Si en el área de la escuela los muchachos están sentados, mirándose unos a otros; si la instalación de la comunidad tiene sus puertas cerradas los fines de semanas; si en el combinado deportivo los jóvenes no encuentran realización a sus aspiraciones; si el gordito, el bajito o el flaquito no son tenidos en cuenta, el deporte sufriría de cáncer.
Y es que la génesis del movimiento deportivo nacional, asentada en la constitución en su artículo 52, reza: “Todos tienen derecho a la Educación Física, al deporte y la recreación.” Una celosa custodia de ese postulado sería el mejor regalo para el cumpleaños 54 del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (Inder), que al amparo de la Ley 936 se fundó el 23 de febrero de 1961.
Por eso la celebración del próximo lunes estaría incompleta si no se piensa en cómo apuntalar diariamente ese concepto, para el cual durante más de 50 años se han destinado cuantiosos recursos, que dotaron al país de más de 15 000 instalaciones con esos fines; más de 50 000 egresados de nivel superior en cultura física y escuelas de iniciación deportiva escolar (EIDE) en cada provincia, por solo citar algunas aristas.

En el homenaje por los 54 es justo poner en el centro al profesor de educación física y al del combinado deportivo. Por ellos pasan los futuros campeones, pero también el científico, intelectual, médico, ingeniero, obrero o el que se alista en la defensa de la patria, lo cual da la verdadera dimensión social del movimiento deportivo en el país.
Sin embargo, el mejor de los reconocimientos debe partir de esos propios profesionales. Impedir que su clase y su tiempo sea utilizado en otras actividades; que el muchacho lo siga viendo como el profe más querido y que los rendimientos académicos encuentren en el ejercicio físico un respaldo, no solo los prestigia, sino que hace valedero el principio martiano de que si quiere cultivar la mente de su alumno, primero cultive su cuerpo.
Y en su condición de educador, lo mismo el maestro de educación física que el entrenador o el promotor de recreación, deben ser centinelas alertas en la preparación de su pupilo. No interesarse por su rendimiento académico o robarle tiempo en su preparación para tal empeño, y dedicárselo a una sesión de entrenamiento extra para pulir un detalle de cara a una competencia, flagela igualmente el futuro, tanto social como deportivo, pues comprobado está que mientras más amplio sea el horizonte cognitivo de un atleta, mayores serán sus posibilidades de éxitos en la cancha.
Esa es la razón por la cual en los 54 también deben soplar las velitas los profesores de matemáticas, español, historia y el resto de las asignaturas. Nuestras escuelas —hablamos de las del sistema nacional de enseñanzas y las deportivas—, no pueden convertirse en un almacén de músculos entrenados, sino de seres pensantes y actuantes según su raciocinio. Es vital esgrimir como estandarte el pensamiento de Fidel en los albores fundacionales de las EIDE cuando explicó que en ellas tiene que regir el concepto de buen estudiante y buen deportista.
Todo lo que se haga en el proceso de desarrollo de niños y jóvenes mediante el deporte, lleguen o no a un récord mundial o a una medalla en Juegos Olímpicos, es decisivo en la compresión del nuevo mapa deportivo mundial, ese en el que ya nos vamos insertando, pero en el que priman los intereses comerciales por encima de los que promueve la actividad atlética. No podríamos hoy explicarle a un deportista de alta competición un universo de contrataciones millonarias, ni hablarle de robos de talentos, si lo único que le enseñamos es correr, saltar o levantar un peso.
Continuar triunfando internacionalmente, cualquiera sea el escenario —entiéndase ligas o circuitos profesionales—, pasa porque el atleta que represente a Cuba se distinga por sus principios éticos y morales, además de sus atributos deportivos.
Para las cubanas y cubanos, el deporte despierta emociones y sentimientos capaces de unirnos en un solo grito. Todavía está fresco en la memoria cómo Pinar del Río, con sus Vegueros, se multiplicó en cada hombre y mujer de la Mayor de la Antillas, en la victoria de nuestro país en la pasada Serie del Caribe de béisbol.
Celebrar el aniversario del movimiento deportivo es motivo de orgullo, pero también de saber que todo aquel que tenga que ver algo con esta expresión social, sepa que desde el sitio más humilde tiene puesto una camiseta del equipo Cuba.






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Mario dijo:
1
22 de febrero de 2015
06:46:47
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