ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
María del Mar Bonet, en el concierto Ultramar, celebrando el cincuentenario de su presencia en la escena musical; al piano, el maestro José María Vitier. Foto: Juan Miguel Morales

BARCELONA.-De la complicidad al estallido emocional transcurrió el concierto Ultramar, convivio de músicas mediterráneas y cubanas con el que María del Mar Bonet celebró en el Liceu de Barcelona el cincuentenario de su presencia en la escena musical.

Ella es un ícono indiscutible de la cultura de la comunidad que se expresa en lengua catalana, que comprende las Islas Baleares, Valencia y, obviamente Cataluña. Al Liceu de Barcelona fue y nadie faltó, ni los seguidores de siempre ni los  adeptos que sigue sumando. El máximo templo de la ópera en la ciudad condal abrió un paréntesis entre las producciones de El barbero de Sevilla, de Rossini, y Un ballo in maschera, de Verdi, para arropar a la cantante mallorquina.

Quiso María del Mar, Premio de Honor Cubadisco, hermanarse a Cuba en la celebración, transmitida por el canal TV3. Lo concibió sin acudir a tópicos ni fórmulas. Estudió, sintió y halló los territorios donde se entrecruzaban raíces y floraciones poéticas y sonoras; escogió un elenco de primera, confió en el contrabajista y orquestador Jorge Reyes la organización  musical; grabó en la isla antillana el disco que resumió el proyecto (el cual merece nota aparte), y se lanzó al encuentro con sus públicos en la península ibérica, en una producción a cuatro manos entre el barcelonés Yanni Munujos y la habanera Ileana Ríos.

El espectáculo transitó por tres momentos: primero las conexiones entre las tradiciones rurales mallorquinas y cubanas: puntos, guajiras y tonadas, respaldadas por el maestro Pancho Amat en el tres y parte del conjunto Cuerdas del Monte; Eduardo Llibre (percusión), Yariel Gil (laúd) y Omar Pèrez (guitarra).

Luego el diálogo con la obra y el piano de José María Vitier, estremecedor e insospechado, a partir de las versiones en catalán de Amor, poema de Cintio Vitier, y Danza de fin de siglo, con una letra escrita para la ocasión por Albert García.

Todo ello para desembocar en las aguas del jazz latino y la descarga cubana, mediante imaginativas orquestaciones de Jorge Reyes y el soporte eficaz y virtuoso del guitarrista Héctor Quintana, el pianista Alejandro Falcón, el baterista José Carlos Sánchez, el saxofonista Jimmy Jenks y otra vez Llibre y Amat.

A María del Mar le piden siempre por estos lares una canción y ella misma se exige otra. La primera, La balanguera, sello de la identidad cultural mallorquina. La otra, Qué pasa con esta gente (Qué volent aquesta gent, en catalán), faena compartida con Lluis Serrahima en 1968 que se convirtió en un referente cultural del enfrentamiento al régimen franquista. Joan Manuel Serrat la incluyó en su repertorio.

Al interpretarla en el Liceu, la ovación y los coros del auditorio coparon el espacio. Tanta es la vigencia de una canción de denuncia y alerta contra los desenfrenos de los represores.   

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