ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
«Acompañar al Comandante en Jefe en visitas al exterior fue un reto que enfrenté siendo muy joven», confiesa Bárbara. Foto: Cortesía de la entrevistada

Resumir en una entrevista 44 años de vida profesional no resulta fácil. Bien lo sabe Bárbara Betancourt Abreu, quien hace pocos días resultó merecedora del Premio Nacional de Radio 2026. La nota emitida por el Instituto de Comunicación Social, que otorga el premio, nos recuerda que la destacada periodista inició su vida laboral en la radio, donde se formó y creció profesionalmente. Rememorando esos inicios comienza su conversación con Granma.

«En la radio llevo más tiempo, si sumo mis prácticas en Radio Habana Cuba (rhc) mientras estudiaba la carrera de Periodismo. rhc me permitió conocer casi todos los misterios del medio y mucho más; enriqueció mis saberes con la cultura de colegas provenientes de países en cuyos idiomas transmitimos, me dio la posibilidad de conocer a personas e historias extraordinarias, y me permitió explorar y explotar otras habilidades que nunca imaginé poseer y menos aún dedicarme a ellas, como la locución, la dirección y la realización de programas».

–Cuando se le menciona, se dice de usted que es una de las más consolidadas voces del periodismo radial…

–Cuando lo dicen, solo reconozco la entrega y la constancia. No pasa un día en que no adquiera un conocimiento. Bromeo con la frase «son horas/nalgas frente a la computadora», leyendo muchas cosas, absorbiendo todo cuanto me parece interesante, lo mismo de la política, que del deporte, que de las artes y hasta de algunos episodios y personajes adorados por la chismografía, porque esos alguna vez te resultan útiles para comparar. Ningún conocimiento sobra, y no es que una tenga que ser una enciclopedia, pero hay que intentar serlo. Si uno se respeta y más que todo, a los públicos, uno está obligado a saber, a prepararse para no hablar tonterías ni cometer errores.

–¿Podría decirnos algunos de los momentos más importantes de su vida profesional, aquellos que resultan inolvidables para usted?

–Me cuesta trabajo escoger unas coberturas sobre otras porque cada una tuvo su importancia, su encanto y todas constituyeron un desafío a mi memoria, mi talante para narrar lo que veía y que cada cual sintiera que se lo estaba diciendo a él. Esa es la regla de la comunicación y antes de convertirse en teoría y ser estudiada como lo ha sido en las últimas décadas, yo tuve colegas que ya la practicaban y de ellos aprendí.

«Acompañar al Comandante en Jefe en visitas al exterior fue un reto que enfrenté siendo muy joven, cuando todavía los nervios y la emoción resultaban difíciles de equilibrar; y lo digo porque a veces, más que narrar, quería cantar o llorar, o gritar consignas, tal como hacían los protagonistas del suceso que yo debía reportar con objetividad.

«Me pasó también cuando se recibieron los restos del Che y no sé todavía cómo logré hablar cuando vi a Ramiro Valdés llevando en brazos una pequeña caja donde estaba un hombre tan grande, o cuando narré, junto a otros colegas, la despedida que el pueblo de Cuba le hizo al Comandante, y en cada metro descubría una manifestación de dolor, igual o diferente al mismo que yo sentía.

«Ya tenía más experiencia cuando integré el equipo de prensa que acompañaba al General de Ejército en sus viajes como Presidente, y de algún modo me propuse mostrarlo como pocos lo habíamos visto antes. Describía su criolla guayabera blanca, la calidez que regalaba en sus intercambios casuales con la gente, la espontaneidad de sus reacciones, su sensibilidad, sus conocimientos culturales y de la historia contemporánea.

«Con Raúl también tuve el privilegio de ser testigo de sus encuentros con el Papa Francisco, con Obama, con Putin y Xi Jinping, entre otros, como antes lo fui de los encuentros de Fidel con Mandela, con Evo, con Lula y con Chávez. Son vivencias que solo el Alzheimer podrá arrebatármelas».

–¿Qué resortes la estimularon a permanecer en el medio radial?

–La radio me sedujo por su magia y por su poder de la ubicuidad, puede estar en todas partes, acompañar a todos al mismo tiempo, no importa qué estés haciendo, eso en primer lugar. Lo otro es por su instantaneidad, narras lo que está ocurriendo ahora mismo, una cualidad que la distinguió desde su nacimiento y que hoy se la disputan muchas de las plataformas del universo que abrió internet. Pero como sea, en mi caso también funcionó a su favor el desafío de eso que llaman «sonido para ver», ser capaz de mostrarles a los públicos los tonos, los ambientes, los estados de ánimo, y hacerlo «en vivo y en directo», con esa adrenalina que ni siquiera sabías que se activaría y te llevaría a feliz término. Por lo demás, rhc me abrió las puertas para colaborar con Rebelde, por ejemplo, con emisoras de otros países, y de desarrollar todas mis habilidades para trabajar en vivo.

