, leyes infames que decretan la miseria y aumentan a que ya existe.

Al mismo tiempo, este gabinete pisa el derecho de las masas a luchar contra la miseria. Para el gobierno, los que necesitan ayuda social y los que a ella tienen derecho son los grandes agrios endeudados, los industriales fallidos, los tiburones de las finanzas, los armadores, los especuladores y los traficantes sin escrúpulos. Toda su política fiscal, aduanera y comercial consiste en sacar a las amplias capas del pueblo trabajador para dar a pequeños grupos de favorecidos, a agravar la crisis ya restringir aún más el consumo, las importaciones y las exportaciones.

La política exterior está también marcada por el signo del desprecio por los intereses de los trabajadores. Determinados por los apetitos imperialistas, lo que lleva Alemania a depender cada vez más de las grandes potencias del Tratado de Versalles, a pesar de las dudas que hacen zigzag entre los gritos de Bucks militares y las vulgaridades más comunes y socavado las relaciones con La Unión Soviética, el único Estado que, por su política de paz sincera y su progreso económico, puede ofrecer a los trabajadores alemanes un verdadero apoyo. (...)

La impotencia del Parlamento y el todo poderoso gabinete presidencial son la expresión de la decadencia del liberalismo burgués que acompaña necesariamente el desmoronamiento del modo de producción capitalista. Esta decadencia se debe, enteramente, a la socialdemocracia reformista que se plantea, en teoría y en la práctica, en el terreno podrido del orden social burgués. La política del gobierno Papen-Schleicher no es más que la continuación de la política abierta del gobierno Brüning  tolerado por los socialdemócratas, precedidos por la política de coalición de la socialdemocracia, que había abierto la puerta . La política del 'mal menor' confirmó las fuerzas reaccionarias que tienen conciencia de su poder y no ha sido capaz de hacerlo, y todavía no pueden dejar de engendrar el mal de todos los males: acostumbrar a las masas a la pasividad. Se les pide que renuncien a utilizar la fuerza que disponen en el exterior del parlamento. De esta forma, es el papel del parlamento en la lucha de clases del proletariado que también es reducido. Hoy, dentro de ciertos límites, es posible utilizar el parlamento para la lucha de los trabajadores, pero únicamente si se apoya sobre poderosas acciones de masas en el exterior de sus muros. (...)

Es cierto que no es un voto del parlamento que puede romper el poder de un gobierno que se apoya sobre el ejército y sobre todos los otros medios de que dispone el poder del estado burgués, sobre el terror ejercido por los fascistas, la cobardía del liberalismo burgués y la pasividad de una gran parte del proletariado, los trabajadores. La caída del gobierno en el parlamento sólo puede dar la señal para que la masa de los trabajadores se levante en el exterior del parlamento. (...)

En esta batalla, se trata ante todo de abatir el fascismo que quiere aniquilar, a hierro y sangre, las manifestaciones de la clase de los trabajadores, sabiendo bien, como nuestros enemigos, que la fuerza del proletariado no depende del número de asientos en el parlamento pero que está anclada en sus organizaciones políticas, sindicales y culturales. (...)

Pero la demostración de fuerza del pueblo trabajador en el exterior del parlamento no debe limitarse al derrumbe de un gobierno inconstitucional; debe ir más allá de ese objetivo limitado y prepararse para derribar al Estado burgués y su fundamento, la economía burguesa. Todos los intentos de atenuar y de resolver la crisis manteniendo la economía capitalista sólo pueden agravar el mal. Las intervenciones del Estado fracasaron, porque no es el Estado burgués que domina la economía sino por el contrario es la economía que domina el Estado burgués. (...)

La lucha de las masas trabajadoras contra la miseria que ahora las oprime es a la vez una lucha por su total liberación. Es luchar contra el capitalismo que explota y avilta, por el socialismo que rescata y libera. Es para este objetivo luminoso que constantemente las masas deben volver su mirada sin dejarse perturbar por las ilusiones de la democracia liberadora y sin dejarse amedrentar por la brutalidad del capitalismo que busca su salvación en un nuevo genocidio universal en los asesinatos fascistas y en la guerra civil. (...)

En mi calidad de diputado más viejo y con la esperanza de que, a pesar de mi discapacidad corriente, todavía tiene la alegría de apertura, como la más antigua, la primera sesión del Congreso de los Consejos de Alemania Soviética, declarar abierta la sesión del Parlamento».

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