ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Orquesta Juvenil Miguel Faílde. Foto: Ventura de Jesús García

Desde la cuna Ethiel Fernández Faílde respiró por vía familiar los aires danzoneros: el tío Arístides, clarinetista y director de banda; el bisa­buelo Cándido, profesor de violín; y el padre de este, nada menos que Miguel Faílde, quien estrenó el primer día de 1879 en el Liceo de Matanzas Las alturas de Simpson, que marca simbólicamente el nacimiento del danzón, aunque sepamos que era algo, como han dicho Alejo Carpentier y Leonardo Acosta, en pleno proceso de gestación desde antes.

Lo importante para el caso que nos ocupa es la vocación e inspiración de Ethiel, un joven flautista de 24 años, para defender el danzón en los tiempos actuales, cuando no pocos de sus coetáneos inclinan sus gustos hacia otros géneros de fácil mercadeo o se dejan arrastrar por el culto a la tontería y la banalidad.

Al frente hace cinco años de una orquesta que honra con su nombre al ilustre don Miguel, y con los apoyos del Instituto Cubano de la Música y las autoridades culturales de su provincia, ha dado vida a un festival que por estos días anima a Matanzas.

El Segundo Encuentro Internacional Danzonero Miguel Faílde in Memoriam tuvo un comienzo auspicioso en el Parque de la Libertad, por el poder de convocatoria que aglutinó a un público de todas las edades, la interpretación de piezas emblemáticas del género, el aval de personalidades de la cultura musical cubana (Omara Portuondo, Digna Guerra, Beatriz Márquez, el maestro Joaquín Betancourt y el venerable musicógrafo Lino Betancourt), el compromiso de la Orquesta Sinfónica de Matanzas, la confirmación de los vasos comunicantes danzoneros que unen a México con nuestro país (la veracruzana Danzonera La Playa, del persistente Gonzalo Varela), y la transmisión en vivo del concierto por Cubavisión, bajo la dirección de Víctor Torres.

Sobre el danzón hay mucha tela por donde cortar: si fue o no baile nacional, si vale la pena ceñirse o no a la reproducción del repertorio históricamente establecido, si los nuevos danzones deben respetar o no las estructuras formales precedentes.

No podemos pretender que la orquesta Miguel Faílde haga arqueología musical. Es un organismo vivo y como tal se proyecta hacia lo que sus integrantes, tan jóvenes o más que su líder, entienden por recontextualizar las esencias danzoneras. Se trata de un camino en el que queda mucho por descubrir y desbrozar.

Eso sí, deben saber esos jóvenes y quienes disfrutan de sus entregas, que el danzón, a lo largo de su historia, ha registrado mutaciones y variantes, tanto por lo que respecta a los formatos instrumentales como a los tratamientos orquestales e incluso estructurales. Existe un rico fondo patrimonial, en partituras y discos, que puede y debe ser revisitado; autores que merecen estar a la orden del día no como piezas de museo, sino por su riqueza irreductible.

Tampoco desconozcamos cómo el danzón cuenta con nuevos compositores —ahí están las excelencias de Alejandro Falcón, que sufrió las perturbaciones del sonido en el concierto matancero— y se asoma a la escena jazzística contemporánea, con las contribuciones de Chucho Valdés (Valle de Picadura, Cien años de juventud), Orlando Valle, Maraca (Danzón de La Habana), Ramón Valle (Danzón siglo XXI), José María Vitier (Danzón imaginario, Danzón de despedida), Sergio Vitier (Danzón), y Gonzalo Rubalcaba (Mi gran pasión), por citar unos pocos nombres. Ni lo que el Oye como va, de Carlos Santana, le debe al Chanchullo, de Israel López, Cachao.

Lo natural y deseable sería que el danzón, en todos sus estadios, compartiera las programaciones artísticas y la difusión radial y televisiva con otras músicas, en igualdad de condiciones, y no relegarlo a aniversarios, festivales o programas crepusculares de domingo.

Mención aparte para el Atenas Brass Ensemble, quinteto de vientos metales de Matanzas que actualizaron el Mambo del Politécnico, de Dámaso Pérez Prado. Fue pertinente su inserción en la jornada inaugural. El mambo viene tanto del danzón como del son y la rumba. Pérez Prado nació en Matanzas hará pronto 100 años. Y el conjunto es de lo mejor que puede escucharse hoy en esa ciudad.

Ya fuera de la transmisión televisiva, cuando el danzón, inesperadamente, cedió espacio a la diversión sonera, Omara Portuondo, que había sido anunciada pero por prescripción médica no subió a escena, hizo caso omiso a esta e improvisó con la Faílde. Un regalo que el público agradeció.

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JOSE dijo:

1

6 de abril de 2017

09:34:18


EXCELENTE TRABAJO. EL SÉPTIMO PÁRRAFO TIENE EL MISMO EFECTO DE LA SÉPTIMA OLA: ARRASTRA A LA REFLEXIÓN DE QUIENES ESTÁN Y ESTÉN ENCARGADOS DE LA PROMOCIÓN DE MUSICALES EN LOS MEDIOS DE DIFUSIÓN, PUES NO EXISTE OTRA FORMA DE HACER MASIVO EL CONOCIMIENTO DE ESTE GÉNERO, O COMPLEJO GENÉRICO, PARA NO EXCLUIR A LA CONTRADANZA, LA DANZA, EL DANZONETE, EL MAMBO Y AL CHACHACHÁ. NO SE DEBIERA DEJAR "ENFRIAR" EL CALOR QUE ESTE ENCUENTRO ACABA DE DEJAR. LA SOBREVIVENCIA DE ESTE GÉNERO YA NO ES PRIVATIVA DE LOS ARTISTAS.