ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
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Foto: Raúl Corrales

La vida de un revolucionario se resume en un batallar sin tregua, sin reposo, en pos de una causa. Llevados por una fe inquebrantable en la victoria, permanente espíritu de optimismo, y movidos por los más puros valores y convicciones que alimentan las ideas, los revolucionarios son capaces de desafiar tempestades y cambiar el mundo.

Esta especie de hombre se crece ante las dificultades. Para ellos no existe el imposible. No hay obstáculo insalvable. La tormenta es un estímulo. La victoria es siempre segura. La derrota no se concibe, y cuando ocurre, no los disminuye. Se convierte en acicate para convertir el pasado en un futuro promisorio. Las privaciones son una incitación a la búsqueda de soluciones. De las dificultades nace la creatividad. Siempre hay una luz al final del túnel. Es una especie que tiene prohibido no soñar.

Esa fuerza contagiosa e irresistible se alimenta de puro espíritu: de ideas. Y las ideas se nutren de la cultura acumulada y el estudio permanente de la historia de la humanidad y la forja de la nación. De esa estirpe de hombre, revolucionario universal, es el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

Cuando el 18 de diciembre de 1956 tras la sorpresa adversa de Alegría de Pío se produce su reencuentro con el grupo de Raúl en Cinco Palmas, el líder de la Revolución manifestó que con las cinco armas que traía su hermano y las dos que tenía él, «¡ahora sí ganamos la guerra!». En tal circunstancia, algunos se miraron atónitos ante el desbordado optimismo del Jefe. Lo mismo había ocurrido a Simón Bolívar tras la derrota de Casacoima, el 4 de julio de 1817. Completamente diezmado de fuerzas, casi en harapos, rodeado de unos pocos ayudantes, desde la cima de una montaña manifestaba a sus hombres que lo pensaban delirante, que era el momento de liberar al Perú. La derrota fue para ambos, un estímulo para continuar la lucha.

Lo fue para Fidel el fracaso de Cayo Confite, el malogrado ataque al cuartel Moncada, la prisión fecunda en la Isla de Pinos, la sorpresa de Alegría de Pío y cada una de las adversidades que en su vida revolucionaria hubo de enfrentar, incluida, entre otras, la Crisis de Octubre, la Zafra de los Diez Millones, el derrumbe del campo socialista y el periodo especial en tiempo de paz. De los valores éticos y patrióticos, de la historia de Cuba, sacó fuerzas para la defensa de la Patria y convocar al pueblo en la necesidad de realizar los más grandes sacrificios en defensa de una Revolución que era obra de todos.

Ya en México, el sexagenario Coronel español Alberto Bayo, según el Che «quijote moderno (…) de espíritu eternamente joven», veterano de la Guerra Civil española, había quedado cautivado por la figura regia de Fidel. De su primer encuentro recordaría:

«Tiene Fidel, como todo el mundo sabe, una simpatía peculiar, unida a su elocuencia, a su prestancia física, a su educación y cultura, que hacía irrebatibles sus órdenes. Mandaba. Dominaba. Me sugestionó, me atrajo, me subyugó».

Aquel impacto era hijo de una personalidad forjada en valores y principios éticos. A lo largo de la revolución Fidel se referiría a la importancia de los valores para defender una idea. En fecha tan temprana como el 6 de enero de 1959, cuando marchaba a La Habana en la Caravana de la Libertad, declaraba en la ciudad de Santa Clara:

«¡Nuestra generación y nuestro pueblo harán realidad los ideales de todas las generaciones anteriores, los ideales de nuestros mambises, cuyos sacrificios hasta hoy habían sido en balde, porque la patria que teníamos estaba muy lejos de ser la patria que ellos soñaron!».

El 19 de septiembre de 1961, en el acto de entrega de premios a los ganadores del Concurso de canciones populares inspiradas en la Revolución, realizado en el teatro García Lorca de La Habana, refería: «Por eso les decía que para una revolución lo más importante, lo más fundamental, es la preparación de todos los valores humanos del pueblo, en cualquier campo, para cumplir la obra de la Revolución».

