Por Holguín no transitaron los restos mortales de Fidel. Imbatible, abrazado por la bandera cubana, llegó sobre un armón para pasar revista a las misiones cumplidas por sus huestes populares desde que instaló la esperanza en millones de corazones en enero de 1959.
Avanzó a lo largo de un tramo de algo más de 84 kilómetros y no se le escapó detalle alguno. En Buenaventura encontró mujeres, hombres, niñas y niños conmovidos. Ignoró las lágrimas de los consternados y caló sus mentes. Cargaban más alegrías que pena.
Sin mediar palabra alguna, toda esa gente formada en dos largas hileras le dijo que el poblado y sus alrededores son en extremo diferentes con respecto a lo que observó a su paso por allí 57 años atrás. Unos le confirmaron que tenían un policlínico y salas de rehabilitación; otros, con igual orgullo, le contaban sobre la vigorosa red de centros educacionales, entre ellos, las instalaciones de las escuelas en el campo que ahora se transforman en comunidades agrícolas.
El periodista Ricardo Gual aseguró que la emoción ensambló el encuentro.
En Las Calabazas, como sucedió en la entrada a Maceo, en el cruce de San Andrés, Brisas de Yareyal y El Coco, fue saludado por varios centenares más de compatriotas. Fidel supo que eran ganaderos, agricultores, maestros, ingenieros, médicos… La multitud le dijo: «¡Somos eso y mucho más gracias a usted!»
Continuó la marcha. Pasó frente a los edificios del Centro Escolar Mixto «Calixto García». No tuvo dudas sobre el futuro de los alumnos de las enseñanzas primaria, secundaria, preuniversitaria y politécnica reunidos allí. Inmediatamente aparecieron los locales del otrora Regimiento 7 de la tiranía de Batista. Los compatriotas lo saludaron llevándose marcialmente la mano a la frente. Sonrió al recordar que las barracas se transformaron, primero, en aulas, y con el paso del tiempo, en la comunidad Oscar Lucero.
Enardecidas, le juraron lealtad eterna Neldis Serrano Zaldívar, doctora, y Carmen Rosa Leyva Sosa, trabajadoras de un círculo infantil.
A su paso por el monumento de Las Seis Columnas, reverenció a compañeros del Movimiento 26 de Julio masacrados por la soldadesca batistiana. Ciudad adentro, puso la vista en todos los que lo aguardaban y la detuvo por instantes en la residencia de los estudiantes de medicina. A Adel Peña, uno de los futuros galenos, le pareció que el eterno guerrillero también miraba sobre los árboles, en dirección al Hospital Lenin, el cual inauguró el 7 de noviembre de 1965.
Continuó avanzando el Comandante. Calculó el punto de ubicación de La Periquera, en el centro de la urbe. La visitó el 26 de febrero de 1959. Cuando intentó evocar los compromisos contraídos en aquel momento, otra vez mujeres y hombres le aseveraron, entre otras cosas, que el suministro de electricidad ya no dependía de una pequeña estación generadora y que la universidad había renacido vigorosa y fiel a la Revolución. Su paso adquirió mayor gallardía.
Fueron minutos que atesorarán siempre Andrés Martín, trabajador de Copextel, y Kamila Herrera, pionera de ocho años.
Al rato tomó una carretera nueva, de varias vías, razón por la que estuvo a punto de pasar por alto la entrada a la batería de grupos electrógenos que inauguró el 26 de Julio del 2006, el mismo día que comenzaron las dolencias por las que decidió dejar sus cargos y entregar el mando de la Revolución a Raúl.
Varias veces se volteó hacia Birán, el terruño natal. Jorge Luis Bermúdez y su pequeño Jorge Alejandro le prometieron que le cuidarán los cedros y naranjos plantados por Ángel Castro y Lina Ruz, así como todo lo material y espiritual que creó, porque su obra es patrimonio de la nación.
Irrumpió en Cacocum, pero antes, entre muchas edificaciones, distinguió la fábrica de tubos plásticos, la planta productora de muebles sanitarios y azulejos, la renovada recapadora de neumáticos y el aeropuerto internacional Frank País. Felices, porque les enseñó a labrar la dignidad, las personas no quisieron demorarlo. Prefirieron que siguiera a su rápido encuentro con Martí, en Santiago de Cuba.
Quienes vivimos la imborrable jornada, aseguramos que anunció nuevas y victoriosas contiendas. Lo vimos en su eterno ánimo rebelde y en su hábito de evaluar los retos para embestirlos. Era 2 de diciembre. Como en la travesía del Granma, del pecho le brotaba una intensa luz redentora.









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Osvaldo Escalona dijo:
1
2 de diciembre de 2016
19:11:07
hector dijo:
2
3 de diciembre de 2016
14:01:41
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