ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
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Llegó la tercera medalla para Reidy Cardona, Leduar Suárez, Loraidis Echavarría y Rayma Ortiz. Foto: Mónica Ramírez

Bonao.– La pista acuática de la Presa Rincón volvió a vestirse con los colores de la bandera cubana en la jornada matutina de este martes. La armada antillana cosechó una medalla de oro y otra de plata en las finales del cuádruple par de remos cortos.

La tripulación conformada por Leduar Suárez, Roberto Paz, Henry Heredia y Reidy Cardona completó una regata impecable, marcando el ritmo desde los primeros compases y anulando cualquier intento de reacción de sus más cercanos perseguidores.

Los cubanos congelaron los cronómetros en 6:20.87 minutos, aventajando de forma categórica a la representación de México (6:23.03), que debió conformarse con el metal plateado. La presea de bronce quedó en manos del bote de Venezuela, que cruzó la sentencia en 6:23.50.

Con este triunfo, Cuba alcanzó su tercera corona en el torneo de remo de Santo Domingo-2026, la misma cantidad de títulos alcanzados en la cita previa de San Salvador-2023, con el aliciente de que aún restan regatas por disputarse en el programa competitivo.

La cosecha matutina inició con un duelo cerrado en la final del cuádruple par femenino. El bote integrado por Loraidis Echavarría, Ana Jiménez, Natalie Morales y Rayma Ortiz sostuvo un cara a cara brutal durante los 2 000 metros del trayecto frente a la embarcación mexicana.

Las cubanas detuvieron los relojes en 7:11.81 minutos, detrás de la tripulación de México, ganadora con un tiempo de 7:10.96. El podio lo completó la embarcación venezolana con un registro de 7:19.04.

Ángel Luis García, presidente de la Federación Cubana de Remo, ponderó desde la orilla la disciplina del equipo: «Las muchachas trabajaron técnicamente muy bien y cumplieron el plan previsto al pie de la letra. Solo fueron 85 centésimas de segundo la diferencia con la embarcación mexicana».

Las cuatro remeras descendieron del bote entre lágrimas, no por la frustración de un trabajo mal hecho, sino por esa inconformidad sagrada que distingue a los deportistas de estirpe.

Con la voz entrecortada, Ortiz resumió el sentir de la tripulación: «Luchamos hasta el último aliento. Atacamos con todo y ya vieron lo reñido que fue el desenlace. Claro que estoy contenta por el resultado, pero una se mentaliza con que lo único que cabe es triunfar, es el oro».

Por su parte, Jiménez prefirió valorar el camino recorrido para llegar a este podio centrocaribeño: «Esta plata es la recompensa a tanto esfuerzo. Ha sido un proceso de preparación con muchas adversidades, pero aquí sacamos la estirpe de la mujer cubana y eso reconforta. Mañana tenemos dos oportunidades más para seguir combatiendo».

En esa misma línea de autoexigencia, Loraidis admitió que «duele mucho esa mínima diferencia al final, pero mañana tenemos revancha», mientras Natalie, que dirigió el desenlace, destacó la resistencia de sus rivales: «Nos mentalizamos con el oro. Las mexicanas remaron fuerte y soportaron nuestro ataque en el último kilómetro, a pesar de que cedieron muchísimo en los metros finales. Mañana contaremos otra historia; la de hoy nos deja felices, aunque no conformes», concluyó.

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