Consciente del valor de las ideas, en la clausura de la primera Conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS), celebrada en La Habana el 10 de agosto de 1967, ante revolucionarios de todo el orbe, afirmaba:

«Y serán las ideas revolucionarias la única y la verdadera guía de nuestros pueblos. ¡Nos batimos por nuestras ideas! ¡Defendemos ideas! Pero defender ideas no significa la pretensión de dirigir a nadie. Son nuestras ideas y las defendemos, las ideas revolucionarias. Pero nada más ridículo, porque el mundo no necesita países guías, ni partidos guías, ni hombres guías. El mundo, y sobre todo nuestro pueblo latinoamericano, necesita ideas guías».

El 18 de octubre de 1967, en la velada solemne en memoria del comandante Ernesto Che Guevara, en la Plaza de la Revolución, resaltaba en el héroe argentino y revolucionario universal, que:

«…como revolucionario, como revolucionario comunista, verdaderamente comunista, tenía una infinita fe en los valores morales, tenía una infinita fe en la conciencia de los hombres. Y debemos decir que en su concepción vio con absoluta claridad en los resortes morales la palanca fundamental de la construcción del comunismo en la sociedad humana».

El 7 de julio de 1971, en el acto de recibimiento en el puerto de La Habana, a cuatro pescadores cubanos injustamente sancionados por el gobierno de Estados Unidos, reconocía el peso de la defensa de los valores en la capacidad de resistencia de los revolucionarios:

«Por eso nosotros decimos que los valores morales tienen una extraordinaria importancia, y que allí, en el corazón del imperio, la conducta de estos jóvenes constituye una trinchera, la primera trinchera, una importantísima trinchera. No hay que olvidarse de aquello que decía Martí: «Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra». ¡Y estas son trincheras de ideas! ¡Trincheras de ideas levantadas en el mismo corazón del imperio!».

En la defensa permanente de la utopía revolucionaria tuvo Fidel su más fuerte inspiración. El comandante nicaragüense Tomás Borges, en su libro Un grano de maíz, le preguntó si valía la pena seguir soñando un mundo mejor. La respuesta del guerrillero del tiempo fue paradigmática:

«No tenemos otra alternativa que soñar, seguir soñando, y soñar, además, con la esperanza de que ese mundo mejor tiene que ser realidad, y será realidad si luchamos por él. El hombre no puede renunciar nunca a los sueños, el hombre no puede renunciar nunca a las utopías. Es que luchar por una utopía es, en parte, construirla.

«Martí decía también que los sueños de hoy son realidades de mañana, y nosotros, en nuestro país, hemos visto convertidos en realidades muchos sueños de ayer, una gran parte de las utopías las hemos visto convertidas en realidad.

Y si hemos visto utopías que se han hecho realidades, tenemos derecho a seguir pensando en sueños que algún día serán realidades, tanto a nivel nacional como a nivel mundial. Si no pensáramos así, tendríamos que dejar de luchar, la única conclusión consecuente sería abandonar la lucha, y creo que un revolucionario no abandona jamás la lucha, como no deja jamás de soñar».

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La verdad dijo:

1

24 de noviembre de 2017

13:09:21


Si a algo nos enseño nuestro Comandante fue precisamente a cumplir nuestros sueños, sino miremos el primero que es la revolución misma y que fue el despertar de la verdad para un pueblo que siempre soño con con la independencia, con la libertad y el decoro de sus miembros, y ese solo fue el primero de los sueños porque la revolución misma es algo mas que soñar, es realidad objetiva de que cuando se quiere se puede y que no hay tarea dificil o imposible sino hombres incapaces de ejercerlas, sueños tenemos todos pero no sueños capitalistas, sino sueños de progreso, de propeperidad como queremos nuestro socialismo, con una prosperidad sostenible para el bien de todos, sueños de ser mejores cada dia, de luchar por un futuro mejor que es posible y de seguir soñando por alcanzar aún muchos mas logros sociales para el disfrute de nuestro pueblo, seguiremos soñando porque soñar no nos cuesta nada sino que nos da alientos para hacer de nuestra sociedad ejemplo de esos sueños a los que Fidel nos enseño.

