ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Archivo

¡No!, ¡no nos entendemos!, le dijo Maceo a Martínez Campos

San Ulpiano es un remoto lugar en la zona oriental de la Isla cerca de Mayarí Arriba,al que también se le conoce como Arroyo Naranjo.

En ese lugar, en la tarde del 6 de febrero de 1878, fuerzas del Ejército Libertador al mando del Brigadier Antonio Maceo entablaron combate contra una columna española integrada por unos 250 efectivos del Bon Cazadores de San Quintín No.11 y 30 guerrilleros.

Luego de cuatro días de intensos combates en la mañana del día 10, lo que quedaba de la sitiada columna española recibió refuerzos que le enviaron de Holguín, lo que evitó su total derrota.

Las bajas españolas fueron 245 entre muertos y heridos, incluyendo 10 oficiales. Solamente quedaron ilesos 25 efectivos.

Por los cubanos las bajas fueron de 3 muertos: un soldado y dos oficiales, y heridos 3 soldados.

Mientras el Brigadier Antonio Maceo aniquilaba al Bon Cazadores de San Quintín, lejos de allí, en el Zanjón, cerca de Guáimaro, en Camagüey, los integrantes del Comité del Centro, asumiendo ilegítimamente funciones del gobierno de la República en Armas, firmaron un Convenio con el general Arsenio Martínez Campos que pretendía poner fin a la Guerra de los Diez Años, entre otros acuerdos.

Para llegar a tan vergonzosopacto fue necesario transitar por un largo camino de sediciones, indisciplinas, regionalismo, pérdida de fe en la victoria y debilidad y falta de autoridad de la Cámara de Representantes.

Esta situación fue aprovechada por el general Arsenio Martínez Campos el “Pacificador”, quien habilidosamente inició conversaciones separadamente con dirigentes y jefes militares que daban la guerra por perdida para convencerlos de firmar dicho acuerdo. Y los convenció.

El 18 de febrero de 1878, en Asiento de Piloto Arriba se entrevistan Gómez y Maceo. Acompañaban a Gómez una Comisión integrada por el Brigadier Rafael Rodríguez y el Comandante Enrique Collazo, quienes debían informar a los orientales del convenio firmado el día 10 por el Comité del Centro.

En el encuentrole entregaron a Maceo los documentos de que eran portadores y le informaron,además, contodo lujo de detalles de la situación creada en Camagüey, por las actividades divisionistas y claudicantes de un grupo de desafectos a continuar la guerra, así como la posición del general Vicente García de aceptar el pacto.

Luego de escucharlos Maceo les dijo que no estaba de acuerdo con nada de lo pactado. Que se lo informaría a sus oficiales para decidir democráticamente sobre el asunto.

Maceo le envió una carta al general Martínez Campos donde le dice que no estaba de acuerdo con lo pactado por el Comité del Centro y que se halla en condiciones de continuar la lucha. Le solicita una entrevista y una tregua de cuatro meses para consultar con sus tropas la decisión que debían tomar.

El general español aceptó lo primero pero no lo segundo, quizás porque lo conocía perfectamente, de acuerdo con su mensaje enviado a Madrid al no lograr capturarlo en una ocasión cuando se encontraba convaleciente de graves heridas recibidas en un combate:

“Creí habérmelas con un mulato estúpido, con un rudo arriero; pero me lo encuentro transformado no sólo en un verdadero General capaz de dirigir sus movimientos con tino y precisión, sino en un atleta que, en momentos de hallarse moribundo en una camilla, es asaltado por mis tropas, y abandonando su lecho se apodera de su caballo, poniéndose fuera del alcance de las que lo perseguían”.

Maceo era consciente de que el general Martínez Campos movilizaría la mayor cantidad de tropas sobre la zona oriental, al no contar con una fuerte resistencia en otros departamentos. Así se lo advierte en una carta el general Enrique Bargés y Pombo, cuando le da las gracias por la devolución de unos prisioneros del Batallón de Madrid.

“Estoy perfectamente enterado de los acontecimientos que han tenido lugar en Camagüey y de los preliminares de arreglo con el general Campos y la Junta de aquel territorio. Cuanto al último extremo de su carta, debo manifestarle que comprendo que sus fuerzas, en el caso que usted cita, serán aglomeradas sobre este Departamento, y que por eso lar armas no nos favorecerían como otras veces; pero le advierto que a los hombres de mi temple no les arredra ninguna situación por difícil que sea; dejemos, pues, la cosa al tiempo: el futuro, como el pasado, será el mejor testigo”, expresó el Titán de Bronce.

