ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Ilustración del compositor Antonio Lucio Vivaldi Foto: Tomada de Internet

Incluso si usted no es un amante de la música clásica, es seguro que a lo largo de su vida ha escuchado alguna pista de Las Cuatro Estaciones –una de las obras maestras más interpretadas de todos los tiempos, del sello del veneciano Antonio Lucio Vivaldi–, o incluso, indistintamente, las cuatro escenas que componen las 12 melodías de este concierto para violín: «Primavera, Verano, Invierno y Otoño».

Apelando a mi experiencia y memoria, son tantísimas las ocasiones en que escuché fragmentos y referencias de estas pistas, gracias a las películas y las series televisivas, que sería difícil enumerarlas. Pero si usted disfruta de los filmes de la productora norteamericana A24, podrá recordar el final de Portrait of a Lady on Fire (2019), de la directora Céline Sciamma.

La película se sitúa en la Francia del siglo XVIII. Marianne, una joven pintora, es contratada por una condesa para pintar el retrato de su hija, Héloïse, quien debe casarse con un hombre en Milán que aún no la conoce. La misión es secreta; Marianne debe observar a Héloïse y pintarla de memoria. La película narra la historia de amor que surge entre ellas durante este proceso.

Este filme prescinde casi por completo de bandas sonoras, solo lo hace en momentos muy justificados. En una escena clave, Marianne (Noémie Merlant) toca para Héloïse (Adèle Haenel) un pasaje tempestuoso de Las Cuatro Estaciones en el clavecín del castillo. Es el primer encuentro de Héloïse con esa música, y el comienzo de una conexión que las marcará para siempre.

Años después, en la escena final, Héloïse asiste a un concierto en un teatro. La cámara se acerca lentamente a su rostro mientras suena, desde la orquesta, el Presto final del «Verano». Ella no sabe que Marianne está en la sala, observándola desde la distancia. Pero la música lo sabe todo. La melodía, que Marianne le había enseñado, convoca la memoria de su amor perdido con una fuerza casi física. Héloïse llora, y es imposible no estremecerse ante la impotencia de una historia que no pudo ser.

Las Cuatro Estaciones aparecen también en películas como Pretty Woman (1990), en series como la española Merlí –transmitida por Multivisión–, en la que incluso un ejercicio de clase consiste en sentarse, meter los pies en agua caliente y escuchar las célebres melodías. También suenan en incontables anuncios publicitarios.

Portrait of a Lady on Fire (2019), de la productora norteamericana A24, hace un excelente uso de Las Cuatro Estaciones de Vivaldi para hilvanar su trama. Foto: Fotograma de la Película

Pero quizá ninguna utilización sea tan devastadora como la de Sciamma, en Portrait of a Lady on Fire. Y esa es la prueba de que, tres siglos después, la música del «cura pelirrojo» –como llamaban a Vivaldi sus contemporáneos– sigue teniendo la misma capacidad de conmover que cuando se escribió.

El compositor veneciano era un gran observador de la naturaleza y trató de capturar el espíritu de cada estación a través de la música. Utilizó una gran variedad de melodías y armonías para recrear la naturaleza y los sentimientos asociados a cada estación.

Además, publicó los conciertos con unos poemas de acompañamiento (de su posible autoría) que describían qué quería representar en relación con cada una de las estaciones, con ejemplos más tempranos y detallados de lo que después se llamaría música programática o descriptiva; es decir, música con un elemento narrativo.

Así «El invierno» está pintado a menudo con tonos oscuros y tétricos, mientras que, por el contrario, «El verano» evoca la opresión del calor, reproduciendo incluso una tormenta de verano en el último movimiento.

El tema de las estaciones ha sido también referenciado en la pintura, la escultura y otras artes, pero pocas ofrecen una experiencia tan sensorial como la música, y eso Vivaldi lo supo aprovechar.

Antonio Lucio Vivaldi (Venecia, 4 de marzo de 1678 – Viena, 28 de julio de 1741) fue un compositor y músico del Barroco tardío, uno de los pináculos del Barroco, de la música occidental y de la música universal, su maestría se refleja en haber cimentado el género del concierto, el más importante de su época.

Es cierto que compuso unas 770 obras, entre las cuales se cuentan, al menos, 477 conciertos y 46 óperas, que representan mucho más que las 12 pistas de su creación más famosa. Pero incluso si usted no es un amante de la música clásica, haga el ejercicio que propone el profesor Merlí y escuche esta obra maestra en su totalidad.

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.