Serguei Garcia Martinez dijo:

2

24 de noviembre de 2017

13:40:07


soy un jóven cubano que le debo toda mi formación a la Revolución y en especial a Fidel quisiera en mi comentario publicar el siguente escrito de mi autoría en homenaje a nuestro invencible comandante en jefe. Cabalgando con su Pueblo. Don Ángel Castro y Lina Ruz no era capaz de imaginar que aquel pequeño niño que nacía 13 de agosto del lejano ya 1926, se convertiría en una de las personalidades más grandes del siglo XX, su querido Birán, que ni tan siquiera era un pueblo sino algunas casitas aisladas, veía nacer a uno de los hijos más relevantes de nuestra patria, y así en aquel lugar empezaba la historia de nuestro querido Fidel, un niño que a pesar de ser de una familia adinerada solía comer maíz tostados en los barracones junto con los negros haitianos de lugar y se iba a los charcos y ríos de aquellos parajes y su campo era su mayor libertad. Con 4 años ya aquel niño rebelde aprendía a leer y hasta algunos garabatos ya realizaba y desde el principio estaba en primera fila, sus habilidades le dieron un boleto para la ciudad y así a los 6 años, Santiago de Cuba recibía a quien lideraría años después a los jóvenes que la liberaran del horror y de la muerte. En aquella ciudad que lo impresiono a su llegada, vio el mar por primera vez y en su nuevo hogar pudo apreciar la belleza de la Sierra Maestra, las mismas montañas que lo harán un joven rebelde, el líder de un ejército que cumpliría los sueños de Martí, de una Cuba libre y con los pobres de los tierra hecho su suerte andar. Empezaron a correr los años tan rápido como lo hacia aquel niño y llego el viaje a la Habana y su entrada a la Universidad en la que se formo como revolucionario y en la que ya en septiembre de 1950, aquel pequeño niño del sencillo Birán, era el abogado Fidel Castro, el mismo que el 53 no permitirá que mueran las ideas del maestro en el año de su centenario y primero antorcha en mano y luego una vez más encabezando a un grupo de joven asaltaría el Moncada para que despertara la Isla en busca de su libertad, y 5 años, 5 meses y 5 día de aquella noche, los Mambises entraba en Santiago nuevamente, pero esta vez triunfantes, con Fidel al frente y su podría decir en manera de ficción que entonces era la ciudad la que se impresionaba con la llegada de Fidel. A partir de 1959 te convertiste en luz y faro para el mundo entero, muchos quisieron apagar esa luz, pero junto a tu pueblo cada día brillaste más, en cada ocasión que te necesitamos ahí estuviste, enfrentando ciclones, adversarios en Girón, junto a tu pueblo en cada obra que la Revolución hacia, construyendo el presente y el futuro y así te convertiste en pionero, en maestro, en estadista, en deportista, en medico, en internacionalista y en genio político-militar, por lo que solo tu puede ser merecedor que el mundo te conozca como un gigante moral, o el Quijote del Siglo XX, hijo sagrado de la Patria, escultor de la Revolución. Símbolo de independencia y de la solidaridad, un líder y dirigente autentico del cual cada cubano digno debe sentirse orgulloso cuando por esto día gritemos la frase con la que el mundo te despidió físicamente en los triste día de noviembre, en los que partiste en el Granma hacia la inmortalidad para llegar una vez más victorioso a Santiago y fuera entonce el mundo quien se impresionara ante tu llegada y reposara allí en esa majestuosa piedra en forma de grano de maíz donde cabe toda la gloria de este mundo y un mar de ese pueblo agradecido que siempre te acompañara te decía con orgullo y gallardía, Yo Soy Fidel, Yo Soy Fidel, como compromiso que cabalgaremos junto a tu ejemplo y tus ideas y que siempre delante de la caravana habrá un caballo sin jinete para que tú montado sobre él, nos guíes hasta la Victoria Siempre.

yanina mercado dijo:

3

24 de noviembre de 2017

14:03:30


es un gusto leer desde argentina su prensa