
El 2015 constituyó para Yarisley Silva un año de ensueño, como la temporada del 2011, su año de despegue e inserción en la élite; de ahí que la nominación a mejor deportista individual femenina halle justificaciones sobradas en sus 14 pasos de carrera, las manos blanquecinas de magnesio, la garrocha enhiesta y el cielo al alcance de 4.85, 4.90 o 4.91 metros, por solo mencionar sus tres mejores registros en la campaña que culminó.
Pero no todo fue sendero de rosas para la pinareña nacida el primero de junio de 1987, con 1.61 metros y 63 kg de peso. Inició con un velo de inseguridad y déficit de preparación, y recuerdo que al ser interpelada sobre el mitin Areva en el emblemático Saint Denis parisino manifestó:
“París fue una competencia en extremo interesante, de esas que la vida te coloca como escollo para que salgas más fortalecida. Quedé en segundo lugar con 4.73 por detrás de la griega Kyriakopoúlou (4.83), pero en lo personal fue una victoria contundente, de fortaleza mental, de desaparición de mis miedos.
“Sucede que al igual que le sucedió a mi compañero Lázaro Borges en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 (a propósito, desde entonces no ha podido recuperar la forma deportiva), se me partió la garrocha. Entonces me dije: Yarita tienes que seguir adelante… Fue un examen total: con toda la confianza en mí cogí otra pértiga y vencí los 4.73.
“Ese segundo lugar no me afectó en lo absoluto, me fortalecí mentalmente, tanto que mis problemas psicológicos desaparecieron, esas sensaciones de que no podía despegar, que se me iban a resbalar las manos, que no quería correr fuerte con una pértiga más dura… eso desapareció. Además, medirte a pertiguistas de la élite siempre es muy favorable, porque te ayudan a despejar tu horizonte competitivo, saber por dónde andas y hacia dónde dirigirte”.
Pero se repuso y de qué manera. Borró todo vestigio de duda, embistió la cuña de despegue una y otra vez, y cada nueva incursión llegaba aderezada con éxito. La discípula de Alexander Navas no creyó en la brasileña Fabiana Murer (4.85), en la griega Nikoléta Kyriakopoúlou (4.80). A ambas las dejó con la resignación dibujada en el rostro en el Nido de Pájaro de Beijing, donde se proclamó reina del orbe, con los mencionados 4.90. Por cierto, tercera ocasión en la que Silva rebasa los 4.90, tras la clarinada en Hengelo, Holanda, el año pasado, y luego los 4.91 del pasado 2 de agosto en Beckum, Alemania.
Su secuencia, de infarto, venció in extremis a la tercera la varilla sobre 4.70, un fallo sobre 4.80, y luego en el último chance los 4.90 inalcanzables para cualquier otra garrochista en este año.
Incluso, Yarita intentó 5.01, pero en definitiva el listón le negó un sueño que no cesará de perseguir.
Antes, en un remake de Guadalajara 2011 Silva le había asestado otra estocada en el orgullo a la auriverde Murer, pulso que de seguro se repetirá bajo los cinco aros en la Ciudad Maravillosa y del cual en Toronto la nuestra emergió vencedora 4.85 por 4.80.
Eso no fue todo: agregó otro estirón de 4.81 el 30 de julio en Estocolmo, además de culminar tercera con 11 unidades en la Liga del Diamante, superada por Kiriakopoúlou (24) y Murer (14), aunque con cuatro comparecencias, por seis de la helénica y cinco de la auriverde. Sencillamente impresionante, Yarisley convirtió sus saltos en pirués de consagración.






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Ramon dijo:
1
24 de noviembre de 2015
07:10:48
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