
Existe un grupo de tecnologías que marca el ritmo de la sociedad contemporánea y que, además, se refuerza entre sí, generando un círculo virtuoso. Entre ellas se encuentran los semiconductores, la inteligencia artificial, la computación cuántica, las energías renovables, el sector aeroespacial y el biofarmacéutico, entre otros.
Estos sectores poseen una alta importancia geopolítica por las ventajas competitivas que brindarían a sus poseedores. Ya estamos en la carrera por alcanzar la supremacía cuántica: el momento en que una computadora cuántica pueda resolver un problema más rápido que una convencional.
Se puede afirmar que la computación cuántica generará una revolución tecnológica que acelerará las comunicaciones, permitirá avances en inteligencia artificial, ciencias de la vida, de la Tierra, la meteorología y en ciberseguridad.
Su impacto en la economía y en las capacidades defensivas ha dado el pistoletazo de salida de una carrera entre diversas potencias, tanto establecidas como emergentes.
La computación cuántica difiere de la tradicional en que se basa en los principios de superposición y entrelazamiento de la mecánica cuántica.
La superposición es el principio por el cual las partículas subatómicas pueden estar en varios estados a la vez; en el momento en que se les observa, adoptan uno concreto.
El entrelazamiento permite que dos partículas se comporten igual simultáneamente, sin importar la distancia entre ellas. En las computadoras actuales se trabaja con bits, que valen 0 o 1; en la cuántica, con cúbits, que pueden tener varios valores a la vez: eso acelera muchísimo los cálculos.
Las computadoras cuánticas pueden romper los estándares de cifrado actuales, poniendo en peligro la seguridad de las comunicaciones y los datos.
La infraestructura digital actual, desde las comunicaciones militares hasta la banca y el comercio electrónico, depende del cifrado; estos pueden ser descifrados por los algoritmos cuánticos. Esto se considera un punto de inflexión para la seguridad nacional.
El país que desarrolle dicho equipo primero obtendría la capacidad de descifrar las comunicaciones secretas de sus rivales, dándole una gran ventaja militar y de inteligencia. Eso ha estimulado lo que algunos llaman carrera armamentista cuántica, con las principales potencias compitiendo para mejorar su ciberseguridad y para recolectar datos cifrados ahora, para descifrarlos más tarde.
La computación cuántica promete resolver problemas insolubles para las supercomputadoras clásicas, revolucionando campos como el descubrimiento de fármacos, la ciencia de los materiales, la optimización logística y la inteligencia artificial.
Quien lidere este campo obtendría beneficios económicos, dominaría las industrias de nueva generación y los mercados de alta tecnología. Un liderazgo tecnológico temprano podría traducirse en industrias cuánticas robustas (que abarquen todo el ciclo de vida de su desarrollo) y empleos de alto valor.
Las tecnologías cuánticas tienen aplicaciones militares directas. Pueden ser de gran ayuda en las simulaciones y optimizaciones complejas, y permitirían enlaces ultraseguros en las comunicaciones cuánticas.
La detección cuántica puede mejorar las capacidades de detección de submarinos o aeronaves furtivas al detectar pequeñas anomalías gravitacionales o magnéticas, lo que eliminaría las capacidades tradicionales de sigilo. Esos avances alterarán el equilibrio militar.
Por todo lo anterior, la tecnología cuántica se considera un escenario de rivalidad similar a la carrera nuclear en la Guerra Fría.
El liderazgo en computación cuántica también es una cuestión de prestigio nacional y soberanía tecnológica. Dominar su vanguardia elevaría la posición global de una nación como líder en innovación.
Los países no quieren quedarse atrás y volverse dependientes de otros para una tecnología crucial. Alcanzar hitos cuánticos suele celebrarse a nivel nacional como un triunfo similar al «momento Sputnik».
Por el contrario, el rezago en esas capacidades plantea preocupaciones por la dependencia estratégica, lo que crearía dependencia de infraestructuras cuánticas extranjeras. Esa situación motiva a los gobiernos a crear un ecosistema cuántico autóctono –desde la investigación, el desarrollo de talento y las cadenas de suministro– para la autosuficiencia en este campo crítico.
Debido a lo anterior, se evidencia por qué los gobiernos consideran la computación cuántica como una prioridad estratégica. La carrera por liderar ese campo no se limita a la preeminencia científica; conlleva implicaciones reales para el liderazgo económico, la fuerza militar, la ciberseguridad y la capacidad de establecer las reglas en una era emergente.
Entre los países que ya tienen aprobados planes nacionales y leyes sobre este campo se encuentran Estados Unidos, China, la Unión Europea, Rusia, Canadá, India, Reino Unido, Francia, Corea del Sur, Países Bajos, España, Alemania y Australia.
El momento apropiado y eficaz para considerar las implicaciones éticas de una tecnología es cuando esta aún se encuentra en la fase de diseño y desarrollo, ya que permite una intervención temprana.
Las preocupaciones éticas sobre la computación cuántica comienzan a debatirse, pero aún no existen directrices globales.
A partir de los aprendizajes obtenidos sobre principios éticos para mitigar riesgos y consecuencias imprevistas en otras tecnologías emergentes –como la ia, la nanotecnología, la energía nuclear y los organismos genéticamente modificados–, se hace necesario estudiar las implicaciones éticas de esta tecnología.
Los riesgos relacionados con la computación cuántica podrían mitigarse mediante un conjunto de medidas políticas y de gobernanza eficaces, conjuntamente con la concientización entre las partes interesadas.
El Foro Económico Mundial presentó la iniciativa La Gobernanza de la Computación Cuántica de la Red de Computación Cuántica, que busca impulsar la interacción entre dominios para acelerar el aprendizaje y la coordinación, a fin de construir una economía cuántica segura mediante flujos de trabajo interconectados en torno a aplicaciones, ciberseguridad y gobernanza.









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