
En la medida que este siglo ha ido avanzando, una cubana destaca en la ejecución de la viola, ese instrumento de la familia de las cuerdas, un poco mayor que el violín y con un sonido más grave.
Su nombre es Anolan González y para ella escribió el maestro Juan Piñera tres obras que tuvieron su estreno el último fin de semana en el Oratorio San Felipe Neri, de La Habana Vieja, mientras una cuarta, una versión singular del Ave María, para viola, piano y voz, espera por la disponibilidad de la soprano Alioska Jiménez, quien no pudo comparecer por complicaciones de su agenda con el Teatro Lírico Nacional.
Para el instrumento solo, el compositor escribió Improviso sobre cifras, como para explorar sus posibilidades discursivas, mientras que en un ejercicio de cámara sorprendentemente postmoderno, en el que participaron además el violinista Alejandro Zaldívar y la pianista Vilma Garriga, llegó al auditorio la obra Bolero de Ravel según Piñera, donde la famosa partitura del francés es intervenida mediante una reapropiación inteligente, rebosante de humor y con altas exigencias interpretativas.
En otro orden, pero también con una proyección estética definitivamente piñeriana, el Trío para viola, clarinete y piano (Anolan junto a Héctor Herrera y Marita Rodríguez, en admirable integración de talentos y estilo), se reveló como una pieza de vivos contrastes e intensas relaciones instrumentales.
El programa se completó con la ejecución de Pequeña suite, para viola y piano (Vilma Garriga), de Heitor Villa-Lobos y otras tres breves y hermosas obras del gran compositor brasileño: O trenzinho de Caipira, Improviso no. 7 y Canto do Cisne Negro.
Actualmente Anolan se desempeña como primera viola de la Orquesta Sinfónica del ISA adscrita al Lyceum Mozartiano de La Habana y forma parte del conjunto Ars Longa, que dirige la maestra Teresa Paz.











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