ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El opuesto combina un carácter fuerte en la cancha y apacible fuera de ella. Foto: FIVB

En días recientes, Jesús Cruz le dio una de las mejores noticias a Daniel Martínez: estará con el equipo Cuba en la primera semana de la Liga de Naciones de Voleibol (VNL). «No lo esperaba. Ahora trabajo duro para dar lo mejor de mí», declara.

Dar lo mejor de sí implica para él entrenar toda la mañana, correr 30 minutos al final de la sesión y terminar «mata'o», como expresa en sus primeras palabras. Así es la rutina de un muchacho de 20 años, considerado uno de los más talentosos en la Escuela Nacional de Voleibol.

Pero Daniel no llegó a su deporte sino hasta séptimo grado. «Cuando niño practiqué baloncesto, pelota y fútbol. Terminé decantándome por el voleibol, ya que me gustó más. Tampoco di la talla en los otros.

«Nunca me rendí en el voleibol y los resultados se dieron. Mi mamá, Mabel Campos, fue jugadora de las Morenas del Caribe, y un aliciente en mi carrera», rememora.

Daniel mide cerca de 2,20 metros y su talla de gigante chocó con su desarrollo, hasta que halló su espacio. «Mi tamaño es idóneo para el básquet, pero exige más físico. En el fútbol las personas altas generalmente juegan de portero, y nunca me ha gustado esa posición».

Los inicios del matancero fueron en la sala, pero se formó en la playa. «Después de siete años, decidí regresar. Mi primera posición fue la de central, pero no me destaqué.

«Antes pensaba que ambos estilos eran iguales, hasta que cambié. En la sala se juega diferente: es más dinámico y exige más tareas de ti. Al no ser alguien muy rápido, todavía me cuesta adaptarme», expone.

En la arena sus resultados, junto a Lázaro Portes, no fueron despreciables. Siendo el segundo dúo de Cuba, lograron medalla de plata en los v Juegos del Alba en 2023 y ganaron la segunda parada del circuito Norceca en el propio año.

«Me gustaba mucho el voleibol de playa, pero apenas disfruté de ocasiones con mi dupla. Teníamos talento y resultados, pero las oportunidades y los eventos eran para la primera pareja. Pudimos haber logrado muchas cosas juntos.

«Pedí la baja cuando me hallaba en Rusia en 2023. Acepté el riesgo de la sanción y estuve fuera seis meses. Pudo haber sido más tiempo, pero me ayudó el buen comportamiento. Es una decisión de la que siento orgullo, pues he tenido buenos resultados», narra.

 

UN TALENTO POR ENCIMA DE LA RED

Tras un paso por el Sada Cruzeiro brasileño, actualmente milita en el Hiroshima Thunders de Japón. «Aquí el juego es diferente tácticamente. Lo asumo con mentalidad positiva, enfocado en mi trabajo. Esa es la clave», habla sobre su proceso de adecuación.

En su primer año en tierras niponas «no fui regular. Con el tiempo me vieron cualidades y me daban más chances, hasta partidos completos. En uno llegué a marcar 23 puntos y eso me fue otorgando renombre. En la campaña próxima tendré más oportunidades».

En la ciudad de Nogales, en 2024, fue cuando el joven atacador dio las primeras muestras de su talento. En el Campeonato Continental Sub-21 no solo fue clave para que Cuba obtuviese el boleto mundialista, sino que ganó los premios individuales de sacador, anotador y opuesto.

Sin embargo, fue en el Mundial de la categoría, celebrado el pasado año en Jiangmen, cuando se dio a conocer. Con 225 puntos resultó el máximo anotador del torneo, en el que llegó a marcar 41 en un encuentro.

«En ese torneo fuimos séptimos, aunque pudo ser mejor. Los equipos que vimos eran fuertes, pero no fuimos a vacilar. Ellos tienen más condiciones y nuestra idea fue probarles que, aun así, somos mejores.

«Simplemente, entrené fuerte. Por aquel entonces militaba en el Sada Cruzeiro y no jugaba. Cuando llegué estaba gordo y hubo gente que no confió. Salí a ganarme las cosas y que ellos creyeran en mí. Antes de cada partido me decía que era el mejor y así ocurrió», recuerda.

En ese certamen se vio también con carácter en momentos difíciles. «En la cancha siempre busco que el equipo suba. Lo aprendí en la playa, y con mis entrenadores.

«Mi mentalidad es ser líder. En las redes sociales decían que yo le gritaba o maltrataba a mis compañeros. Cuando había un juego importante, necesitaban esa bulla y que alguien les mostrara que sí podían.

«Mejor que se alteren conmigo y marquen, a que no pase nada. Yo les exijo y me lo hago a la vez. Esto es un juego de equipo, y haciéndolo ganamos todos. Trato de crearle una mentalidad ganadora a los que me rodean. Si yo soy capaz de meter 30 puntos, ellos también».

Fuera de la cancha, Daniel es otro. León y persona conviven juntos y, como buen domador, sabe cuándo conviene liberar a cada uno. Hablando a lo cubano, la guapería es en el juego.

«Soy tranquilo y amigable. Me gusta estar en mi mundo personal y permanecer en paz. Cuando salgo de los entrenamientos, que son fuertes, me mantengo al margen y me relajo».

Pero todo eso es agua pasada, y su nuevo reto no solo consistirá en afrontar su debut en la selección de mayores, sino ganarse la posición. «Es un desafío fuerte. En la VNL se reúnen los mejores del mundo y la calidad sube. Hay que enfocarse y salir con hambre de victorias.

«José Masso está mejorando, hay mucha competencia. Debo ganarme la confianza del entrenador, haciendo lo mejor que sé», confiesa.

–A la selección se le acusa a veces de falta de carácter, y que los jugadores rinden mejor en los clubes. ¿Crees que sea así?

–No pienso que sea cierto. Simplemente, golpea la realidad de que los rivales son mejores. Nosotros llevamos la bandera de Cuba en el pecho, y eso pesa, por eso no nos quitamos.

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