ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Fidel Castro y Hugo Chávez durante la transmisión 231 del popular programa Aló Presidente. 22 DE AGOSTO DEL 2005. Foto: Juvenal Balán

Se puede saber tanto de un hombre por sus detractores como por sus admiradores. “Fidel Cas­tro era tal vez el líder revolucionario en el poder más genuino de aquellos momentos”, escribió Henry Kissinger en el último volumen de sus memorias.

El exsecretario de Estado y asesor de varios ocupantes del Despacho Oval se refería a 1975 y al asombro estadounidense ante la participación de Cuba en la lucha por la independencia de Angola. En la dinámica de la Guerra Fría, los soviéticos no querían involucrarse directamente y Washington apoyaba sin tapujos al régimen racista de Pretoria.

Líderes de todo el mundo, entre ellos Nelson Mandela, profesaron un profundo respeto y admiración por el Líder de la Revolución cubana. Foto: AP

Fidel demostraba una vez más que la Revolución que había triunfado en 1959 se movía por los principios y no era satélite de nadie. El heroísmo de los cubanos que pelearon en África y el liderazgo de Fidel ayudaron a cambiar la historia de ese continente y, como aseguró el propio Nelson Mandela, a ponerle fin al apartheid.

Era la primera vez que un país pequeño del hemisferio occidental enviaba fuerzas militares fuera del continente y, para asombro de muchos, conseguía un éxito aplastante. Era un recordatorio de que incluso un pequeño país, cuando lo mueven ideales de justicia, puede enfrentarse a los poderes mundiales. Era revolucionario.

Ya antes había hecho lo que muchos consideran imposible, una revo­lu­ción socialista a solo 90 millas de los Estados Unidos. Una afrenta que Washing­ton no ha dejado de castigar durante más de medio siglo con diversos métodos.

Cuando aún se peleaba en la Sierra Maestra contra la tiranía de Batista, el genio del líder revolucionario preveía que la verdadera lucha sería contra el imperialismo. Pero ese enfrentamiento, que ha mar­­cado la impronta de su figura a nivel mundial, no es un conflicto vano con­tra un país o contra un gobierno. Es la lucha contra una lógica universal:

“Parece que hay dos tipos de leyes, uno para Estados Unidos y otro para los demás países. Tal vez sea idealista de mi parte, pero nunca he aceptado las prerrogativas universales de EE.UU.”, le dijo Fidel a los emisarios de Carter en 1978 cuando estos llegaron a La Habana a exigir condiciones para una mejoría de las relaciones.

Una voz que no está junto a la de los poderosos sino con “los pobres de la tierra”, no podía hacer otra cosa que extenderse como pólvora por los llanos, las selvas y las montañas de este continente.

La Revolución Cubana y el pensamiento de Fidel han sido una inspiración para todos aquellos que buscan un mundo distinto, que supere las contradicciones que el poder se empeña en mostrar como inevitables.

La llama que se prendió en 1959 alcanzó aún más fuerza después de la caída del campo socialista, cuando parecía que habían caído todas las banderas. La defensa del socialismo co­mo una salida para los problemas de la humanidad, incluso en las condiciones más difíciles para un país, ubican a Fidel en una corta lista de revolucionarios que han sabido interpretar “el sentido del momento histórico”.

Y esa convicción nunca estuvo atada a dogmatismos. Como mismo las armas y recursos cubanos estuvieron junto a las guerrillas que se enfrentaban a las dictaduras de nuestro continente, Fidel —el luchador de la Sierra— su­­po reconocer a tiempo cuando pasó el momento de la lucha armada y empezó el de las transformaciones po­líticas.

Ha tenido el privilegio de ver pasar distintas generaciones de revolucionarios latinoamericanos y estos la suerte de contar con él: de Salvador Allende a Hugo Chávez, pasando por incontables y valiosos líderes de la región.

“Fidel es para mí un pa­­dre, un compañero, un maes­tro de estrategia perfecta”, dijo Chávez en una entrevista con nuestro dia­rio en el año 2005. El primer encuentro entre los dos líderes se dio en 1994, al pie de la escalerilla del avión donde Fidel esperaba en La Habana al recién liberado teniente coronel.

El triunfo de Chávez en las elecciones de 1999 fue el comienzo de un cambio de época para América Latina y el Caribe que, co­mo han reconocido sus pro­pios protagonistas, des­de Evo Morales a Rafael Correa, hubiese sido im­posible sin el ejemplo y el liderazgo de Fidel.

Aunque en estos momentos una contraofensiva de la derecha busca deshacer los avances de la última década, hay pruebas concretas de los esfuerzos de integración postergados por más de 200 años como la Comunidad de Es­­­tados Latinoamericanos y Caribeños.

