ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Más allá de tomar la fecha para con­memorar el Día de la Ciencia Cubana a partir de 1990, lo expresado por Fidel el 15 de enero de 1960 trasciende por tratarse de una audaz proyección estratégica sobre el papel de la ciencia y la tecnología en el desarrollo del país.

Al hablar aquel día en el acto por el XX Aniversario de la Sociedad Espeleológica de Cuba, efectuado en el paraninfo de la hoy nuevamente sede de la Academia de Ciencias, el máximo líder de la naciente Revolución dijo con énfasis: “El futuro de nuestra Patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia, de hombres de pensamiento, porque precisamente es lo que más estamos sembrando, lo que más estamos sembrando son oportunidades a la inteligencia”.

Desde el Paraninfo de la Academia de Ciencias, Fidel expresó el 15 de enero de 1960 que el futuro de Cuba tenía que ser un futuro de hombres de ciencia. Foto: Academia de Ciencias de Cuba

La profética frase fue enunciada cuando aún había más de un 20 % de analfabetos, existían pocos centros de investigación, comenzaba el éxodo de profesionales hacia el exterior, y el número de profesores y maestros distaba mucho de poder respaldar aquel propósito que no pocos consideraban inalcanzable. De manera simultánea arreciaba la política hostil del gobierno de los Estados Unidos.

Solo un hombre con la visión de Fidel, empeñado en mirar el mañana como algo inmediato, dotado de una ilimitada confianza en las posibilidades del ser humano, y plenamente convencido de que sin el dominio de la ciencia era imposible aspirar al progreso económico y social, podía colocar al sector entre las prioridades del gobierno revolucionario, en medio de tan desfavorable contexto.

Bajo su permanente atención se crearon nuevos centros investigativos con énfasis en el estudio de los recursos naturales, y la prestación de importantes servicios. La multiplicación de instituciones y la formación masiva de especialistas en las más disímiles ramas del conocimiento marcaron el comienzo de la colosal obra que hoy es la ciencia cubana, parte indispensable de nuestro patrimonio cultural.

Prácticamente ninguna disciplina quedó ajena a los desvelos del Comandante en Jefe. Poco se ha dicho por ejemplo de que fue el promotor de las aplicaciones de la meteorología en la agricultura y de crear una red pluviométrica capaz de cubrir todo el archipiélago para conocer con mayor precisión la distribución espacial y estacional de las precipitaciones, poniendo esos datos en función de los nuevos planes agrícolas en marcha.

La preocupación por los problemas ambientales del planeta ha sido tema recurrente en muchos de sus discursos y escritos. Baste mencionar su célebre pronunciamiento en la Cumbre de Río de 1992, al advertir que una importante especie biológica estaba en riesgo de desaparecer por la progresiva liquidación de sus condiciones de vida: el hombre.

Gestor y principal impulsor del nacimiento del Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNIC) fundado el primero de julio del año mencionado, Fidel lo concibió como el buque madre del cual surgirían después otras instituciones de primer nivel. Así sucedió al prepararse allí el personal que laboraría luego en el Centro Nacional de Sanidad Agropecuaria, en el de Ingeniería Genética y Biotecnología, Inmunoensayo y en el Centro de Neurociencias de Cuba, por mencionar algunos.

En los años más duros del periodo especial resaltó más de una vez su medular concepto de que la supervivencia de la Revolución y el socialismo, la preservación de la independencia, dependían fundamentalmente de la ciencia y la técnica.

Con absoluta convicción afirmaría también en 1993 que “la ciencia y las producciones de la ciencia, deben ocupar algún día el primer lugar de la economía nacional, que partiendo de los escasos recursos, sobre todo de los recursos energéticos que tenemos en nuestro país, tenemos que desarrollar las producciones de la inteligencia, y ese es nuestro lugar en el mundo, no habrá otro…”.

Lo anterior sustentó la decisión de impulsar el desarrollo de la biotecnología y priorizar tan promisoria industria, cuando precisamente el país sufría los más severos impactos derivados de la desaparición de la Unión Soviética y el campo socialista europeo, así como del reforzamiento del bloqueo norteamericano.

Cuenta el doctor Agustín Lage que al visitar el Jefe de la Revolución en septiembre de 1989 el pequeño laboratorio radicado en el Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología, donde un reducido grupo de investigadores había obtenido los primeros anticuerpos monoclonales producidos en el país, les preguntó cuál era la empresa líder mundial en ese renglón y cuánto hacían.

Tras recibir la respuesta correspondiente, su segunda pregunta fue: ¿y ustedes no piensan competir con esa gente?

Esa ha sido siempre la impronta de Fidel en el desarrollo de la ciencia en Cuba. Con su prédica y proverbial optimismo enseñó a nuestros investigadores a vencer los mayores obstáculos y no renunciar jamás a convertir en realidad el más utópico sueño.

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