Como se sabe la célebre entrevista entre el Mayor General Antonio Maceo y el Teniente General Arsenio Martínez Campos, se efectuó el 15 de marzo de 1878, en Mangos de Baraguá.

El eminente historiador cubano José Luciano Franco, en su obra: Antonio Maceo, apuntes para una historia de su vida, escribió sobre ese histórico acontecimiento:

“Martínez Campos llamó al brigadier Pola Vieja para que le llevara los documentos del Convenio del Zanjónque estaban en poder del coronel Moraleda.

“El rostro del general Maceopermanecíaimpasible. Sólo el relámpago que iluminaba a ratos su límpida mirada denunciaba la tempestad interior. Con su habitual gentileza impide con un gesto la lectura de las bases firmadas en la capitulación del Zanjón, y con su característica sencillez lleva la conferencia, que cobra animación, al punto central que él deseaba plantear. Con palabra mesurada, poniendo en cada frase la digna y expresiva firmeza revolucionaria de líder de un pueblo esclavo, responde Maceo al representante de la monarquía española, que ni él ni sus compañerosorientales estaban dispuestos a aceptar las bases del Pacto del Zanjón que se había firmado en Camagüey sin consultarles y que no podían comprenderse. Tienen la esperanza de que la isla de Cuba, de que el pueblo cubano encuentre al fin el sendero de la paz y la felicidad; pero ello sería imposible sin la libertad. No puede creer en la sinceridad de las reformas que promete Martínez Campos, porque éstas deben ir precedidas de la abolición inmediata de la esclavitud.

“—Señores —exclamó Martínez Campos cuando Maceo hubo terminado—: he venido llamado por ustedes creyendo que vendría a hablar de la paz. Si no están ustedes conformes con ninguna de las bases del convenio ¿qué es lo que quieren?

“—¡Nosotros lo que queremos es la Independencia! —contestó con rapidez el doctor Félix Figueredo.

“—Si hubiera entendido, señores —repuso vivamente el jefe español—, que se me llamaba para pedirme lo que nunca podremos otorgar, desde luego me hubiera ahorrado el trabajo de venir, para no oír semejante petición.

“Con la venia de los generales Maceo y Calvar, hubo de contestarle en nombre de todos el doctor Figueredo. Tuvo especial empeño en destacar que, como había expresado el general Maceo, no podían estar de acuerdo con nada de lo hecho en Camagüey, porque el Comité del Centro y sus secuaces, además de prescindir del principio por el que todos habían combatido, llevaron a cabo el arreglo de la paz sin contar para nada con los que militaban en Oriente, lo que hacía sospechar que procedieron así para obligarlos a que aceptasen por la fuerza. Pero que, en virtud del mismo acontecimiento, los de la mayoría ya estaban adheridos, temiendo que no se lograse la independencia, aun cuando se continuara la lucha, y el que hablaba se veía obligado a llegar al mismo extremo; no por eso renunciaba a hacer observar que si la paz fuese aceptada en Oriente, tenía que ser con más amplias concesiones, siendo la primera en declarar libres todos los esclavos que hubiese en la isla de Cuba, lo que era tanto más justo cuanto que, si los había, era debido a que el Gobierno español, a pesar de sus compromisos directos con Inglaterra e indirectos con el mundo civilizado, había venido tolerando la trata hasta que estalló la guerra, negándose siempre a extirpar el cáncer. Añadió que, siendo preciosa la ocasión, debía aprovecharse para reparar tantos males e injusticias, habiéndose él extremado en conseguir esa indispensable condición, aunque hubiera de renunciar a las otras ventajas, dejando tranquila su conciencia por haber declarado que quería ver en Cuba abolida para siempre la esclavitud.