Mucho antes, en una reunión del Foro de Sao Paulo en La Habana en 1993, el líder cubano le había dicho a las fuerzas de izquierda: “¿Qué me­nos podemos hacer no­sotros y qué menos puede hacer la izquierda de América Latina que crear una conciencia en favor de la unidad? Eso debiera estar inscrito en las banderas de la izquierda. Con socialismo y sin socialismo”.

Junto a su incansable la­bor revolucionaria, el pen­­samiento humanista de Fidel ha alertado sobre los grandes problemas de la humanidad, desde el cambio climático a la po­sibilidad de la destrucción global por el uso de las armas nucleares.

Nadie podría pasar por la historia del siglo XX y lo que va del siglo XXI, sin estudiar la obra y el ideario de este cubano que inscribió a un pequeño país del Caribe en las páginas de la “verdadera historia universal”, la que cuentan los pueblos.

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santiago herrera linares dijo:

1

26 de noviembre de 2016

14:37:35


FIDEL CASTRO NO MUERE. Por Santiago Herrera Linares. Ha fallecido Fidel Castro. Parece mentira y lo es: Fidel estará siempre. No es retórica. Su desaparición física es el momento doloroso de saber que renace en otra dimensión en la que se agigantará con su estandarte de inteligencia y coraje en la lucha por su nación, por América y los pueblos del mundo. Crecerá su voz vibrante, transparente y ética denunciando la arbitrariedad, las guerras criminales, los abusos contra los pueblos, la ignominia del colonialismo, la esclavitud velada y las injusticas en todo el mundo, la destrucción de la naturaleza, la deuda impagable que muchos quieren hacer pagar a las masas laboriosas. Se reproducirán sus impresionantes y aleccionadores discursos en los foros nacionales e internacionales llamando a la solidaridad, la sensatez en las relaciones políticas y económicas entre los estados y la necesidad de defender y cumplir con el Derecho Internacional. Sus ideas estarán multiplicadas en los líderes populares de todo el mundo y su nombre alumbrará los momentos de dudas en la lucha por un mundo mejor. La magia de su magnetismo personal estará en el espíritu del pueblo que lo siguió en sus combates y en el trabajo cotidiano por vivir, en primer lugar con dignidad. Su ejemplo de inclaudicable guerrero de las causas de los pobres del mundo abonará los cimientos de las luchas contra la opresión de los países que son sometidos a presiones, chantajes y guerras despiadadas. Se convertirá en millones que siguiendo su ejemplo no se pondrá al lado de los beneficios y las prebendas y del consumismo, sino al lado de la sencillez, del desprendimiento y de la austeridad. Alimentará la energía en el trabajo abnegado de sus conciudadanos, que transmitirán las lecciones a las generaciones por venir y serán multiplicadas sus enseñanzas éticas, morales y políticas. Sus ideas de una sociedad justa, de iguales derechos para todos, sin insensibles diferencias en el disfrute de los avances de la cultura y la tecnología, seguirán siendo un programa de justicia y las generaciones futuras, en todo el mundo mirarán sus enseñanzas, más allá de los siglos. Los pueblos saben que tenían en él a un fiel defensor, a un líder que se crecía cuando de los humildes, de obreros, campesinos, enfermos, mujeres y niños se trataba. Su figura, crecerá con los años y los siglos parecerán años, respetando su legado de intransigencia ante las injusticias y de lucha constante contra la opresión de las masas. Se hará leyenda de entrega a las causas justas. En las escuelas, hospitales y centros de trabajo de su Cuba inmensa, digna y luchadora estará permanente su lección inmortal de trabajo constante y defensa de la patria a toda prueba. A partir de hoy no está ausente. Estará en todas partes, más allá de lo físico. Estará en nosotros. Infelices los incaustos que creen que desaparece de este mundo. La Habana, 26 de noviembre de 2016.

angel dijo:

2

27 de noviembre de 2016

12:51:57


Era tan previsor del futuro, que años antes de la desintegración de la URRS, ya sabía como enfrentariamos los cubanos ese desclave del socialismo, como descubre a ese grande de América Chávez, como logró preparar a su pueblo cuando partiera físicamente, concuerdo con Abel Prieto cuando dijo es capaz de ir al futuro y volver al presente para hacer la historia.

Rigoberto Taboada dijo:

3

27 de noviembre de 2016

20:27:55


!Gracias Sergio Alejandro!. Su artículo hace merecida justicia a la ejecutoria de un coloso de la justicia social. La vida llevó a Fidel al campo de las leyes, la política y la filosofía. Toda su ejecutoria, en cualquier campo, se alza sobre el humanismo y la ética que trasciende las fronteras nacionales. Solo lo auténtico, lo genuino, sencillo y humilde perdura en la conciencia de las masas populares y ganan el respeto de los adversarios.

maria dijo:

4

28 de noviembre de 2016

12:53:30


fidel era y sera lo mximo, su pensamiento es ley, es saber, es fortleza y verdad. Todo lo dicho por este indiscutible nunca sera olvidado