ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Los panameños le pusieron el extra a cada jugada en pos del éxito. Foto: José M. Correa, enviado especial

La Serie del Caribe 2019 ya es historia. La justa, prevista para realizarse inicialmente en Barquisimeto, Venezuela, y que finalmente tuvo por sede a esta ciudad, terminó con un nuevo rey: Toros de Herrera, equipo istmeño reforzado con un puñado de peloteros de otras naciones latinoamericanas.

Un resultado que dejó con la boca abierta a los expertos y que a nadie le pasó nunca por la cabeza, pero que miles de aficionados festejaron de forma delirante el pasado domingo, en el Estadio Nacional Rod Carew.

El elenco no infundía respeto en el papel y estuvo lejos de la veneración de la prensa especializada, un conjunto configurado de «corre-corre», apenas una semana antes del evento, sin grandes nombres, pero que logró imponer su juego alegre, agresivo, y al que su director Manuel Rodríguez le infundió su sabiduría en el juego chiquito, el de hacer carreras poco a poco.

Una selección que parecía incapaz de imponerse y terminó pasando por encima de elencos de naciones con mayor notoriedad en el béisbol, como República Dominicana, Puerto Rico (la decepción del torneo) y la mismísima Cuba.

Se trabajó duro y los muchachos terminaron siendo una familia, había reconocido el timonel de los vencedores instantes después del partido del adiós.

Los jugadores, encabezados por el torpedero Javier Guerra (de manos que recuerdan al gran Germán Mesa, y hábil con el madero) supieron hacer las carreras necesarias para ganar los partidos buenos, en un terreno donde es iluso jugar al batazo; mientras el pitcheo pasó la prueba de fuego en cada desafío donde se vieron en una situación angustiosa.

Entonces, en primer lugar y antes de hablar de los demás, toca aplaudir al ganador, es el que merece toda la atención y los elogios.

Y así es el deporte y la pelota. Sencillamente ganó el que mejor lo hizo, a veces hasta con una cuota de azar. Para los demás, es válido el repaso y acomodar nuevas estrategias, pero no hay que hundirse en la derrota.

¿Qué decir de los Leñadores? Los tuneros, fortalecidos con los refuerzos, se agenciaron finalmente el subcampeonato. Y dicho así, parece algo meritorio, pero en la pelota los cubanos siempre quieren tocar el cielo.

La defensa desempeñó su papel en el triunfo del equipo local. Foto: José M. Correa, enviado especial

En realidad, el equipo antillano no dio muestras de debilidad, aunque tampoco exhibió aquel sólido accionar y pasión que caracterizó a los flamantes campeones nacionales. Su desempeño aquí tuvo altas y bajas.

Hubo contrastes entre el pitcheo y la ofensiva. El cuerpo de lanzadores promedió para 0.97 de carreras limpias, una efectividad de lujo, en tanto los maderos produjeron para un raquítico 193 en toda la justa. Lázaro Blanco lució inmenso, se acreditó los dos triunfos de su plantel y no permitió anotaciones limpias en 12 capítulos.

Así no se puede ganar, subrayó el mentor Pablo Civil una vez concluido el desafío por la corona. Con cinco imparables y un único extrabase conectado por un emergente con dos outs en el pizarrón, es muy difícil llevarse la victoria, dijo.  

Al margen de otras inexactitudes a la defensa y los propios deslices del cuerpo de dirección, que los hubo, la ofensiva se vio absolutamente silenciada y eso influyó en que a la postre los cubanos no consiguieran el buen propósito de llevarse la corona.

Alfredo Despaigne, Samón y el debutante Yunieski Larduet salvaron la honrilla. Este último fue tomándole poco a poco el pulso a la exigencia de la competencia y terminó por acomodarse al juego, lo que le ganó muchos seguidores en la afición cubana.

Una vez más estuvimos cerca del título, pero nos faltó la fuerza del remate. No debe acabarse el mundo porque hayamos cedido en la pelea por el banderín, con todo y que la pelota es parte del alma del cubano.  

Todos reconocen el talento de los peloteros de la Isla, con muchos partidarios en todos los escenarios. Al margen de las frustraciones acumuladas de los últimos años, debemos aprender a perder en ligas con un alto nivel y donde los adversarios no se parecen en nada a los de los años 70 y 80 del pasado siglo.  

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Adrian dijo:

1

12 de febrero de 2019

09:43:01


Creo que los peloteros cubanos no tienen el nivel que aqui se les otorga con la excepcion de algunos como Alfredo Despaigne que a pesar de no estar al 100 % demostró que es un pelotero que está a un nivel superior a los de nuestra liga cubana, hasta que no nos insertemos en otras ligas porque si ay algo que tenemos son peloteros con ganas y condiciones lo que falta es que se desarollen y no cuando ya hallan visto pasar sus mejores tiempos sino desde edades tempranas

Carlos dijo:

2

13 de febrero de 2019

14:38:58


Coincido con los comentarios de Reinier, desde antes de definir el equipo que nos representaría, la comisión debe analizar cuanto pierde el equipo que gana la serie con los "refuerzos", FRANKESTEIN nunca jugo beisbol y mucho menos "pelota" y eso fué lo que armaron, se perdio la esencia de los Leñadores, de Granma el año anterior, hasta de pinar cuando ganó y pensamos que esa receta podía seguir eternamente, no escuchamos a los que saben(ver Bola viva y Al duro y sin guante), que decir, seguimos heridos y con esperanzas, que vivan los Leñadores que ganaron la serie nacional, los villaclareños y los demas semifinalistas, ese sabor es mejor que el que nos deja la confrontación del Caribe, pero ni Civil, ni los que no batearon(porque será)tienen la resposabilidad

sergio gomez martinez dijo:

3

13 de febrero de 2019

16:42:17


felicidades ventura, mereces un premio por este articulo resumen, muy objetivo y sin dartela de supertecnico en la materia