ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Más de una decena de países de América Latina irán a las urnas antes de que concluya el 2018, en un superciclo electoral que dará forma al mapa político de la próxima década.

Aunque se habla del fin de la tendencia progresista iniciada con la victoria del venezolano Hugo Chávez en 1998, en varios casos los partidos de izquierda tienen opciones reales de ganar terreno, consolidarse y llegar al poder.

El resultado de los comicios generales en Honduras, donde la alianza opositora de Salvador Nasralla lidera el recuento de votos frente al actual presidente, Juan Orlando Hernández, puede ser la primera «sorpresa» de muchas.

El expresidente Manuel Zelaya, depuesto por un golpe de Estado en el 2009, fue el coordinador de la campaña de Nasralla y uno de los artífices de la Alianza de Oposición contra la Dictadura, que aúna a los partidos Libertad y Refundación (Libre), Innovación y Unidad (PINU) y el Anticorrupción (PAC).

Hace apenas unas semanas, la noticia de la primera vuelta de las presidenciales en Chile fue el espectacular resultado del Frente Amplio de Beatriz Sánchez. El tercer lugar obtenido, con cerca del 20% de los votos, le otorga a la coalición una buena mano para exigir la inclusión de sus demandas en la segunda vuelta y reafirma que un programa de cambios profundos tiene arraigo en el país que se vende como la vitrina del neoliberalismo en la región.

A pesar de los intentos de bloquear su candidatura, el exmandatario Luiz Inácio Lula da Silva lleva un cuerpo de ventaja sobre los aspirantes de la derecha brasileña a las elecciones del próximo año y es el indiscutible favorito para tomar el mando del gigante sudamericano, golpeado por escándalos de corrupción y crisis económica.

Al norte, México se enrumba a las presidenciales de julio del 2018 con Andrés Manuel López Obrador en la cúspide de las intenciones de votos. Las propuestas de su partido, Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), han calado en medio de la inseguridad, la corrupción institucionalizada y los vientos que soplan de Estados Unidos.

En Colombia, la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, el partido resultante del paso a la vida civil de la guerrilla de las FARC, tendrá su primera cita con las urnas el próximo año. Las previsiones sobre su desempeño en el nuevo campo de batalla son inciertas, pero hay pocas dudas de que moverá el piso de la adocenada izquierda colombiana.

En la misma región andina, Venezuela enfrenta un escenario muy diferente. Tras 18 años de revolución y resistencia frente a los ataques de la derecha local y las agresiones internacionales, el presidente Nicolás Maduro acudirá a las urnas en el 2018 en medio de una crisis económica y nuevas rondas de sanciones de Estados Unidos.

Sin embargo, el resultado este año de las elecciones regionales, en la que obtuvieron 18 de los 23 estados en disputa, es una señal clara del potencial político del movimiento fundado por Chávez.

A pesar de las características propias de cada país y sus realidades políticas, el contexto en el que se desenvolverán los comicios es similar.

Los electores están cada vez más influenciados por los medios de comunicación y el mundo digital. Del Brexit a las elecciones presidenciales en Estados Unidos, se viene demostrando el poder de contar con los datos para manipular a la carta la opinión de millones de personas que utilizan las redes sociales.

La corrupción es un mal endémico que carcome las instituciones y pone en crisis la legitimidad de la política. Aunque afecta a todos los partidos por igual, la izquierda suele salir peor parada porque sus banderas históricas son precisamente cambiar esa realidad.

En cuanto al escenario internacional, la economía no acaba de estabilizarse y fluctúan a la baja los precios de las materias primas. La administración de Donald Trump amenaza con volver a etapas más hostiles y no descarta el uso de la fuerza contra naciones como Venezuela, al tiempo que lidera una campaña antinmigrantes en la que podrían salir afectados millones de latinoamericanos.

Pero el superciclo electoral que se avecina es también una oportunidad para avanzar posiciones y dejar mejor parada a América Latina de cara a la próxima década, en la cual la integración será esencial para aprovechar las oportunidades que surgen del ascenso de nuevos actores como China y Rusia.

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Miguel Angel dijo:

1

29 de noviembre de 2017

06:37:34


A mi juicio el análisis del autor es bastante objetivo y no se puede tildar de soñador o de quimera, aunque los revolucionarios debemos soñar con los pies en la tierra, aprovechando los elementos objetivos y subjetivos existentes. No fue acaso una utopía el inicio de la lucha revolucionaria por la vía armada en Cuba planteada por Fidel y ejecutada exitosamente con el apoyo de un grupo de valerosos jóvenes, la Revolución socialista vibrante y triunfante por mas de 58 años con la participación activa de la mayoría del heroico pueblo cubano?. O acaso también no lo fue la victoria de Hugo Chávez en Venezuela?, el sandinismo en Nicaragua y otros ejemplos de movimientos triunfantes en Nuestra América, surgieron derrotas parciales, porque el desarrollo de la sociedad no es vertical, sino en espiral, pero el resurgir de los movimientos populares progresistas o auténticamente revolucionarios no se harán esperar, porque el neoliberalismo, engendro diabólico del imperialismo, no ofrece perspectivas de bienestar y dignidad para las masas populares. En su desenfrenado afán de lucro y enriquecimiento los oligarcas cometen los mas execrables crímenes y abusos, sin importarle un ápice la situación de los mas pobres y marginados, por tanto, "Es la hora de los hornos y no se ha de ver más que la luz", ¡Es la hora de los pueblos! ¡Es la hora del futuro!. Nada tiene de utópico el reciclaje de triunfos populares en Nuestra América, cabe agregar la situación revolucionaria peculiar en Bolivia, en Ecuador no se ha perdido el combate con la presencia del corajudo Correa y sus valientes seguidores, queda camino por andar y triunfar sobre la traición. Pienso que el vaso se está llenando de agua pura, cristalina y revolucionaria. El futuro es promisorio, el futuro pertenece a los pueblos, no al miserable imperio que persiste en su empeño de entronizarse sobre la base de la explotación y la pobreza de nuestro pueblos. Apruebo la reflexión de Sergio Alejandro, que debe ser la de los revolucionarios del continente.

Jose R Oro dijo:

2

29 de noviembre de 2017

11:36:45


Excelente artículo. Hay cosas en que la izquierda y las fuerzas progresistas tienen control y otras no. La más importante sobre las que se tiene control, que depende de nosotros mismos, es la unidad. Lo logrado por Manuel Zelaya en Honduras de agrupar sectores de corte tradicionalmente sectario alrededor de la figura del candidato Salvador Nasralla es un ejemplo de lo que se pueda hacer (aunque la posibilidad de fraude último minuto, con los votos de las aéreas rurales, esta aun abierto). Si el Partido Liberal centrista de Luis Zelaya se hubiera unido, la derecha hondureña hubiera sido pulverizada y sin opciones de fraude. Si Chile se une, Sebastián Piñera puede ser derrotado en la segunda vuelta. Hay que hacer énfasis en la unidad de la izquierda y de las fuerzas progresistas, más que en protestar con toda justicia, sobre la canalla mediática sobre la que no se tiene casi ningún control, solo denunciarla.