– ¿Qué valor le confiere a la fidelidad y a la constancia, a su deber como profesional del Periodismo?

–En la radio incursioné en todos los géneros y eso me preparó cuando fui llamada para ser panelista de la Mesa Redonda en su etapa fundacional durante la batalla por Elián. Tener de colega al Comandante en Jefe en esas lides fue un regalo inestimable. Él nos reclamaba objetividad, ética, veracidad de cada uno de los argumentos y buscar qué era lo que estaba detrás de cada cosa. Eso, por supuesto, nos hizo a todos más agudos, más responsables de nuestras opiniones, más comprometidos con la verdad que defendemos, sin fanatismo, señalando sus luces y sus sombras.

«Yo soy de las que creen que las cosas hay que decirlas como son, que cada error tiene una causa, que los vacíos informativos que todavía dejamos y muchas veces no somos quienes los causamos, no nos benefician porque los llenan las plataformas tóxicas que fueron creadas como soldados de la guerra mediática que se nos hace.

«Mis señalamientos críticos no debilitan en lo absoluto mi fidelidad ni mi entrega a una profesión de profundo anclaje político e ideológico, pero jamás voy a decir algo en lo que no creo o con lo que no estoy de acuerdo, y no es ser contestataria por gusto, o para que ciertos personajes digan que "la vocera del régimen" dijo tal o más cual cosa, y saquen trigo de la crítica, ¡no!; es decir la opinión con fundamento, con equilibrio, con responsabilidad, la que merece ejercer el Periodismo en situación de plaza sitiada. Sobre estos presupuestos he desarrollado mi trabajo».

–Su imagen es la de una mujer plena, alegre, segura… consciente de la fuerza que proporciona el optimismo ante las circunstancias de la vida… ¿Es realmente así?

–Creo que sí, que soy una mujer alegre, segura, optimista, que ha vivido, como todos, momentos muy felices y otros verdaderamente devastadores; pero gracias a las primeras características los he sobrepasado en lo fundamental. Hay vacíos y ausencias que no se llenan jamás. No pude tener hijos, mis padres murieron bastante jóvenes los dos, mis hermanos con los que viví emigraron y la que me queda aquí vive en Cienfuegos.

«La mía, en este sentido, se parece mucho a la realidad de la inmensa mayoría de las familias cubanas. Todas hemos debido aprender a gestionar esas ausencias y a encontrar el sentido de la vida y la felicidad en otras cosas, que en mi caso son mis amistades. Tengo amigas de muchos años a las que ya no veo tanto, pero nos mantenemos comunicadas mediante un grupo que creamos en WhatsApp. Antes nos convocamos para fiestas, ahora nos reímos de nuestras dolencias, del espíritu de constructora que no abandona a una de nosotras, y hasta de las angustias de los apagones.

«Me siento particularmente feliz rodeada de gente joven, lo mismo en el trabajo, donde les enseño todo lo que sé y ellos se empeñan, con poco éxito, valga decir, en convertirme en un ser digital. Tampoco es que sea una monedita de oro. Tengo mis malas pulgas, suelo ser ríspida en ocasiones –las menos–, y también cuando estoy estresada; y detesto a los mentirosos, a los envidiosos y a los que me hacen perder el tiempo».

–Fueron muy hermosos los elogios que se le hicieron debido al premio. ¿Se lo dedicó a alguien en especial?

–El premio provocó lo impensable, mientras más mensajes leía, más me conmovía, más me emocionaba y más compromiso sentía con el gremio y con tantos muchachos jóvenes que me ven como referente. Mi eterno agradecimiento a todos, y en particular, a mis queridos compañeros de Radio Habana Cuba, que los representé en tantas coberturas y comprobé, con sano orgullo, cuánto ha significado esa emisora para los revolucionarios del continente en la terrible etapa de las dictaduras militares.

«He recibido otros reconocimientos que me han llenado de orgullo y regocijo. Este de la radio me colmó el alma, porque el alma se la puse siempre a mi trabajo en la radio, de donde nunca me he ido y de donde nunca me iré mientras haga falta. Y pienso en mis padres y su indisimulado orgullo con los éxitos que lograron verme alcanzar; en mi abuela María Amalia que me dio su casa para que la permutara para La Habana, cuando me gradué, y pienso, sobre todo, en mi esposo, mi compañero desde hace más de 47 años, que ha sido mi retaguardia en el hogar y con la familia, mi principal impulsor, el crítico número uno, pero ¡un fan a prueba de bala!, qué digo bala... ¡de misil! A él le dedico este premio, un premio que no es más que una nueva razón para seguir en la batalla desde la que ha sido mi principal trinchera: la radio».

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