Confieso mi afición por la ropa deportiva, pero ninguna me deslumbró tanto como el uniforme blanco con ribetes verdes de los Barbudos, legendario equipo de beisbol representante del Ejército Rebelde.
El rostro de Camilo Cienfuegos sonreía vigilante desde la manga izquierda de la camisa y, sobre todo, en la memoria de quien la vestía, Rolando Mosquera Cáceres, torpedero de aquel conjunto.
Con su porte de pelotero, su único disco musical y rodeado de pioneros, unió sus tres grandes pasiones en una visita a la casa natal de su amigo, el Señor de la Vanguardia.
«Yo vivía en el Solar del Reverbero, de la calle San Fernando, entre 11 y 12, a tres cuadras de Camilo; conocía de vista a sus hermanos Osmany y Humberto, además de a él. En 1959 ejercí múltiples oficios, entre ellos peón de albañil y ayudante de carpintería, hasta la oportunidad que cambió mi vida».
El 24 de julio de 1959, el Gran Stadium del Cerro –actual Latinoamericano– acogió un duelo amistoso. Todos esperaban a Camilo como el abridor de la Policía Militar, pero apareció dispuesto a recibir detrás del plato para los Barbudos y estampó su famosa frase: «contra Fidel ni en un juego de pelota».
Jornadas después llegó hasta Lawton, en el municipio capitalino de Diez de Octubre, tras un campo corto y un lanzador de su barrio. «Me recomendaron para la novena a Orlando “El Guajiro” Peña, un jugador de Grandes Ligas, y Antonio “Chucho” Rubio, luminaria de nuestras primeras Series Nacionales. También ingresó Pedro Santana.
«A la defensa, me moví en las dos posiciones alrededor de la intermedia. Como torpedero sustituí a Mario Blanco, quien más tarde le daría la espalda a la Revolución. Me destacaba como buen fildeador, pero también chocaba la bola y robaba muchas bases.
«Completamos una gira nacional, por eso mi traje tiene el dorsal de “Invasores”. Vendíamos papeletas en las calles para anunciarnos y le entregábamos las recaudaciones al Héroe de Yaguajay, destinadas a la Reforma Agraria y a la compra de armas y aviones.
«Celebramos nuestro primer desafío en Camagüey, en el cual realizó el envío inaugural el traidor Huber Matos. Continuamos para Nuevitas, Holguín, Urbano Noris, Santiago de Cuba, Placetas y muchos pueblos más».
Rolando, aficionado a la música desde la infancia, coincidió con el Comandante rebelde en Sancti Spíritus y le dedicó la melodía Le cantaré a Santilé: «Yo recuerdo la sonrisa / de Camilo en Yaguajay / Yo me puse un par de spikes / y jugué en el Central Narcisa».
El guerrillero invitó a los miembros de su equipo a tomar ron, pero amenazó jocosamente con apresar a quienes acabaran ebrios. Después, siguieron en una cigüeña por ferrocarril hasta Caibarién.
«Él admiró mucho a sus Barbudos y lo enorgulleció reforzar la escuadra con personas de su propia comunidad. Encomendó la fabricación de uniformes como este que llevo. A finales de octubre de 1959, me enteré de su desaparición cuando me encontraba en Placetas, Villa Clara.
«Así culminó mi etapa beisbolera y entonces Guillermo García Frías, Juan Almeida Bosque y Rogelio Acevedo González me orientaron cursar estudios en una escuelita ubicada en Minas del Frío, entre las montañas de la Sierra Maestra. Comencé el 13 de marzo de 1960 y ascendí el Turquino hasta diez veces».
En 1963, tras su licenciamiento del Ejército, lo aceptaron como guía de alumnos de primaria y acampó al lado del río Mayabeque, en el municipio de Catalina de Güines. Fundó, en 1977, el Movimiento de Pioneros Exploradores y, un año más tarde, los Centros Exploradores. Con ellos replicó el recorrido de Fidel Castro y sus hombres al triunfo de la Revolución.
«Entablé ocho encuentros con el Comandante en Jefe, incluso, organicé en Tarará el festejo por el aniversario 50 de su nacimiento. Me saludó cuando la Unión de Jóvenes Comunistas me otorgó la Medalla Abel Santamaría y conservo en colores la foto de ese momento.
«En 1981, abrimos el Campamento Ramón Paz Borroto en la Sierra Maestra y le demostré las habilidades del explorador para orientarse con los ojos vendados. Me puso la mano en el pecho y me pidió enseñarlo a mucha gente».
Luego de la jubilación, produjo el disco Cantan los niños exploradores, con 13 números de su autoría, uno de ellos titulado Canto a Camilo, el Señor de la Vanguardia.
«Nadie olvida a Camilo», expresó su esperanza Rolando Mosquera Cáceres, como un batazo con una hermosa melodía dirigida a todos, pero en especial a las futuras generaciones, tan queridas por él.

















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