ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Mario Romeu. Foto: Yaimí Ravelo

Mario Romeu vivió la música. Ese era su estado de gracia natural: toda la música, y de modo muy especial, la que expresaba las esencias de su Patria, como lo hizo junto a su sobrino Gonzalo en la memorable banda sonora del filme La bella del Alhambra, de Enrique Pineda Barnet.

Al filo de la medianoche del domingo, a los 92 años de edad, Mario falleció en La Habana. Había nacido en Regla el 27 de abril de 1924 en el seno de una familia entregada a la música por varias generaciones. Su tío Antonio María dejó una huella imperecedera en el desarrollo del danzón; su padre, Armando, compuso también danzones antológicos. Entre sus hermanos, Armando es considerado el precursor del jazz en Cuba; Zenaida sobresalió por su labor pedagógica, como ha testimoniado uno de sus alumnos, Chucho Valdés; Rubén, que se desempeñó como violinista; y Héctor como contrabajista. Ahí están sus hijos, Mayito, guitarrista y compositor; y Belinda, autora de un tema que se hizo popular en los 70, Melodía de un amor.

Precisamente los primeros estudios fueron conducidos por su padre y hermana, perfeccionados después con el afamado Jasha Fisherman.

Al repasar su trayectoria, Jesús Gómez Cairo, director del Museo Nacional de la Música, evocó una intensa carrera «que le valió el respeto y admiración de todos los músicos cubanos; gozó de la estima y reconocimiento de Ernesto Lecuona, con quien compartió la escena, así como realizó numerosas presentaciones con destacados artistas del país y extranjeros».

Pudo haber ocupado un lugar cimero a escala universal en el pianismo. Fue uno de los más avanzados pianistas cubanos hacia la medianía del siglo pasado. Públicos de Estados Unidos, Venezuela y, por supuesto, Cuba quedaron cautivados por la manera de asumir el instrumento.

Pero un sentido exagerado de la autocrítica y su proverbial timidez impidieron un vuelo mayor. Con todo había que escucharlo en obras de Liszt, Chopin, Debussy y Ravel, donde reveló siempre maestría y sensibilidad.

La historia de la Televisión Cubana no puede escribirse sin contar con las notables contribuciones de Mario. Desde finales de 1950, en la fase fundacional del medio en Cuba, ejerció como pianista concertista y acompañante, director orquestal y responsable de la programación musical en el Canal 4. Luego pasó al Canal 2 Telemundo.

En la etapa revolucionaria creó la Orquesta de la Radio y la Televisión, donde alternó la dirección con el maestro Adolfo Guzmán. Recibió numerosos reconocimientos, entre los que destacan la distinción por la Cultura Nacional, el Premio Nacional de Televisión, (2005), y la condición de Miembro de Mérito de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

Silvio Rodríguez relató una anécdota que refleja la estatura ética de Mario: «Para mí fue una gran suerte que el extraordinario pianista y director orquestal Mario Romeu se fijara en mis canciones y me pusiera por primera vez ante las cámaras de la televisión».

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Jorge tavel dijo:

1

11 de enero de 2017

14:34:41


Sentida perdida a la cultura cubana, fructifera vida,que en paz descanse el Maestro, una nota de silencio en su memoria.