ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Kim Novak y James Stewart en Vértigo. Foto: Fotograma de la Película

Entre la lista de obras artísticas que en su momento fueron incomprendidas y hasta ninguneadas, Vértigo, la película de Hitchcock, clasifica como un caso digno de estudio.

En diciembre pasado se festejaron a bombo y platillo los 60 años del filme y Kim Novak, la actriz protagónica, cumplió en el 2018 sus 85 años de vida retirada en un rancho de Oregón. De allí no salía a buscar ni pepitas de oro en un mundo cinematográfico que, en los 50 y 60 del pasado, siglo se había rendido a sus pies, pero fue invitada a participar en la ceremonia de los Oscar de 2014, suerte de tributo –creyó– como el que le había ofrecido el Festival de Cannes.

Escasos minutos sobre el escenario de la llamada Meca del cine que le costaron las burlas y bromas más cruentas en diversos medios, a causa de una cirugía plástica que le hacía lucir muy lejana a los dos personajes interpretados en Vértigo, a los 25 años de edad.

La televisión y las redes sociales se llenaron de imágenes de la actriz y de comentarios, como los deslizados por Donald Trump, que entonces no era presidente, aunque ya daba señales de lo que en sus manos llegaría a ser el Twitter desbocado: «Kim debería perseguir judicialmente a su cirujano estético», escribió el magnate.

Antes de retornar a su rancho, La Novak se defendió en Facebook: «…no me voy  a callar ante los tiranos. No se puede dejar que la gente te destroce la vida. Hay que levantarse contra ellos».

Conocida por no conceder entrevistas, la actriz accedió hace un mes a una petición de un periodista de la ap. El pretexto era imposible de ignorar. Vértigo, el filme que la lanzara en grande, cumplía 60 años y en el 2012 había desplazado del primer  lugar en la preferencia de críticos e historiadores al mítico El ciudadano Kane, luego de 50 años de estar reinando el filme de Orson Welles en las encuestas realizadas por la prestigiosa revista británica Sight and Sound.

Una ascensión en la que mediaba la indiscutible calidad del filme, insólito para el Hollywood de los años 50, canto de amor necrófilo signado por la obsesión de un hombre (James Stewart) que se propone resucitar a la mujer que lo desquiciara, y desempeño sin par de Kim Novak (bella y sensual, pero nada sobresaliente hasta entonces en el campo de la actuación).

Una película cuyo proyecto no entusiasmó a sus productores, que compitió sin pena ni gloria en el Festival de San Sebastián de 1958, considerada por debajo de Psicosis y otras cintas de Hitchcock, pero que paso a paso se fue abriendo camino hacia el reinado de lo mitos gracias a sus valores, y también a la música de Bernard Herrmann, cinta que hoy –decenas de libros y estudios concebidos en su favor– está considerada como una de las más significativas en la historia del cine.

En la entrevista de la AP, Kim Novak revela que se identificó tanto con el personaje de Vértigo porque era exactamente lo que Hollywood trataba de hacer con ella: convertirla en lo que no era (otra rubia platinada que compitiera con la Monroe y fuera una digna sucesora de Rita Hayworth).

Se sabe, por la famosa entrevista que le hiciera François Truffaut al mago del suspenso, que Hitchcock insistía en que la Novak no había estado bien en el papel, a lo que el francés le respondió tajante que Vértigo era ella. Y no le faltaban razones, principalmente si se tiene en cuenta que la actriz asumió dos personajes totalmente diferentes. Sin embargo, al referirse ahora a Hitchcock, Kim Novak tiene palabras de encomio hacia el director que, según revelara Tippi Hedren (Los pájaros, Marnie) se derretía con las rubias y se sobrepasó sexualmente con ella, al punto de amenazarla con arruinarle la carrera.

¿También con Kim Novak?

Él nunca se comportó de ese modo conmigo, responde ella tajantemente. Y agrega: Otros sí. Y aunque no ofrece nombres, dice que las denuncias de acoso y agresiones sexuales que hoy día florecen en Hollywood siempre fueron así, solo que ahora ellas han perdido el miedo y comienzan a hablar.

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