“Repuso Martínez Campos que el gobierno de la nación no podía ser responsable de que en la isla de Cuba se hubiese continuado haciendo el contrabando de esclavos importados de África, porque había dictado oportunamente leyes para la represión del tráfico; que sentía no poder empeñar allí mismo su palabra y comprometer al gobierno para que todos los esclavos quedasen libres en virtud del Convenio del Zanjón, y no porque sus sentimientos no lo impulsaran a fin tan laudable, sino porque el problema envolvía intereses opuestos, debiendo, por tanto, ventilarse en las Cortes y el Senado, cuyos dos altos cuerpos eran los llamados legalmente a resolverlo; que en lo que estaba en sus facultades para el mejor éxito de la paz, había tenido por conveniente aceptar que quedasen libres todos los esclavos que habían militado en las filas insurrectas, obligándose a sostener la validez de tal condición; no pudiendo hacer lo mismo con los otros esclavos, por los motivos enunciados.

“—Puesto que no podemos conseguir la Independencia, ni los esclavos su libertad —exclamó el noble y valiente general Calvar--, tampoco debemos aceptar ese convenio, porque nos deshonramos.

“---Donde yo intervengo —ripostó visiblemente mortificado Martínez Campos— nada puede resultar que sea deshonroso para nadie.

“Y Calvar en un gesto pleno de delicadeza, explicó satisfactoriamente el verdadero alcance de sus palabras.

“Martínez Campos recibió un rudo golpe al comprobar —desmintiendo el informe de los divisionistas y traidores convertidos en agentes de la tiranía española— que Maceo y sus compañeros mantenían resueltamente las demandas fundamentales de la Revolución, y que los métodos pacificadores empleados en otros lugares no eran admitidos en Baraguá, y dirigiéndose a Maceo:

“--¿Es decir —exclamó— que no nos entendemos? —¡No —dijo Maceo—; no nos entendemos!

“—Entonces —replicó el general Martínez Campos—. ¿Volverán a romperse las hostilidades?

“--¡Volverán a romperse las hostilidades! —acentuó Maceo significativamente.”

Participantes en la Protesta de Baragua

General, Manuel de J. Calvar Foto: Archivo
Coronel José Maceo Foto: Archivo
Coronel Silverio del Prado Foto: Archivo
Coronel Arcadio Leyte- Vidal Foto: Archivo
Coronel Flor Crombet Foto: Archivo
Coronel Belisario Grave de Peralta Foto: Archivo
Coronel Guillermo Moncada Foto: Archivo
Tte. Coronel Jose Lacret Foto: Archivo
Coronel Fernándo Figueredo Foto: Archivo
Doctor Félix Figueredo Foto: Archivo
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Miguel Angel dijo:

1

17 de marzo de 2018

07:22:43


Los allí reunidos junto a Maceo fueron patriotas rebeldes, que mostraron su fidelidad incondicional a la cauda de la independencia y la eliminación de la oprobiosa esclavitud. Lucharon y entregaron sus valiosas vidas en su loable empeño. Gloria eterna al general Antonio Maceo y sus bravos seguidores!!!! Gracias por el excelente trabajo.

Elpidio Valdes dijo:

2

18 de marzo de 2018

16:10:48


Este trascendental hecho en la historia de nuestro pais es lo que nos da, entre otros iguales sucedidos en los ultimpos 150 anos, repito es lo que nos da la confianza y la fuerza para seguir luchando sin descanso contra el Bloqueo Criminal, Genocida y Terrorista del Gobierno de los Estados Unidos contra Cuba, contra el robo miserable de nuestros recursos materiales, contra el chanchullo y el trafico de productos de todo tipo en la infame bolsa negra, contra el vandalismo que trata de destruir nuestras propiedades, contra el infame y bajo trafico de influencias que emplean algunos funcionarios publicos para enriquecerse ellos y sus amigos y familiares, contra la entrega de nuestros recursos financieros a las entidades extranjeras y a los bolsillos de los corruptos, que estando en posiciones de inversionistas y comerciantes tratan de vaciar las arcas del pais para su beneficio personal, en fin contra la contrarrevolucion de todo tipo. Esta lucha es a muerte y solo terminara cuando los enemigos del pais, en todas sus manifiestaciones materiales, ideologicas y espirituales, hayan desaparecido y hayamos recobrado la civilidad mermada, la moral mermada y el espiritu de lucha constante e incansable que caracterizo a los que protestaron en Baragua para orgullo de los actuales revolucionarios cubanos. Estamos agradecidos, hoy, manana y siempre a hombres como Maceo y sus seguidores por la leccion que dieron a sus compatriotas en Baragua y en todo el pais, hasta las presentes y futuras generaciones de cubanos que defendemos y defenderemos la Revolucion Socialista, Marxista, Martiana y Fidelista.