«La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar», escribió Eduardo Galeano, citando a Fernando Birri.
Podría agregársele: «también nos ayuda a correr». Lo demostró la maratón de Londres realizada el último fin de semana, convertida en un hito.
No solo uno, sino par de hombres destrozaron, ¡al fin!, la mítica barrera de las dos horas. Además, lo consiguieron alejados de Berlín, considerado de manera tradicional el circuito con mayores bondades para las hazañas, debido al relieve plano de la capital alemana.
El kenyano Sabastian Sawe cruzó la meta medio minuto antes de la famosa barrera, mientras el etíope Yomif Kejelcha apareció tan solo 11 segundos después del vencedor. Por si fuera poco, el ugandés Jacob Kiplimo (2:00.28 horas) también rebajó el anterior récord de Kelvin Kiptum (2:00.35), fijado el 8 de octubre de 2023 en Chicago, cuatro meses y tres días antes de su muerte en un accidente de tránsito.
Brutal resultó el promedio del triunfador en esta ocasión: dos minutos y 49 segundos por kilómetro. ¡A ese ritmo hubiera obtenido el título en los 3 000 metros con obstáculos durante el Mundial de Atletismo de Tokio-2025, por delante del sorprendente neozelandés Geordie Beamish, quien ganó con ocho minutos, 33 segundos y 88 centésimas!
«Cuando nos acercábamos al final, me sentía muy fuerte. Creo que mis rivales me han ayudado mucho. Cuando vi el tiempo me emocioné. Todo lo que he trabajado los últimos meses se ha transformado hoy en un gran resultado», declaró a la cadena británica BBC.
Como expresa una conocida frase, las calles nunca olvidarán sus leyendas, en diferentes épocas. Entre ellas refulgen los bicampeones olímpicos Abebe Bikila, Waldemar Cierpinski y Eliud Kipchoge; Haile Gebrselassie, dueño de cuatro coronas y dos plusmarcas en Berlín; Samuel Wanjiru, Gezahegne Abera, Jim Peters y Robert Cheruiyot. Incluso, podemos incluir al brasileño Vanderlei de Lima, a quien un aficionado le robó la posibilidad de ascender al Olimpo en Atenas-2004.
Sin embargo, la proeza cumplida en Inglaterra abrió, absolutamente, una nueva dimensión. Equivale a los registros de 9,58 y 19,19 segundos de Usain Bolt en los 100 y 200 metros; a los 45,94 y 50,37 de Kaster Warholm y Sydney McLaughlin en los 400 con vallas; a los 43,03 de Wayde van Niekerk en la vuelta al óvalo.
Está a la misma altura de los 6,31 y 5,06 metros alcanzados por Armand Duplantis y Yelena Isinbayeva en el salto con pértiga. Llegó tan lejos como los 98,48 metros de Jan Zelezny en el lanzamiento de la jabalina. En resumen, constituye uno de los logros más impresionantes del deporte rey, en tanto quebró un límite que parecía inasible.
Para redondear la jornada, la etíope Tigst Assefa batió su propio tope universal, ahora rebajado a un tiempo de dos horas, 15 minutos y 41 segundos.
«Viéronle correr por estas calles,/ escapado, en punta./ La neblina cubría los cerros,/ la vida, su mirada/ y en su mirada la ciudad quedaba atrás,/ tal vez hasta Dios quedaba atrás».
El poeta José María Memet describió así la sensación de total libertad, la invitación para ir siempre más allá, experimentada en Londres por unos hombres y mujeres que nos recordaron una lección muy importante: «Los confines del mundo solo existen en nuestra mente y los exploramos con los pies».






COMENTAR
Responder comentario