ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Han pasado años después de la violación, y aún la extenista francesa Isabelle Demongeot llora cuando habla del hecho. Foto: crhoy.com

Desmedidas ambiciones de éxito, temores, engaños, y desprecio hacia la dignidad del ser humano condimentan una práctica deleznable sancionada hoy, tardíamente, por la Justicia en el ámbito internacional del deporte.

El abuso sexual carga dinamita suficiente para explotar la carrera deportiva de un joven y traumatizarlo de por vida. El mundo, a pesar de tener conciencia del daño, ha reaccionado con lentitud ante esos desmanes y, en no pocos países, los intereses por alcanzar sonados triunfos predominan en la mentalidad de los clubes, que acallan las voces de protestas evitando la condena.

La gravedad del abuso sexual contra niños y adolescentes desde el mismo instante en que abrazan un deporte exhibe dolorosos ribetes, por cuanto el atleta se convierte en una persona totalmente dependiente de los designios de su entrenador, al ejercer sobre él una influencia en muchos casos superior a la de los padres.

Los desvergonzados aprovechan el privilegio que les concede esa estrecha relación, aun cuando simulan una caricia acompañada por la frase «yo soy quien te llevará a la victoria», creando una cortina de humo que hace dudar a sus pupilos –también atemorizados por ver tronchado su futuro– a la hora de denunciar haber sido víctimas del acoso.

¿Me creerán o no si hago pública la falta? En esa disyuntiva pasa el tiempo para el atleta sometido a semejante castigo, como le aconteció a la extenista francesa Isabelle Demongeot, violada por su mentor Regis de Camarat, a quien denunció cuando ya los hechos habían prescrito, aunque el hombre fue sancionado a diez años de prisión por actuar de igual manera con otras dos alumnas.

El abuso sexual no discrimina deportes. Lo mismo sufrieron una veintena de futbolistas de Gran Bretaña que se decidieron a sacar a la luz pública las agresiones de entrenadores y cazatalentos, testimonios con los que acusaron a sus clubes, dedicados a cerrar los ojos ante las felonías por tal de no ver anulados sus éxitos.

¿NASSAR, EL DETONANTE?

Catalogado como el escándalo sexual más grande en la historia del deporte mundial, el juicio y sanción a 175 años de prisión aplicados este año al doctor Larry Nassar, encargado de velar por la salud de la selección estadounidense de gimnasia, fue para muchos la chispa que ha provocado una reacción en distintos países.

Como acontece en la mayoría de estos casos, con retraso, en agosto del 2016 la otrora gimnasta Rachel Denhollander, y después la medallista olímpica de esa misma disciplina, Jamie Dantzscher, tomaron la iniciativa y expusieron al depredador Nassar.

Influido o no por lo conocido del caso en Estados Unidos, este miércoles, Gerardo Werthein, presidente del Comité Olímpico de Argentina (COA), pidió denunciar ante la Justicia los  abusos sexuales.

«Es un tema realmente severo y que ataca al deporte en el mundo. Les digo a mis colegas dirigentes que no guarden cosas abajo de la alfombra, que asuman la responsabilidad», dijo un Werthein preocupado, a tenor de que también es el titular del Comité Organizador de los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018.

El pasado 3 de abril, el COA llevó ante la Justicia a un entrenador de las selecciones nacionales de la Confederación Argentina de Gimnasia, abusador sexual de algunos atletas en la década de los 90.

Esta misma semana Granma publicó la decisión de las autoridades deportivas australianas de ponerle coto a la infame práctica de abusar de los atletas, nota que daba a conocer que, en el 2012, una investigación dejó ver que más de 4 000 instituciones gubernamentales (entre ellas 344 deportivas) fueron acusadas de abusos sexuales a niños.

No importa que haya sido o no el caso Nassar el detonante para abrirle paso a la Justicia en el mundo. Ojalá crezca la cifra de países en este mismo camino, pues ya bastante laceran al planeta y, al movimiento deportivo internacional, el dopaje, el robo de talentos a las naciones pobres y la comercialización. Dar la batalla, más vale tarde que nunca.

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Saphira dijo:

1

26 de abril de 2018

10:37:34


Creo que los crimenes de cualquier tipo no deben de tener tiempo para sancionar a los culpables, mientras vivan deberian poder comparecer ante la justicia.