ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Alberto Marrero, ganador del Premio de Novela Alejo Carpentier 2019. Foto: Tomada de Internet

Antes de ser noticia, Alberto Marrero, en nuestras frecuentes conversaciones,  no soltó prenda; tenía una novela en concurso y en secreto cruzaba los dedos. Pero el mérito no es de la suerte, sino de la constancia y el talento, virtudes que se anudan en el ejercicio de una larga vocación. Cómo no alegrarnos de que Marrero, poeta y narrador con una decena de títulos publicados, algunos de ellos laureados, haya sido el ganador del Premio de Novela Alejo Carpentier 2019 por la obra Agua de paraíso. En espera de su publicación, pactamos una entrevista con el escritor.

–¿Eres un poeta que narra o un narrador ganado por la poesía?

–De joven fui un lector voraz de poesía y de novelas. La mayoría de las personas que leen con intensidad y devoción terminan soñando con escribir un libro. No siempre lo logran, pero al menos lo sueñan. Yo casi siempre pienso como poeta, es decir, con imágenes, metáforas y símbolos. Con los años la poesía se convirtió en mi modo de mirar e interpretar el mundo.

«El tiempo y el trabajo me  fueron aclarando que mi aptitud poética respondía a un estado de espiritualidad chispeante  más que a sentimientos religiosos, que no poseo, pues mi formación es profundamente materialista, incluso atea. En fin, para mí la poesía es, según palabras de Octavio Paz, “ejercicio espiritual y un método de liberación interior”.  

«Por eso fue lo primero que intenté hacer con las rudimentarias armas del diletante, hasta alcanzar el llamado “oficio”. La narrativa vino después como continuidad y no como ruptura. Descubrí que contar historias tiene también un encanto irresistible. Si se leen detenidamente mis cuentos, por ejemplo, podrán captar sin mucho esfuerzo el influjo de la poesía. Al mismo tiempo, en muchos de mis poemas, excepto en los dos primeros libros que publiqué, por lo regular se cuenta algo».

–Algunos dicen que la novela es un género de madurez. ¿Compartes ese criterio? ¿Cuándo te decidiste a emprender una narración de largo aliento?

–Habitualmente la madurez se identifica con la edad. Sin embargo, sabemos que no es así. El tiempo del cuerpo no es directamente proporcional al tiempo del espíritu, si bien guardan una estrecha relación. Hay grandes obras escritas en la juventud de un autor y otras en su declive físico. En mi caso yo me enfrenté a la novela cuando creí que estaba más o menos listo para intentarlo, pero créanme, no me fue nada cómodo, porque de pronto me encontré con escollos y vacíos imprevistos que tuve que sortear en el proceso de su escritura. Lo que sí puedo afirmar es que la idea de emprender un largo viaje narrativo me obsesionaba hasta quitarme el sueño, y que la única manera que hallé para salir del insomnio fue comenzar a escribir la novela, aunque tuviera que lanzar palos de ciego, como en realidad sucedió en determinados momentos.

–¿Qué hay de los cuentos de Último viento de marzo, Los ahogados del Tíber y Efecto Babel en tu novela premiada?

–Comencé a escribir cuentos a principios de los 2000, gracias a la ayuda solidaria del narrador Alberto Guerra Naranjo, que me despejó muchas incógnitas técnicas del género. Después de haber publicado tres poemarios, me adentré en el cuento que, como sabemos, tiene grandes cultores en el país y en la literatura universal. En él todo tiene que funcionar como un mecanismo de reloj y cualquier pifia cuesta caro. Como yo no escribo nada sin pasión y disciplina, me sumergí hasta el fondo y ya en el 2003 obtuve el premio Hermanos Loynaz de cuento con Último viento de marzo, al que siguió el premio Wichy Nogueras con Los ahogados del Tíber y en el 2009 el premio de La Gaceta de Cuba con La mansedumbre de los elefantes. Por tanto, el ejercicio del cuento me preparó en cierta medida para la novela, pero ojo, la novela es otra cosa y requiere como decía García Márquez de una carpintería distinta. Ese fue el primer tropiezo que tuve: la estructura. Si no es sólida, bien trabada, todo se viene abajo como castillo de arena.

–¿Qué esperas de los lectores cuando cierren la última página de Agua de paraíso?                    

–La historia que cuenta la novela podrá resultar novedosa para lectores jóvenes. Para los de mi edad o más, será como un baño de nostalgia, que es el «sentimiento más literario que existe», como dijo un célebre escritor. Con ella no busco demostrar ninguna tesis. Tiene varios niveles de lectura y su lenguaje no es rebuscado; sin embargo, quisiera que la leyeran con atención, porque lo importante, lo esencial está debajo, como decía Whitman. Eso espero.

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Alguien dijo:

1

12 de marzo de 2019

13:33:32


Así es,...sin apenas tiempo ni recursos, hasta quedarse agotado y ciego pero con un irresistible deseo de narrar..."lo esencial debajo." Gracias.

Eva jimenez avila dijo:

2

12 de marzo de 2019

13:48:12


Muy interesante lecturas como estas seben pasar por miles de jóvenes