
César Raúl González Xiqué lo asume bien al vencer, pero no es de los que tira serpentinas por cada jaque mate que propina. «Salgo bastante neutral. Los triunfos son las partidas en las que menos se aprende, porque es algo que hago por conocimiento propio», declara.
César abandona el tablero y sale caminando como si las más de dos horas de juego no le hubieran hecho mella. Su rutina es sencilla: tras comunicarle a su madre la buena nueva, va y le toma foto a la boleta de su partida. Cuando pierde, todo cambia y su cuerpo lo delata.
«Cuando uno se equivoca, hay más margen al aprendizaje. Las victorias que más me motivan son aquellas que exigen todo de mí. Por otro lado, a nadie le gusta perder, menos luciendo mal», se sincera quien, a los 16 años, perfila, haciendo justicia a su nombre, manías de ganador.
Xiqué es oriundo de Trinidad, Sancti Spíritus, aunque desde muy chico su familia se mudó para La Habana. Él nunca estuvo frente a un tablero de ajedrez sino hasta hace siete años, cuando dejó los tatamis de judo por las 64 casillas.
La vida le cambió un 25 de febrero de 2019 cuando, en una visita a casa de su papá, este lo invitó a jugar. Derrotado, su orgullo lo motivó a apuntarse en el centro de estudios isla, incitado justamente por su verdugo. El 27 de febrero comenzó su formación.
«Me fui enamorando del ajedrez hasta que salí del judo, no sentía lo mismo. Lo que me cautivó fue la precisión y la posibilidad de poderme superar siempre. Soy del criterio de que las cosas se hacen bien o no se hacen, por eso mi ambición», cuenta.
Como ganador, su mentalidad es fría y pocas veces visibiliza emoción alguna. «El tablero es un campo de batalla y cualquier sentimiento que deje ver es información para mi enemigo», confiesa.
Recientemente, enfrentó su primer torneo Capablanca In Memoriam fuera de las categorías infantiles, en el que concluyó en la posición 64 entre 122 participantes. «Es uno de los principales eventos del país y lo tomo como un reto más. Resulta interesante poder enfrentar a tantos jugadores fuertes. Me emociona y lo llevo con actitud deportiva».
GENIO Y PICHÓN DE ABOGADO
A su edad, exhibe en su aval la etiqueta de monarca centroamericano Sub-20 en partidas rápidas y blitz, además de quinto en las clásicas. «Particularmente, no me gusta jugar tan rápido, pero he adoptado esas modalidades para tener más roce competitivo.
«Siempre fui neutral, mas al término de mi última partida clásica se me notaba la felicidad. Yo no me imaginaba como campeón, ahí estaban los mejores jugadores del área», nos cuenta.
–¿Cómo manejas esa presión y competitividad?
–Hubo momentos en los que flaqueé y por ello no pude tener posibilidades más grandes. Me planteé que debía ganar como diese lugar y lo logré. Aquí la sicología es tan importante como el conocimiento, uno mismo debe creérselo.
«Aún tengo mucho que aprender y por ahora solo busco disfrutar. El ajedrez es un juego y lo vivo como tal. Creo que es la mejor mentalidad que puedo tener para enfrentar todos estos procesos», argumenta.
Para llegar al éxito, en un deporte tan exigente como este, muchas veces los jóvenes queman etapas, pero César siempre fue un niño natural. «He sido aplicado en la escuela, hacía mis tareas entre semana y los findes salía de paseo con mi papá», relata.
Decía Confucio: «Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida». Esa es la idea de este adolescente que no ve en el ajedrez el camino arduo de otros.
«No he tenido que renunciar a algo en particular, porque lo que uno disfruta no es trabajo ni sacrificio. Yo disfruto lo que hago, sin pensar en lo que me depare el futuro», expone.
César va rumbo a la universidad, a estudiar la carrera de Derecho, aunque lo considera su plan b. «Llevaré ambas cosas a la vez, pero mi prioridad es el ajedrez».






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