ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El torpedero Harrelton Simmons fue una pieza clave en el triunfo holandés ante Cuba en el Tercer Clásico. Foto: Ricardo López Hevia

A propósito de la reciente visita de la selección holandesa de béisbol a Cuba, donde efectuó un partido de cinco entradas en el estadio Latinoamericano de la capital cubana, quisimos dejar plasmadas en estas líneas algunas memorias de las confrontaciones protagonizadas por ambos países.

Fecha: 20 de septiembre del 2000. Escenario: Sydney Baseball Park. Evento: torneo de béisbol de los Juegos Olímpicos. Rivales: Cuba-Holanda.

Para los aficionados de todo el mundo —dentro y fuera de Cuba—, este sería un partido de “puro trámite” entre una potencia y una nación europea que jugaba un béisbol inferior desde todos los puntos de vista. Cuatro años atrás, en los Juegos de Atlanta-96, el resultado del choque entre ambos conjuntos fue un abrumador 18 por 2. Era de esperar algo similar en esta ocasión.

Pero no fue así. Para asombro de todos, los representantes de la tierra de los tulipanes derrotaron a la selección cubana con pizarra de 4 carreras por 2. Después de un cuadrangular de Omar Linares en el mismo primer capítulo todo parecía indicar que el conjunto caribeño se encaminaba a conquistar su cuarta victoria del torneo y la número 22 en forma consecutiva desde los Juegos de Barcelona-92.

De ahí en adelante, el pitcheo holandés colgó siete ceros consecutivos hasta la novena entrada a una alineación de bateadores del primero al último: Luis Ulacia, Yobal Dueñas, Omar Linares, Orestes Kindelán, Antonio Pacheco, Oscar Macías, Miguel Caldés, Ariel Pestano y Germán Mesa, con otra estrella en el montículo, Norge Luis Vera, a quien los europeos sacaron del montículo en el tercer episodio luego de fabricarle cuatro anotaciones, dos de ellas impulsadas por doblete de Henley Meulens, actual mentor de la selección nacional de ese país.

Curt Smith (18) y Kalian Sams (12), dos de los jugadores regulares de mejor rendimiento. Foto: Getty Images

Fue ese el inicio de una serie de triunfos de Holanda ante los equipos Cuba en torneo de importancia. Una de las más dolorosas tuvo por escenario la capital panameña, sede de la última Copa Mundial organizada por la Federación Internacional de Béisbol en el año 2011. Fueron dos en realidad pues primero salieron airosos en la etapa clasificatoria, apoyados en un lanzador casi desconocido, el dominicano nacionalizado Orlando Yntema. Y luego, en la final por la medalla de oro y el título, un veterano de mil campañas, Rob Cordemans, dejó a los cubanos en una carrera.

Recientemente, en el Tercer Clásico Mundial, los lanzadores holandeses blanquearon a Cuba en un partido previo a esa justa, 6-0, y posteriormente, con el Tokio Dome como escenario, volvieron a salir por la puerta ancha en un par de ocasiones, 6-2 y 7-6, la última para impedirles avanzar a semifinales, en un choque donde los ganadores empataron por un cuadrangular del torpedero Harrelton Simmons y decidieron en el noveno gracias a largo elevado de Kalian Sams con un compañero en la antesala.

HOLANDA NO EMPEZÓ AYER

Para muchos resulta toda una sorpresa que un país eminentemente futbolista —con excelentes resultados en competencias a nivel mundial—, se haya desarrollado en un deporte tan difícil como el béisbol, aparentemente de un día para otro. Pero no es así.

Hace más de un siglo, en 1911, un profesor inglés nacionalizado llamado JCG Grassé visitó Estados Unidos como parte de sus vacaciones, aprendió lo básico del juego y al regresar a Holanda lo enseñó a un grupo de estudiantes del Ice Club de Amsterdam.

Al principio el béisbol estaba centrado en esa ciudad pero poco a poco se fue extendiendo, se fundó la Federación Holandesa de Béisbol y también el club AHC Quick, el más antiguo de Europa, y ya en la década de los años 60 organizan el torneo internacional Semana Beisbolera de Haarlem, con la asistencia de equipos extranjeros —Cuba entre ellos—, que ayudaron a elevar el nivel del béisbol holandés.

En 1979 el lanzador Bert Blyleven se convirtió en el primer representante de su país en Grandes Ligas, pionero de muchos que vendrían después: Andruw Jones (sumó 434 jonrones en su carrera de 17 temporadas), Hensley Meulens, Calvin Maduro, Yurendell Decaster, por solo citar algunos, sin contar las decenas de jugadores que militan en equipos de ligas menores norteamericanas y del Caribe.

Si alguien preguntara cuál es el país que más se ha desarrollado en el béisbol durante las últimas décadas, la respuesta sería: Holanda. De ser puestos fuera de combate por margen de 16 carreras en Atlanta a vencer cuatro años después en Sydney puede considerarse como una hazaña. Se han convertido en un fantasma para las selecciones cubanas en cualquier torneo internacional.

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